El PAN vive hoy una guerra intestina. Es intensa. Nunca había tenido lugar un fenómeno similar. Y se da entre sus principales facciones: calderonistas, maderistas, los ultras, los liberales y el militante de base, tan olvidado.
Pero muchos le extienden la factura por todos los platos rotos a un líder en especial. La historia podría llamarse “Todos contra Felipe Calderón”.
Es innegable que existe un gran resentimiento contra el presidente. Pocos lo expresan frontalmente, salvo algunos valientes que defienden su total libertad de expresión.
Pero son demasiados los que repudian en voz baja la actuación de quien manda en Los Pinos.
La reprobación proviene tanto de influyentes corrientes internas, como del militante de a pie.
El origen de las críticas al primer mandatario es doble. Por un lado, hay encono porque metió reiteradamente la mano, y hasta el fondo, en el PAN. Aseguran que abusó de su poder para manipular al partido.
Con una mano impuso a los consejeros y a los candidatos de su preferencia. Y con la otra obligó a declinar a aspirantes a toda clase de cargos de elección popular. Además, persiguió a quienes osaron criticarlo. Vivieron en carne propia ésta no tan santa inquisición Manuel Espino y Manuel J. Clouthier.
Y por otro lado, se alega que dejó morir sola a Josefina Vázquez Mota. La abandonó pudiendo ayudarla, dicen algunos panistas que trabajaron en la casa de campaña. Y todo porque no logró imponer a Ernesto Cordero Arroyo, su candidato favorito. Finalmente, el ex secretario de Hacienda no pudo ser el orgullo del continuismo de Felipe Calderón.
'Calderón nos dañó'
Los miembros de los grupos no calderonistas coinciden en que el presidente le hizo daño al partido porque aprovechó su poder para intervenir en los procesos internos del instituto político.
Y ahora ven con malos ojos que en la encerrona de Jurica, haya reclamado al PAN por situaciones que él mismo propició y de las que es responsable.
Calderón no tiene calidad moral para criticar a los panistas, dijo Javier Corral.
Rubén Camarillo adelantó que no aceptaría consideraciones de nadie que no fuera el presidente Gustavo Madero en el debate sobre las coordinaciones parlamentarias.
El aguerrido Juan José Rodríguez Prats admitió que el presidente Calderón ha dañado gravemente al PAN. Y Adriana González Carrillo rechaza la noción calderonista de refundar el partido.
Los militantes libres, los que no pertenecen a ningún grupo dentro del blanquiazul, harán una manifestación afuera de la sede nacional del partido este sábado, en la antesala de la sesión del Consejo. Exigirán ser tomados en cuenta por las cúpulas, a las que califican como autistas, ensimismadas y enamoradas del poder.
Un incipiente movimiento nacional encabezado por Rafael Guarneros alzará la voz para proponer reformas urgentes. Panistas de varias entidades llegarán a presionar a los alejados dioses del Olimpo.
Pero los calderonistas tienen su propia visión de lo que sucede en su partido. Defienden al presidente Calderón y su derecho grupal a participar, a asociarse como cualquier otra expresión al interior del PAN, porque es parte de la normalidad democrática.
Luisa María “Cocoa” Calderón, hermana del primer mandatario, Ernesto Cordero, Javier Lozano y Gabriela Cuevas coinciden en que han sido alcanzados grandes logros durante este sexenio bajo la capitanía del presidente. Afirman que su liderazgo histórico no tiene por qué desparecer en un día.
Calderonismo fracturado
El calderonismo no solo enfrenta adversidades provenientes de otras corrientes, como los maderistas, los ultras, los liberales o los josefinos. Sino que además debe resolver sus propias bifurcaciones, acaso irreconciliables.
De los 381 consejeros que aparecen en la página oficial del PAN (cifra aproximada, ya que siguen ahí los nombres del fallecido José Francisco Blake Mora y del expulsado Manuel Espino), y que fueron aprobados en la Asamblea Nacional de 2009, cerca de 200 apoyaban al calderonismo.
De esos 200, algunos eran ultras o miembros honorables de antigua cuña.
Tiempo más tarde, el calderonismo se partió en dos: en una esquina quedaron los consejeros cercanos a Paty Flores, Rafael Giménez y Jorge Manzanera –tal vez unos 112–, y en la otra, los cercanos a Ernesto Cordero.
Así las cosas, en la elección interna, unos 50 consejeros siguieron con Cordero; los 112 dieron su respaldo a Roberto Gil y Josefina Vázquez Mota. Y ahora que la ex candidata ha desaparecido del radar político, el calderonismo sigue dividido.
Para algunos, incluso ya no existe el calderonismo. Argumentan que hay diferencias irreconciliables entre calderonistas-corderistas y calderonistas-josefinistas. ¿El motivo? Una mujer. Paty Flores, quien fue expulsada del paraíso de Los Pinos ante las presuntas agresiones de algunos amigos de Felipe Calderón.
En el evento de Jurica, Querétaro, que se desarrolló del 5 al 7 de agosto, los maderistas hicieron un bloque con los ultras y con unos 26 líderes estatales del PAN liderados por un hábil Juan Manuel Oliva. Con ello, el calderonismo –unido o dividido– tuvo que retroceder en sus afanes de hacer una asamblea extraordinaria antes de que el sexenio fenezca.
También tuvo que desistir de su pretensión de controlar las dos cámaras a través de sus aliados. Los panistas afines a Calderón solo encabezarán la bancada del Senado. El elegido es Ernesto Cordero, quien previsiblemente estará bajo lupa y fuego amigo una vez que el presidente ya no pueda cubrir sus espaldas.
Y todavía está por verse si luego de un tiempo no intentan bajarlo los demás bloques para adueñarse de esa importante cartera.








