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Reporte
Nacional

MICHOACáN

La guerra, otra vez

J. Jesús Lemus

Mientras que en las instancias oficiales, tanto federales como estatales de Michoacán, se intenta simular una condición de tranquilidad, en la zona de Tierra Caliente se fragua lenta la guerra otra vez. El regreso a las armas de los grupos de autodefensas de Hipólito Mora Chávez y “El Americano”, Luis Antonio Torres González, anuncian un incendio mayor.


Ago 10, 2015
Lectura 8 min

Mientras que en las instancias oficiales, tanto federales como estatales de Michoacán, se intenta simular una condición de tranquilidad, en la zona de Tierra Caliente se fragua lenta la guerra otra vez. El regreso a las armas de los grupos de autodefensas de Hipólito Mora Chávez y “El Americano”, Luis Antonio Torres González, anuncian un incendio mayor.

El que fuera comandante de la policía estatal Fuerza Rural, Torres González ya lo dijo: la “matadera seguirá (sic), si la federación no se decide a terminar con el cártel de los Caballeros Templarios” que aún se encuentran actuantes en la zona. Por su parte, Hipólito Mora Chávez, el otro alzado contra la delincuencia, insiste en una acción efectiva de la federación para que regrese la seguridad a todo el estado.

Los dos jefes de autodefensas han retornado a la guerra para matarse entre ellos. La lucha contra el crimen organizado es solo un pretexto. Nadie en Michoacán desconoce la confrontación que mantienen desde que se fra cturó la dirigencia de las autodefensas, tras el encarcelamiento del doctor José Manuel Mireles Valverde, al único que reconocían como jefe del movimiento amado.

Los dos jefes de civiles armados se acusan mutuamente de agresiones. El Americano culpa a Hipólito Mora y a su gente de haberle matado a dos de los hombres más queridos dentro del grupo de combate a la delincuencia: Rafael Sánchez Moreno, El Pollo, y José Luis Torres Castañeda. Sus cuerpos fueron encontrados calcinados la madrugada de 9 de marzo del 2014.

 Por su parte, Hipólito Mora Chávez, culpa a Luis Antonio Torres, El Americano, de haber perpetrado un ataque en su contra, en donde perdieron la vida 11 hombres. Entre los asesinados se encontraba Manuel Mora, el primogénito de Hipólito. El ataque se perpetró al medio día del 16 de diciembre del 2014, y un juez determinó que no hubo responsables en esa muerte.

Al calor de esos reclamos, tanto Hipólito Mora como Luis Antonio Torres, decidieron colocar barricadas en diversos puntos en el epicentro de la zona e Tierra Caliente, en la zona limítrofe de las comunidades de La Ruana y Buena Vista Tomatlán, la primera bajo control de Mora y la segunda bajo el resguardo de los hombres armados Luis Antonio Torres.

Hipólito Mora Chávez se había retirado del movimiento armado luego de salir por segunda ocasión de prisión, totalmente absuelto de las acusaciones de homicidio, cuando optó por buscar una alternativa política para cambiar la historia de violencia de Tierra Caliente. El voto popular no le favoreció, y decidió –lo que nunca ocultó a la par de su mensaje político- regresar a la lucha armada.

Luis Antonio Torres, conocido también como Simón “El Americano”, se reagrupó con su gente una vez que fue dado de baja como comandante de la policía estatal Fuerza Rural, en donde llegó a tener el respaldo de la federación al asignarlo al frente del G250, el grupo de elite formado para ir a la caza de Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, el reconocido como jefe último del cartel de Los Caballeros Templarios. 

Luis Antonio Torres fue uno de los hombres más cercanos al entonces comisionado para la seguridad del estado de Michoacán, Alfredo Castillo, a grado tal que el propio comisionado puso a disposición del entonces jefe de autodefensas un grupo de 250 hombres, de la marina, el Ejército –entre ellos dos coroneles-, la Policía Federal y civiles armados, así como tres helicópteros artillados, para que fueran tras “La Tuta”.

Los templarios no se han ido

El jefe de las autodefensas de La Ruana, Hipólito Mora Chávez, argumentó la reorganización del movimiento para garantizar la seguridad de los pobladores de la comunidad de La Ruana, a donde –asegura- han comenzad oa llegar avanzadas de células de Templarios, que bien podrían ir por la cabeza de algunos de los que se unieron al movimiento.

La postura de Hipólito Mora es secundada por el sacerdote Gregorio López Gerónimo. El Padre Goyo no ha dejado de señalar desde el púlpito la reorganización del cártel de Los Caballeros Templarios. Por su nombre y apellidos ha mencionado a los que pudieran estar al frente de la reorganización de esa empresa criminal. Hasta ubicación de los nuevos jefes templarios ha dado, pero en la federación no se ha generado ninguna respuesta.

Hipólito Mora ordenó la instalación de por lo menos 5 barricadas en puntos estratégicos de la comunidad de La Ruana, a fin de mantener el control de acceso a esa localidad. Públicamente ha señalado el riesgo en que se encuentran los hombres –al menos unos 350- que iniciaron a su lado  el movimiento de las autodefensas, y que hasta hace unos días estaban expuestos al haber abandonado la lucha.

Tres de las cinco barricadas que instaló Hipólito Mora para la defensa de su vida, su familia y sus propiedades, fueron desarticuladas por las Fuerzas Federales. Elementos del Ejército llegaron el pasado fin de semana para disuadir la presencia de los civiles armados. La disuasión duró solo unas horas. Las autodefensas se volvieron a reorganizar porque están convencidos de un taque general por parte de las células del cártel de Los Templarios.

Los reclamos para la seguridad de la zona de La Ruana no han sido escuchados, se quejan algunos de los hombres que conforman la base de acción de Hipólito Mora. Aseguran que la presencia del ejército es para evitar que las autodefensas se vuelvan a reorganizar, “pero no actúan contra los templarios que de nueva cuenta comenzaron a salir a extorsionar y a secuestrar”, dijo un soldado de la autodefensa La Ruana, de nombre José Luis.

Simón ‘El Americano’, en pie de guerra

El regreso a la guerra en Michoacán se puede ver desde todos los ángulos, menos desde la oficina del gobernador Salvador Jara Guerrero. En los ardientes caminos rurales que comunican entre sí a las poblaciones de Santa Ana Amatlán, Catalinas (Francisco Villa) y Pizándaro, se observan las patrullas de civiles armados que no solo resguardan el municipio, sino que están alerta para detectar movimientos de células de templarios.

Es la gente de Simón  “El Americano” que mantiene vigilada la zona, dice uno de los pobladores de la comunidad 18 de Marzo. Toda la noche pasan. No dejan que transite un solo vehículo que no sea de los vecinos. Ni a las Fuerzas Federales dejan entrar. El pasado vienes se dispararon Policías Federales y presuntos autodefensas de Luis Antonio Torres, “El Americano”. Nadie supo si hubo muertos.

En la comunidad División del Norte se han dado varios enfrentamientos en los últimos días. El más reciente fue el sábado. Un grupo de sicarios atacaron a dos camionetas de vigilancia de las autodefensas de Simón . La gente solo escuchó las ráfagas de metralla por más de una hora. Después todo quedo en silencio. Dicen que a los templarios les mataron tres hombres, pero sus cuerpos fueron recogidos por sus propios compañeros.

En la zona sur de Buenavista, en los dominios de Luis Antonio Torres ya no se quiere la presencia del Ejército. No hay una declaratoria de guerra contra las Fuerzas Federales, pero existe el convencimiento para no entregar las armas ni dejarse detener para ser procesados. “La instrucción es clara, explica un jefe de patrulla, aquí el ejército nos ayuda a combatir a los templarios o lo consideramos del lado de ese cartel”. Están seguros de no deponer las armas.

La mayoría de los que forman el grupo de autodefensa de Luis Antonio Torres, que se estima en más de 460 hombres, está integrado por expolicías estatales, los que pertenecieron a la Fuerza Rural y luego desertaron porque diversos funcionarios estatales y federales no cumplieron con el acuerdo del pago de salarios y suministro de armas y cartuchos para la seguridad de las comunidades.

No esperan el diálogo

Tanto en las barricadas de Hipólito Mora, como en las patrullas de Luis Antonio Torres, no esperan que haya diálogo por parte del Gobierno Federal. En los dos bandos antagónicos –que aseguran pelear contra el cartel de Los Templarios- ven con desconfianza a los representantes del gobierno.

En ninguno de los dos grupos ha nacido la iniciativa de entablar una relación con la federación para hacer una labor conjunta de seguridad en las dos localidades más inseguras de Michoacán. En la federación, aseguran algunos civiles armados, tampoco ha nacido el deseo de saber las causas del nuevo levantamiento.

Los dos grupos de autodefensas que se han armado, se consideran tan enemigos como lo son con las células del cartel de los Templarios, que aseguran han comenzado a reaparecer en la zona. E ninguno de los dos bandos se observa la posibilidad del dialogo para encarar a los templarios. Son más los agravios que se atribuyen entre ellos.


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