172

heridos dejó el terremoto


La falta de estudios de los efectos del fracking en el país hace imposible predecir si existirían afectaciones mayores

Láminas de concreto levantadas del suelo, edificios quebrados a la mitad, mil millones de dólares en daños, 172 heridos, 7 mil usuarios sin luz y una declaratoria de emergencia regional fueron el resultado del sismo de 6 grados Richter que azotó el valle de Napa, en California, la madrugada del pasado 24 de agosto. 

Al desastre siguieron las explicaciones y a las explaicaciones, la controversia. 

Los científicos que han estudiado durante décadas la falla de San Andrés, que atraviesa California y Baja California, atribuyeron el sismo a la actividad tectónica de la región.

Incluso el terremoto de Napa fue para los geofísicos bastante pequeño en si se compara con otros grandes terremotos en California, y tampoco indica que algún gran movimiento vaya a ocurrir en un futuro cercano.

“Estamos esperando que ocurra un sismo de alrededor de 6.5 de magnitud en el área de Hayward de la falla. Esto lo estimamos por la recurrencia de los grandes terremotos en el tiempo”, explica el geofísico Ole Kaven de USGS de Menlo Park a Univisión. 

Incluso Kaven dice que más bien era curioso que un movimiento como este no hubiese ocurrido antes, pues se repiten cada 20 años aproximadamente y el último fue en 1989.

Pero los ambientalistas piensan distinto. 

Cinco meses antes de que se registrara el sismo más fuerte en California durante el último cuarto de siglo, tres organizaciones ambientalistas pusieron en la agenda la necesidad de establecer una relación entre el aumento de los sismos y la inyección de aguas residuales de pozos de fracking al interior de la tierra mediante la publicación del reporte “Shaky Ground. Fracturamiento, acidificación e incremento del riesgo de terremotos en California”.

Para ellos, la falta de este monitoreo -que apenas comenzará a realizarse en julio del próximo año para sismos mayores a dos grados Richter- impide establecer con seguridad que no hay ningún nexo entre el terremoto de Napa y los pozos de lutitas (shale) abiertos a 20 millas de la zona del desastre.

“No tenemos un buen registro que indique si está ocurriendo actividad de fracking en el área de Napa. Sabemos que hay una gran área de desarrollo de petróleo y gas activo de 10 a 20 millas (32 kilómetros) al este del epicentro del terremoto”, explica desde Los Ángeles la doctora Shaye Wolf, directora de Ciencias Climáticas del Centro para la Diversidad Biológica con sede en Tucson, Arizona.

Su compañero y coautor del reporte Shaky Ground, Jhon Arbelaez, añade que aún es imposible determinar si cualquier terremoto en California fue causado por los pozos de fracking e inyección subterránea, debido a que no existe una colección de datos de estos proyectos.

“Todavía no se conoce la distancia a la que un pozo de fracking o inyección puede desencadenar un terremoto. Puede ser un kilómetro o 20. Es imposible determinar este tipo de información sin más estudios”. 

La actividad sísmica se ha incrementado dramáticamente en muchos estados donde fracking y la producción de aguas residuales han proliferado, entre ellos algunos de los mayores terremotos jamás registrados en esas zonas. 

A pesar de que la precisión de los estudios aún no da certeza de la distancia, la doctora Wolf considera que la influencia de los pozos de fracking y de inyección de aguas residuales, conocidos como pozos letrina, han aumentado los terremotos en California.

¿Natural o artificial?

Los estudios realizados en Ohio y Oklahoma han documentado que los pozos de inyección de fractura hidráulica y de aguas residuales pueden inducir terremotos. 

“En California, la mayoría de los pozos de inyección de aguas residuales de petróleo y gas están ubicados cerca de fallas activas, lo que pone a millones de californianos en riesgo de terremotos inducidos”, explica Shaye Wolf, bióloga por la Universidad de Yale. 

Hasta ahora, los organismos reguladores estatales no han monitoreado adecuadamente a la industria petrolera, agrega.

“No han examinado si los terremotos ocurridos en California han sido provocados por fracking o por el agua residual en otros pozos”. 

Esto ha traído como consecuencia el desconocimiento de cuántos de los mil 500 pozos de inyección de aguas residuales en ese Estado pueden ya haber inducido terremotos. 

Arbelaez, representante en California de la organización Earthworks, con sede en Washington, reitera que sin datos de monitoreo “es imposible diferenciar si la actividad sísmica es natural o artificial”. 

‘Terremotos inducidos’

En Estados Unidos, la actividad sísmica se ha incrementado dramáticamente en Oklahoma, Texas, Colorado, Nuevo México, Arkansas y Ohio, donde han proliferado el fracking y la instalación de pozos de desecho de aguas residuales. 

“El peligro más grave de terremotos parece provenir de pozos de inyección de aguas residuales para la industria petrolera. Se ha demostrado que desencadenan sismos de magnitudes 4 y 5 grados”, dice Shayle Wolf, también doctora en Ecología y Biología Evolutiva por la Universidad de California.

El mayor de estos sismos ocurrió en 2011 en Praga, Oklahoma. Tuvo una magnitud de 5.7 grados Richter y fue percibido en 17 estados. 

La doctora Wolf asegura que las fallas tectónicas importantes que existen en México “plantearían riesgos de terremotos inducidos” si se realiza inyección de aguas residuales de fracking en zonas cercanas a los pozos.

Jhon Arbelaez, coautor del reporte Shaky Ground, asegura que la falta de estudios completos de los efectos del fracking y la inyección subterránea al medio ambiente en el país hace imposible predecir si existirían afectaciones mayores. 

“Estudios científicos han conectado al fracking y a la inyección subterránea directamente a terremotos en áreas no conocidas por actividad sísmica. 

“Es necesario entender cómo estas actividades afectarán a una área que ya es activa sísmicamente”, destaca. 

El agua, también en riesgo

Además del riesgo de terremotos, el reporte de Shaky Ground documentó que se están acumulando pruebas en todo Estados Unidos de que los químicos usados para fracturar los pozos, además del metano liberado por el fracking, están haciendo su camino en los acuíferos y el agua potable. 

“El fracking  (…) También aumenta los niveles de ozono a nivel del suelo, aumenta el riesgo de asma y otras enfermedades respiratorias en las personas”, explica Arbelaez. Las afectaciones que podrían llegar a México incluyen también a la fauna.

Estos químicos contaminan los arroyos se han registrado muertes masivas de peces y de aves, cuando beben de los estanques de aguas residuales. 

“El intenso desarrollo de fracking industrial empuja a los animales en peligro a huir fuera de las áreas silvestres que necesitan para sobrevivir”. 

La fracturación libera grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero peligrosamente potente, de acuerdo con la especialista.