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Reporte
Nacional

ALEJANDROAZCOYTIAÁLVAREZ

La sombra en la tribuna

Imelda García

Alejandro Azcoytia Álvarez es el Cyrano de Bergerac de los diputados que participan en la tribuna dirigiendo la sesión. Casi al oído, les dice a muchos lo que deben pronunciar en los micrófonos del Salón de Plenos.

Con casi 50 años trabajando en la Cámara de Diputados, Alejandro es uno de los indispensables en el Palacio Legislativo de San Lázaro, aunque él diga lo contrario.

Su labor es dictar el trámite para los asuntos que suceden en el Pleno y elaborar el guión de cada una de las sesiones. Sí… hay un guión de las sesiones que los diputados solo leen.


Dic 22, 2014
Lectura 6 min

¿Qué sigue para Alejandro Azcoytia? Este servidor público planea, dentro de algunos años y ya en el retiro, escribir las memorias de sus vivencias en la Cámara de Diputados que, seguramente, serán un referente histórico a lo que nadie ve sobre las actividades del Poder Legislativo mexicano

“A mí me toca vivir el informe presidencial de don Gustavo Díaz Ordaz, en 1968, y algo que me impactó mucho fue la posición que adopta, en aquella época, el rector de la Universidad, el ingeniero Javier Barros Sierra, de su protesta de extender los brazos cuando el presidente hacía mención del Ejército”

- Alejandro Azcoytia Álvarez

El oficio lo aprendió de su padre, quien por 63 años trabajó en la Cámara de Diputados haciendo la misma labor

"Nadie somos indispensables, hay que estar bien consciente de ello; y de alguna forma, con el marco jurídico del Congreso y la reglamentación que tenemos, se va saliendo adelante. Entonces nosotros solamente somos un apoyo, somos auxiliares para los señores diputados"

Alejandro Azcoytia Álvarez es el Cyrano de Bergerac de los diputados que participan en la tribuna dirigiendo la sesión. Casi al oído, les dice a muchos lo que deben pronunciar en los micrófonos del Salón de Plenos.

Con casi 50 años trabajando en la Cámara de Diputados, Alejandro es uno de los indispensables en el Palacio Legislativo de San Lázaro, aunque él diga lo contrario.

Su labor es dictar el trámite para los asuntos que suceden en el Pleno y elaborar el guión de cada una de las sesiones. Sí… hay un guión de las sesiones que los diputados solo leen.

De pie junto a la máxima tribuna del país, Alejandro ayuda a los diputados secretarios de la Mesa Directiva a informar al Pleno sobre lo que deben decir. Es el apuntador de varios de ellos que, en ocasiones, pierden el hilo del guion que están leyendo.

“Nadie somos indispensables, eso hay que estar bien consciente de ello; y de alguna forma, con el marco jurídico del Congreso y la reglamentación que tenemos, se va saliendo adelante. Entonces nosotros solamente somos un apoyo, somos auxiliares para los señores diputados”, dice.

Alejandro comenzó con sus tareas en el Poder Legislativo en el verano de 1966 –aunque obtuvo su registro como empleado de la Cámara de Diputados el 1 de enero de 1967-, cuando tenía 16 años.

Tiempo después se convertiría en abogado y ocuparía la dirección de Trámite Legislativo, cargo que desempeña hasta el día de hoy.

El oficio lo aprendió de su padre, quien por 63 años trabajó en la Cámara de Diputados haciendo la misma labor.

Entre ambos Azcoytia se juntan 111 años de experiencia legislativa. Más de un siglo en dos personas.

De su papá, aprendió el respeto por el Legislativo y por la investidura de cada uno de los legisladores y a servir a todos de igual forma.

“(Siempre me inculcó) un cariño y un respeto a la institución y la que siempre fue su enseñanza, un respeto, un trato igualitario a todos los diputados de todos los grupos, de todos los partidos políticos que son los representantes de la Nación. Yo creo que son de los pilares fundamentales de la enseñanza de mi padre”, explica.

Testigo de la historia en primera fila

Alejandro soñaba en su niñez con ser marino. Su máxima aspiración era convertirse en cadete de la Heroica Escuela Naval Militar Antón Lizardo; sin embargo, su propia anatomía lo traicionaría.

Su baja estatura y fallas de visión le impidieron cumplir su sueño. Ni siquiera le permitieron hacer el examen de admisión al ver que usaba lentes.

Así, con esa ilusión rota, Alejando Azcoytia comenzó a acompañar a su padre al trabajo, a la sede de la antigua Cámara de Diputados en la calle de Donceles, en el Centro Histórico, edificio que hoy ocupa la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

“Mi papá fue un viejo servidor del Poder Legislativo que estuvo durante 63 años y lógicamente desde muy chico aprendí todo lo relacionado con Cámara (…) comencé recibiendo correspondencia, en ayudantía general, todo lo clásico de un chico de 16 años recién entrado a la prepa”, recuerda Azcoytia.

Trabajó en varias áreas del Congreso, hasta que en 1979 fue invitado a colaborar con su papá en las tareas de las sesiones.

Conforme fue aprendiendo las tareas que se realizaban en las sesiones, su padre fue encomendándole más responsabilidades, que avanzaron hasta llegar a influir en el trámite que se da a los asuntos en el Pleno y llevar un seguimiento del desarrollo de las sesiones.

Durante sus 48 años de servicio, Azcoytia ha sido testigo de primera fila de incontables acontecimientos históricos; algunos de ellos se quedaron en su memoria.

“A mí me toca vivir el informe presidencial de don Gustavo Díaz Ordaz, en 1968, y algo que me impactó mucho fue la posición que adopta, en aquella época, el rector de la Universidad, el ingeniero Javier Barros Sierra, de su protesta de extender los brazos cuando el presidente hacía mención del Ejército”, narra Azcoytia, quien en aquel entonces era estudiante de la preparatoria.

Gustavo Díaz Ordaz también dejó en la memoria de Azcoytia otro momento, cuando en su último informe de gobierno todos pensaron que alguien había entrado a dispararle.

Díaz Ordaz se encontraba en la tribuna de la Cámara de Diputados cuando, de pronto, se escuchó un estruendo que provocó que todos se agacharan y pensaran lo peor. No pasó así con el entonces presidente, quien continuó leyendo su discurso sin moverse ni un centímetro.

Para Azcoytia, quedó demostrado que Díaz Ordaz actuó con una profunda convicción durante todo su mandato.

“En el último informe de don Gustavo, en el 70, truena un reflector y el señor demuestra una entereza tremenda porque ni siquiera se le quebró la voz cuando, en el Salón de Sesiones, se escuchó algo bastante fuerte, porque era de esos viejos reflectores de cine, de doble cristal.

“Son experiencias que aprende uno de toda la gente que le rodea, de esas actitudes, de ese convencimiento, y de cuando trabajan con convicción”.

Aunque las situaciones difíciles han sido incontables, Alejandro siempre ha depositado su confianza en el marco legal que rige al Congreso.

“Siempre hay la confianza de que hay los medios institucionales para salir adelante”, dice.

Aunque, reconoce, quienes auxilian a los diputados siempre deben estar preparados para cualquier situación, puesto que son ellos quienes conocen el marco legal que rige al Congreso y quienes orientan a los legisladores sobre lo que se puede hacer o no en determinadas circunstancias.

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