La presencia de Tom Brady como el “pirata mayor” del barco bucanero de Tampa Bay fue esencial para que llegara el segundo campeonato en la historia de la franquicia; sin embargo, el éxito no se debe 100 por ciento al quarterback, sino al conjunto que se creó en torno al legendario cinco veces Más Valioso del Super Bowl.

Además de Brady, la directiva de los “Bucs” rescató a varios jugadores que estaban en el olvido o en posiciones secundarias en otros clubes, tales como Rob Gronkowski, Antonio Brown, Leonard Fournette o, incluso, el pateador Ryan Succop.

El cambio de rostro de los Tampa Bay Buccaneers de la temporada 2019 a 200 fue absoluto. El puesto más importante de la ofensiva, el quarterback, fue ocupado por el que es considerado por una gran parte de la afición como el más grande de todos los tiempos: Tom Brady.

La campaña anterior, Tampa confió en Jameis Winston, quien fue el líder de la liga en pases de anotación, pero a la vez encabezó el departamento de intercepciones, por lo que Bruce Arians quería un brazo confiable, puesto que ya contaba con un staff de receptores con talento, que necesitaban de un pasador que no cometiera tantos errores.

Tom Brady llegó al “barco pirata” después de no haber alcanzado un acuerdo con los New England Patriots para seguir incrementando el legado de jugador y equipo, por lo que buscó nuevas opciones, y aunque varios clubes pugnaron por contratarlo, al final Tampa Bay lo convenció.

La duda con Brady desde su llegada a la Florida fue si podría mantener su nivel a los 43 años, con otro uniforme distinto al de los “Pats”, y sin Bill Belichick; sin embargo, el quarterback dejó en claro que su talento va más allá del uniforme que porte.


Para que Brady se sintiera cómodo necesitaba que la directiva le edificara un equipo de acuerdo a sus necesidades, por ello, lograron convencer a Rob Gronkowski de que saliera del retiro, dejara los micrófonos y las apariciones en la lucha libre, para regresar a jugar

Con la incertidumbre sobre si ese año sabático lo había afectado, “Gronk” arribó con disciplina para ponerse a tono y aprovechar su entendimiento a ojos cerrados con Brady, sin importar que su rol no fuera tan protagonista. La paciencia rindió frutos para el ala cerrada, pues en el Super Bowl contribuyó con dos atrapadas en la zona de anotación.

Otra incorporación muy criticada fue la del receptor Antonio Brown. Aunque Tampa Bay ya tenía un conjunto de mucho talento en esa posición, nadie puede negarse a tener a “AB” en su roster, con todos los riesgos que eso representa.

Brown tuvo su mejores momentos con los Pittsburgh Steelers, pero salió en no muy buenos términos de allá, en 2018. Desde entonces, el receptor solo jugó ocho veces en dos temporadas, en las que vistió los uniformes de Oakland Raiders, New England Patriots y Tampa Bay.

Con Raiders se peleó con directivos y no debutó siquiera en la temporada, con los “Pats” jugó un partido y atrapó un touchdown de Brady y fue cortado por una acusación sexual en su contra, pero Tom siguió confiando en él y lo pidió para que llegara a los Buccaneers.

La otra área de la ofensiva, el ataque terrestre, tampoco era frágil para Tampa, pero encontraron disponible a Leonard Fournette, quien se enfilaba para ser el jugador franquicia de los Jacksonville Jaguars, pero el otro equipo de la Florida no quiso negociar con él y con algunas rencillas entre directiva y jugador, optaron por dejarlo ir.

Con Ronald Jones como corredor principal, Fournette llegó para apoyar en los acarreos, una de las armas que suele explotar Brady cuando sus receptores están bien cubiertos.

Sin tantos reflectores, Ryan Succop, el pateador, también arribó al barco rojo para sumar puntos positivos, pues en 2019 el conjunto sufrió con múltiples fallas de Matt Gay, tanto en goles de campo como en los tantos extra.

Succop solo falló tres goles de campo y cinco puntos extra durante 2020. Al igual que él, el tacle ofensivo, Joe Haeg, dejó a los Indianapolis Colts para su – marse a Tampa Bay y contribuir en algunas jugadas para escudar a Tom Brady

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