Los movimientos de estrategia tendrán su laboratorio en las elecciones de las 12 gubernaturas en el 2016
En realidad ambos partidos representan la paradoja de vivir dentro del sistema al que critican y condenan

El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) , que encabeza Andrés Manuel López Obrador, se presenta como el partido más parecido al Podemos de España, el cual logró confirmar su fuerza electoral en la pasada elección en el País europeo.

Con un discurso radical y contestatario. Con la austeridad como principal eje de su ideología, Morena está direccionando todas sus fuerzas a los ciudadanos con menores ingresos, a los jóvenes y a todo aquel que se sienta víctima de las decisiones que han tomado los gobiernos emanados de los partidos tradicionales.

Lo mismo que el partido ibérico liderado por Pablo Iglesias, un profesor de ciencias políticas de la Universidad Complutense. 

Por su parte Lopez Obrador es un ex priista y ex perredista que ha dedicado toda su vida al servicio público. Sus adversarios le llaman El Mesías.

En realidad ambos partidos representan la paradoja de vivir dentro del sistema al que critican y condenan.

En su primera elección como partido Morena logró posicionarse fuertemente en la Cámara de Diputados con una bancada de 35 legisladores. Nacieron como un movimiento de indignados por lo que ellos aseguran fue un fraude electoral en su contra en el 2006 y en el 2012.

Además en la Ciudad de México arrasó en cinco de las 16 delegaciones, de hecho, las más importantes desde el punto de vista económico. 

La joya de la corona en la capital mexicana fue la delegación Cuauhtémoc, que arrebató Ricardo Monreal al Partido de la Revolución Democrática, que históricamente gobernó la demarcación.

Monreal, un experimentado político, ya adelantó que buscará en el 2018 ser Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Podemos en España nació como partido en enero del 2014 y actualmente gobiernan con sus aliados Madrid, Barcelona y en el Congreso  español tendr una representación de 69 diputados y 16 senadores.

Se han ido consolidando como fuerza política. Una historia relativas características similares a las de Morena, que no ha pactado con los partidos históricos mexicanos y que hace de los errores de estos su primordial éxito.

Morena y Podemos comparten otro dato. A ambos partidos se les acusa desde la izquierda de dividir a la izquierda. A Podemos le atribuyen el restarle fuerza al PSOE  y en México responsabilizan a Andrés Manuel López Obrador y su partido de hacer lo mismo con el PRD. 

Las organizaciones políticas tradicionales están en crisis. Los discursos de antaño no están teniendo efecto en el electorado, principalmente en los jóvenes, que es el sector al que tendrán que influir más pues son la mayoría del electorado.

Los movimientos de estrategia tendrán su laboratorio en las elecciones de las 12 gubernaturas en el 2016. Esa será una prueba de fuego para todos los partidos.

A los partidos que tienen ya larga historia les representa de alguna forma su continuidad. Para el partido de López Obrador es la oportunidad de anclar su fuerza.

El propio Podemos con todo y su discurso contra los partidos tuvo que generar alianzas para poder seguir avanzando en el espectro político.

Desde el año 1997 el escenario político en el País se transformó cuando el PRI perdió su mayoría en el Congreso de la Unión. 

Más tarde vino en el 2000 el triunfo del primer Presidente panista, Vicente Fox. 

A partir de ahí el Congreso mexicano empezó a tener mayor relevancia, autonomía y juego político. De hecho esa es la nueva mesa juego. 

Es ahí en donde el vértice del poder hace de croupier.

Los partidos miran silenciosos sus cartas. 

Es evidente que hay jugadores que van en pareja.  Ahí están las apuestas.