Con el cierre de auditorios, museos, teatros, bibliotecas y demás recintos, el sector de la cultura ha demostrado su fragilidad y la necesidad que tiene de apoyos e incentivos extras para continuar en resistencia.

De acuerdo con los datos más actualizados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), durante 2018, las actividades vinculadas con este sector originaron empleos equivalentes a un millón 395 mil 669 puestos de trabajo.

Además, dentro del mismo periodo, aportó el 3.2 por ciento del total del Producto Interno Bruto (PIB) del país al generar cerca de 702 mil 132 millones de pesos; de ahí su importancia para la economía general de México.

Sin embargo, la cancelación de múltiples actividades provocó que muchos trabajadores culturales y artistas perdieran sus fuentes de ingreso, quienes de por sí, en su mayoría, percibían sueldos relativamente bajos e inestables.

El panorama se oscurece más al saber que —en lugar de que el Gobierno federal ofrezca opciones para generar políticas públicas en beneficio de la cultura— con el decreto de austeridad publicado por el presidente Andrés Manuel López Obrador el 23 de abril de 2020, el presupuesto operativo de las instituciones culturales federales se redujo en un 75 por ciento.

Por ello, la magnitud de la crisis que se está viviendo en el mundo de la cultura, además de impactar indirectamente a toda la población, amenaza con profundizar las desigualdades y de volver más vulnerable a esta comunidad.

“Sí ha habido apoyos, por ejemplo, la alcaldía Cuauhtémoc (Ciudad de México) hizo un esfuerzo grandísimo, la Secretaría de Cultura federal lanzó varias convocatorias para artistas, lo que sucede es que los esfuerzos no tienen nada que ver con el tamaño del problema”, asegura Samuel Sosa, presidente del Colegio de Productores de Teatro de la Ciudad de México.

Otro de los problemas es que el presupuesto público destinado a este sector es insuficiente y ha sufrido recortes de manera continua desde hace algunos años, dice.

El productor critica también la repartición desproporcional que se hace del presupuesto, ya que el 95 por ciento se destina al gasto corriente; es decir, al pago de nómina o al mantenimiento, mientras que el resto se utiliza para la creación de obras artísticas.

Por lo que hace un llamado para que las autoridades entiendan que es necesario cuidar a los generadores de contenidos, porque son los que hacen mover al sector.

Y si bien, compañías, recintos y artistas han tomado la iniciativa de mudar algunas de sus actividades al mundo digital para sobrevivir, a casi un año de estar en confinamiento, muchas están por perecer.


No hay ningún ejercicio de streaming que en 12 meses haya dado resultados ideales, porque es un elemento nuevo, hay una cura de aprendizaje: desde cómo se hace hasta cómo se consume. En ese sentido, está empezando a dar resultados, estamos transitando hacia una posible economía emergente; sin embargo, está lejos de resolver el juego

Samuel Sosa

Presidente del Colegio de Productores de Teatro de la Ciudad de México

El presidente asegura que toda la cadena de producción de las artes ha tenido que encontrar fuentes de ingreso alternativas, desde hacer carpintería hasta vender comida. O emplear estrategias de solidaridad para unirse, generar proyectos y minimizar los riesgos de pérdidas.

‘Si no abrimos los museos vamos a morir’

A diferencia de los museos federales, los recintos privados no tienen ningún soporte económico que provenga del Estado. La mayoría existen gracias a los donativos o las entradas, y más del 80 por ciento de ellos depende de la taquilla y de lo que obtienen de la renta de sus espacios.

Es el caso del Museo Interactivo de Economía (MIDE), el cual, a un año de que inició la emergencia sanitaria, se vio en la obligación de cerrar sus puertas nuevamente. El año pasado abrieron durante seis semanas, tiempo insuficiente para poder recuperarse.

Silvia Singer, directora del recinto, comparte que se han visto seriamente afectados, pese a que en 2020 obtuvieron un contrato de asesorías y diseños que se sumó a la aplicación de una buena administración preventiva.

“Como directora me siento afortunada de no despedir personal, hasta ahora, y que no hemos bajado sueldos. Pero esa situación no es la normal y pronto caeremos en la normal, que se acaben los contratos y no sabremos qué hacer, se mantiene un compromiso social, me preocupa mi público, pero también mis empleados”, destaca.

Para estos espacios, cumplir con las medidas sanitarias no es suficiente para recuperar el público perdido, pues deben crear una oferta museística atractiva que esté a la altura de la situación, pero que además permita gozar de lo expuesto en sus salas.

“Aunque suene trillada la frase, pero ‘reconstruimos el tejido social’, y defiendo la idea de que los diálogos suceden en los museos, el disfrute estético, el aprendizaje que ofrecemos los museos, ahí está la reconstrucción social. El encierro ha causado muchos problemas de salud y emocionales y los museos pueden ayudarnos”, reflexiona.

En la actualidad, tras un año de confinamiento es necesario voltear a ver el papel tan importante que juega la cultura para contribuir en restablecer la salud mental de la población.

Silvia Singer comparte que los museos deben abrirse al diálogo con el público y viceversa; los recintos museísticos deben ser un foro social donde las ideas encuentren cabida, no sólo para escuchar conferencias, sino ofrecer toda una vivencia en las salas y nuevas propuestas.

Parte del trabajo sobre repensar la forma de abrir de nueva cuenta las puertas de los museos implica explotar más la parte digital, de tal manera que al mismo tiempo que se presenta una exposición muy atractiva, los visitantes se sientan confiados y seguros de recorrer sus instalaciones.

“Hemos modificado la museografía, procuramos la sana distancia entre personas; los diseños que estamos implementando, de ahora en adelante servirán tanto en las exhibiciones temporales, como muestras permanentes. Tenemos que encontrar otras formas de exponer, temáticas que nos ayuden a esa conversación, una curaduría que anime a que las personas a que se acerquen con mayor simpatía y seamos capaces de crear nuevos públicos”, aclara.

A pesar de sentir que los museos no han sido lo suficientemente valorados, en el MIDE están dispuestos a ofrecer a su público la mejor experiencia posible, para que éste se sienta con la seguridad de asistir a partir de este sábado 6 de marzo, que es su reapertura.

“Si no abrimos el museo nos vamos a morir, podemos ofrecer una visita segura, tenemos excelentes medidas sanitarias. Nos urge reactivarnos, dependemos de la visita porque nos hace estar vivos”, concluye.

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