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Los antivacunas, el movimiento que está matando

José Pablo Espíndola

Enfermedades como el sarampión o la poliomielitis que por años se consideraron erradicadas han vuelto a surgir tras una corriente de ideas que sugiere que las vacunas causan más daños que los padecimientos que previenen, una problemática que afecta principalmente a los niños y que únicamente se puede combatir mediante campañas de información y concientización


Sep 21, 2018

Las vacunas son una de las invenciones en materia de salud pública que más vidas han salvado en la historia. Se calcula que han evitado la muerte de 2.5 millones de personas al año y protegen a millones más de enfermedades y discapacidades.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre el auge de los movimientos antivacunas que comienzan a ser una “amenaza cada vez mayor” para salvaguardar la vida de las personas

De acuerdo con cifras del organismo internacional, a nivel mundial se registran cada año 1.5 millones de muertes infantiles por enfermedades que podrían prevenirse con vacunas que ya se encuentran disponibles.

En años recientes, los opositores a éste método de inoculación se han dedicado a incitar a las personas a retrasar o rechazar la vacunación, tanto la suya como la de sus hijos, lo que representa un reto cada vez mayor, en especial para los países que luchan por acabar con la brecha de la inmunización.

La falta de vacunación fomentada por campañas de desinformación ha provocado un brote de sarampión en Europa que ha dejado a más de 41 mil niños infectados; además de otras enfermedades como la tos ferina, la difteria y la tuberculosis.

1.5 millones De muertes infantiles se registran al año a nivel mundial por falta de vacunación

Los argumentos que utilizan los activistas que están en contra de las vacunas son que las secuelas tras la inyección son peores que las de la enfermedad que se busca prevenir, pero la ciencia ha demostrado que la mayoría de las reacciones a las vacunas son leves y temporales. Además es mucho más fácil sufrir consecuencias graves por un padecimiento del cual no estás protegido que por una vacuna.

“Una vacuna es un compuesto que puede ser derivado de algún microrganismo. Entonces, tenemos varios tipos, están las vacunas vivas atenuadas y las inactivadas”

- Rosa María Wong

Jefa de la Subdivisión de Investigación Clínica de la Facultad de Medicina de la UNAM

“Las primeras son virales como el sarampión, la rubéola y las paperas; mientras que en las segundas tenemos ya sea la bacteria o el virus el cual se mata y nos quedamos con un pequeño pedacito de él y eso es lo que se pone en la vacuna”, explica Rosa María Wong, jefa de la Subdivisión de Investigación Clínica de la Facultadde Medicina de la UNAM.

Lo que se busca con este método de prevención es que mediante su aplicación el sistema inmune tenga contacto con la enfermedad para que cuando sea atacado por posea anticuerpos para defenderse.

Por eso es urgente que los gobiernos asuman una función de liderazgo implementando programas nacionales de inmunización, además de aplicar campañas informativas para erradicar los mitos que rodean a las vacunas.

El origen de la desinformación

El médico Andrew Wakefield publicó un artículo en 1998 en la revista ‘The Lancet’, la más prestigiada en medicina, en donde vinculaba la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y paperas) con el autismo, lo que generó controversia e hizo que miles de personas dejaran de vacunar a sus hijos.

Ante la publicación, investigadores de diversas partes del mundo aseguraron que intentaron comprobarlos hallazgos de Wakefield sin éxito, lo que comenzó a poner en duda la relación entre la vacuna triple vírica y el autismo.        

Posteriormente, un reportaje del Sunday Times señalaba la existencia de conflictos de intereses financieros por parte de Wakefield, tras lo cual su credibilidad siguió cayendo.

Wakefield sometió a varios niños autistas a procedimientos médicos invasivos e innecesarios para tratar de comprobar su falsa teoría

El Consejo Médico General del Reino Unido abrió una investigación por mala praxis contra Wakefield y dos de sus antiguos colegas y descubrió que durante el estudio se sometieron a varios niños autistas a procedimientos médicos invasivos e innecesarios.

Por lo anterior, el comité dictaminó que Wakefield había “faltado a su deber como médico especialista responsable” y actuado en contra de los intereses de sus pacientes “de manera deshonesta e irresponsable” en su investigación publicada.

Wakefield perdió su licencia de trabajo en el Reino Unido y se trasladó a Estados Unidos, en donde logró influir en personas de origen británico asentadas en la Unión Americana. Además, produjo un video en donde reafirmó su teoría.

En 2010, la revista científica se retractó y eliminó de sus archivos esa información, sin embrago, su trabajo logró hacer eco en diversos sectores de la población en Estados Unidos y, ahora con el uso de las redes sociales, su información se ha difundido por el resto del mundo.

La gente de clase media y alta, que tiene acceso constante a Internet y a las redes sociales, suele ser la más vulnerable a este movimiento.

El miedo a las vacunas en algunos sectores de la población surgió después de que el médico Andrew Wakefield asegurara en una publicación de la revista ‘The Lancet’ que la vacuna triple viral estaba relacionada con el autismo

Recientemente, Wakefield volvió a negar públicamente las acusaciones en su contra y rechazó retractarse de sus afirmaciones.

Los otros fantasmas

Los grupos que impulsan las campañas antivacunas que se difunden principalmente a través de las redes sociales utilizan como base mitos que rodean a la inoculación como que no son seguras, que con una buena higiene se pueden evitar la enfermedad o que es mejor la inmunidad proporcionada por las infecciones naturales que por las vacunas. Opiniones que no son ciertas según los especialistas en salud.

Aunque una buena higiene y el uso de agua potable ayudan a evitar las enfermedades infecciosas, muchas de ellas pueden propagarse independientemente

Sin vacunación, enfermedades que se han vuelto raras como la tos ferina, la poliomielitis o el sarampión, pueden reaparecer rápidamente.

“No es que haya una forma de prescindir de ellas, si eso fuera posible, no existirían las vacunas, que son una forma de prevención justamente porque hay muchas enfermedades que son virales y los virus se extienden por medio del aire, entonces a menos de que no respiráramos o que estuviéramos dentro de una burbuja, es imposible que puedan suplirse”

- Ana Cecila Gallosso

Médico general de la plataforma Doctoralia

Las vacunas interaccionan con el sistema inmunológico y producen una respuesta inmunitaria similar a la generada por las infecciones naturales, pero sin causar enfermedad ni poner a la persona que la recibió en riesgo de sufrir las posibles complicaciones del padecimiento.

En cambio, el precio a pagar por la inmunización a través de la infección natural puede consistir en disfunción cognitiva en la infección por Haemophilus influenzae de tipo b, defectos congénitos en la rubéola, cáncer hepático en la hepatitis B o muerte por complicaciones en el sarampión.

Otro mito que rodea a las vacunas es el tiomersal, compuesto orgánico que contiene mercurio y se añade a algunas vacunas como conservador y no resulta peligroso. La doctora Wong asegura que la tendencia actual es que las vacunas ya no tengan este compuesto.

Las expertas coinciden en que el problema de las fake news ha ocasionado que cada vez más gente crea en información que no viene de fuentes fiables y tome decisiones que en lugar de beneficiar su salud, pone su vida en riesgo.

“A través de las redes hay una gran cantidad de información que no es verdadera y que con la inmediatez se difunde sin ser comprobada, entonces un gran problema con estos grupos antivacunas es que propagan información falsa y la gente la crea”, indica Wong.

Por ello, para Gallosso es importante informarle a los padres que sus hijos sí van a tener una reacción ante las vacunas, como fiebre, dolor o aumento de volumen en el sitio de la aplicación pero que estén conscientes de que es normal.

Las fake news, la inmediatez y el uso generalizado de las redes sociales han fomentado un sinfín de mitos entorno a la eficacia de la vacunación que mucha gente termina por creer, poniendo en riesgo su vida y las de las personas que los rodean

El Sarampión en México

El año pasado, en Europa se presentaron cerca de 20 mil muertes por sarampión principalmente en Francia, Alemania, Italia y Serbia.

En lo que va del 2018 se han detectado 13 mil casos en Europa del Este, a tal punto que la OMS publicó una norma en la que recomienda estar vacunado contra esa enfermedad.

Expertos aseguran que aunque se han dado algunos casos de esta enfermedad en el país éste está preparado para enfrentar el problema gracias a la amplia cobertura de vacunación que se ha aplicado

“Lo que pasa es que en esos países donde los niveles de vacunación son muy bajos aumenta hasta en un 400 por ciento la incidencia y son personas que tienen un alto nivel socioeconómico, que tienen buena alimentación, que tienen buena higiene y que tienen agua potable. Sin embargo se siguen enfermando y siguen habiendo epidemias”, comenta la doctora Wong.

Recientemente en México se supo del caso de una familia a la que le dio sarampión después de haber visitado Italia. Fue una madre de 38 años que era susceptible porque no estaba vacunada, se lo contagió a su hijo y a la señora que lo cuidaba.

Entre los síntomas de la enfermedad se encuentran fiebre, exantema (manchas y ronchas rojas) ojos irritados, tos, puntos blancos y rojos en la garganta, cefalea y cuerpo cortado. Las complicaciones pueden ser ceguera, sordera u ocasionar la muerte.

Esta enfermedad es provocada por un virus y tiene un periodo de incubación de siete a 21 días. El paciente, en cuanto sea diagnosticado, debe de ser atendido médicamente de manera inmediata, ya que el contagio puede darse por vía aérea o por contacto con las secreciones del enfermo. Un enfermo puede contagiar a 18 personas.

El contagio por sarampión puede darse por vía aérea o por contacto con las secreciones del enfermo, quien a su vez puede infectar hasta a 18 personas más

“El último caso autóctono fue reportado en 1997, después de eso hemos tenido alrededor de 200 casos reportados a lo largo de los años, pero todos son importados”, aclara la doctora Rosa María Wong.

Lo anterior demuestra, de acuerdo con las expertas, que México tiene una alta cobertura de vacunación, lo que reafirma que con la aplicación de vacunas es menos probable que se desaten epidemias.

“En México, a pesar de todos los rezagos que existen, el sistema de vacunación es una de las cosas que mejor tenemos. Entonces, actualmente están erradicados el sarampión, la poliomelitis y la rubéola, por ejemplo”, sentencia la doctora Gallosso.

Para ellas, México está preparado para enfrentar los riesgos hasta ahorita a pesar de que existe un movimiento antivacunas importante, pero afirman que eso se combate sólo con información certera.

Parte de esa labor se realiza con la Semana Nacional de Vacunación, en la que enfermeras de campo salen a vacunar a las personas que están en el último lugar de la sierra o en el centro de la Ciudad de México. También existe un censo de vacunación y un control de los niños que nacen para saber si están vacunados o no.

La doctora Wong comenta que también se están emprendiendo campañas para que la población entienda que las vacunas no sólo son cosas de niños. Existe una cartilla de vacunación para los niños de 0 a 9 años, una para adolescentes de 10 a 18 años y también hay vacunas para adultos y para personas mayores de 60 años.

“El mayor riesgo de no vacunarse es la muerte y en algunos casos quedar con algún tipo de incapacidad o discapacidad, que son cosas distintas. Por ejemplo, la poliomelitis puede causar una discapacidad importante, en el caso de la rubéola puede causar sordera, problemas como neumonía y después la muerte”, señala Gallosso.

Sin vacunación enfermedades que se han vuelto raras como la poliomielitis o el sarampión pueden reaparecer rápidamente y causar serios daños en la población

Los dos motivos principales para vacunarse, aseguran las expertas, son protegernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

“El éxito de los programas de vacunación depende de que todos garanticemos el bienestar de todos”, finaliza.

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