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ATENCO

‘Resistir es no dejar de mirar’

Adriana Amezcua

En mayo pasado se cumplieron seis años de la represión en San Salvador Atenco y Texcoco que provóco la detención arbitraria y la tortura sexual contra 27 mujeres, entre varias de las violaciones a los derechos humanos que ahí se cometieron.

Doce de las 27 mujeres sobrevivientes a esa tortura mantienen una denuncia pública contra el Estado mexicano. Y no solo eso. 


Oct 3, 2012
Lectura 5 min
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"Ha sido tratar de reconstruirnos a partir de lo poco que nos quedaba, que era nuestra dignidad, aunque quisieron arrancárnosla”

- Claudia Hernández

"Me siento orgullosa de mi proceso, de no dejarme abajo”

- Norma Jiménez

"Aprendí que esta boca es mía y no se calla. Romper el silencio es nuestra forma de sanación”

- Cristina Valls

"Nunca perdí la fuerza para continuar. No lograron romperme. No me robaron la sonrisa"

- Italia Méndez

"(La exposición) es una denuncia que mientras el caso no esté resuelto, sigue impune”

- Liliana Zaragoza

Fotoperiodista

Para Liliana Zaragoza Cano, responsable del proyecto, hablar de tortura sexual es hablar de la tortura del propio proceso de justicia

En mayo pasado se cumplieron seis años de la represión en San Salvador Atenco y Texcoco que provóco la detención arbitraria y la tortura sexual contra 27 mujeres, entre varias de las violaciones a los derechos humanos que ahí se cometieron.

Doce de las 27 mujeres sobrevivientes a esa tortura mantienen una denuncia pública contra el Estado mexicano. Y no solo eso. 

Diez de ellas forman parte del proyecto fotográfico “Mirada sostenida” que plantea seguir visibilizando, allende las fronteras, lo que aconteció esos días negros en esos poblados mexicanos.

“La forma de resistir es no dejar de mirar”, dice Liliana Zaragoza Cano. Es la autora responsable del proyecto que el próximo 12 de octubre se exhibirá en la Quinta Bienal Argentina de Fotografía Documental, en la provincial de Tucumán.

La comunicadora y fotógrafa oriunda de Guadalajara, Jalisco, se vinculó a esta causa cuando laboraba en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, de donde surgió la denuncia jurídica del caso denominado: las mujeres de Atenco. 

El cotidiano y la cercanía con las mujeres torturadas la llevó a plantearse cómo construir la memoria de tales sucesos yendo más allá de la denuncia social.

De este modo surgió el reto de tratar de acercar más gente al caso “sin revelarlo de forma tan cruda ni con tantos datos”. Sin sesgar la información había que dar la palabra a eso que lleva más de seis años pronunciándose.

“Es una denuncia que mientras el caso no esté resuelto, sigue impune”, precisa Zaragoza. Y agrega, en entrevista con Reporte Indigo, que hablar de la tortura sexual significa también hablar de la tortura del propio proceso de justicia. 

Así lo refieren las mujeres cuyos cuerpos se volvieron botínes de guerra en ese capítulo obscuro que tuvo lugar bajo la administración de Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, y actual Presidente electo del país.

“Traía muchas inquietudes sobre el tema, sobre las cicatrices que no se veían físicamente pero estaban muy presentes”, comenta. 

También la movieron a hacer algo la fuerza y convicción de esas mujeres que decidieron no bajar la cabeza ni asumirse como víctimas. De ese modo se hizo cómplice de un proyecto que sigue en construcción colectiva.

Italia Méndez, Suhelen Cuevas, Cristina Valls, Norma Jiménez, Claudia Hernández, Yolanda Muñoz, Pati Torres, Mariana Selvas, Edith Rosales y Ana María Velasco son mujeres muy distintas. Sus edades oscilan entre los 24 y los 65 años. Sus nacionalidades, regiones, ocupaciones, voces y sueños –se refiere en la página web miradasostenida.net– son disímbolos.

Algunas eran activistas, otras no se conocen entre sí. Curiosamente ninguna es de Atenco y solo algunas son de Texcoco. Algunas de ellas formaron parte de la manifestación pacífica tras la que sobrevino la violenta represión en mayo de 2006. 

Lo que sí tienen en común es que buscan se haga justicia por medio de un proceso jurídico y también mediante la exigencia de la no repetición. Promueven la reconstrucción de una justicia alternativa que siga rompiendo el silencio.

Las fotos capturadas por Liliana Zaragoza tienen locaciones muy diversas. Van de lugares donde las mujeres de Atenco estuvieron presas, donde trabajaban o fueron resguardadas antes de ser torturadas. Ellas decidieron la forma como les gustó mirar su mirada tras esos sucesos que les cambiaron la vida.

“Yo nunca les preguntaba cómo fue la tortura, qué se cometió contra ti sino, a partir de ese momento quién has decidido seguir siendo, qué significa para ti libertad, cuál es la resistencia por la cual no bajas la mirada”. 

En opinión de la fotoperiodista la memoria es algo intervenible: “la historia puede tener muchas versiones pero la memoria es la forma en la que hacemos la reconstrucción de lo sucedido. No es una cosa estática, algo que ya fue y que no se va a volver a mover”.


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