La vida de los estudiantes universitarios no es sencilla. Entre las responsabilidades de las clases, los quehaceres personales, las necesidades básicas, la situación económica y el transporte, esta población lucha por un futuro mejor a pesar del triste panorama que les depara cuando egresan.

Datos presentados en dos encuestas locales muestran cómo los estudiantes padecen diversas dificultades para poder llevar a cabo esta responsabilidad. Pues se trata de una población que no solamente se enfoca en su quehacer educativo, sino que tiene que repartir su tiempo con el trabajo.

De acuerdo con la Encuesta del uso del tiempo de estudiantes universitarios, realizada y publicada por el Instituto de Información Estadística y Geográfica del Estado de Jalisco (IIEG), después de dormir, los estudiantes universitarios dedican la mayor cantidad de horas al trabajo, con un promedio de cinco horas y media al día.

No todos los estudiantes se dedican a trabajar, de acuerdo con el IIEG, solo el 42.4 por ciento de los estudiantes encuestados tienen un trabajo. Pero sí dedican su día a realizar otras actividades, que sobre todo incluyen necesidades básicas o de movilidad. Algunas de las que realizan los estudiantes son tareas o estudio, consumir alimentos, trasladarse y tomar clases extracurriculares.

A lo largo del día se muestra cómo la vida de las y los estudiantes queda limitada a su vida estudiantil. El IIEG muestra que en la distribución de 24 horas al día, los estudiantes de las universidades dedican el 29.6 por ciento a dormir, 18.6 a las clases universitarias, 10.4 a la comida, 9.9 al traslado y el 9.7 a trabajar.

Después de necesidades básicas como comer y dormir, u obligaciones por su condición de vida como comer y trabajar, llama la atención que un porcentaje importante del día en la vida de un estudiante universitario se vaya en el traslado.


En promedio los estudiantes de Jalisco dijeron vivir dos horas y 24 minutos diariamente en los recorridos

Brecha económica entre estudiantes

La diferencia entre los traslados también muestra una amplia brecha entre quienes estudian en una universidad pública o una universidad privada. En promedio los estudiantes de instituciones particulares tardan dos horas en trasladarse al día, mientras que los de universidades de gobierno pasan dos horas y 58 minutos en el sistema de transporte.

Esto se debe a que, como también señala la encuesta, el mayor porcentaje en cuanto a medios de transporte utilizado por estudiantes de universidad privada sea para el vehículo propio, mientras que en el caso de los estudiantes de universidad pública es para el transporte colectivo, como camiones o el tren ligero.

El tiempo del traslado y la diferencia en los medios de transporte también le da sentido a la brecha que existe entre las actividades de los distintos estudiantes. Son mayores las horas diarias que dedica un alumno de escuela pública a las tareas, las clases extracurriculares, las tareas del hogar o incluso el cuidado personal, al contar con menor tiempo de despliegue para trasladarse a sus centros educativos.

Mientras que las horas del día dedicadas al entretenimiento, la socialización, el ejercicio y el deporte, o incluso dormir, son mayores en los universitarios de escuelas privadas en comparación con quienes realizan sus estudios en instituciones públicas.

Sin embargo ¿por qué a pesar del panorama los estudiantes siguen optando por realizar una carrera universitaria? En su artículo “Imaginario universitario ¿qué significa la universidad para los jóvenes estudiantes de Guadalajara?”, Liliana Hidalgo Villegas señala que la mayoría refiere que dicho estatus universitario les representa cambio en sus vidas, seguido por oportunidades, ayuda, privilegio y esfuerzo.

Esta diferencia entre los estudiantes de estratos económicos bajos, que en su mayoría optan por una educación universitaria pública, se refleja en las prioridades que asumen a lo largo de su carrera.

“Los alumnos de estratos socioeconómicos bajos, como es de esperar, tienen la necesidad de los ingresos laborales no solo para solventar sus estudios sino también para aportar al sostenimiento familiar, por lo cual eligen jornadas laborales extensas, optando por estrategias que si bien comprometen el tiempo dedicado al estudio y a las actividades escolares, al menos les permite mantenerse dentro de la universidad”, señalan Jesús Ríos Almodóvar y Salvador Carrillo Regalado, de la Universidad de Guadalajara, en su texto ‘Estrategias entre estudio y trabajo.

Frente a este panorama también se han evidenciado cuadros alarmantes de afectaciones a la salud mental de los estudiantes, como recientemente lo expuso la segunda consulta estatal de la Federación de Estudiantes Universitarios, de la Universidad de Guadalajara, titulada ‘¿Cómo somos, cómo estamos?’

Un alto porcentaje de los estudiantes de esta universidad muestran tendencias depresivas, el 20 por ciento dijo que se considera de poco valor, mientras el 19 por ciento ve la vida sin esperanza. Además de estas tendencias, el 41 por ciento padece la falta de sueño y el 53 por ciento padece agobios y tensiones.

Del mismo modo los estudiantes expresan un alto nivel de tensión por su forma de vida estudiantil. El 21 por ciento dice que se sienten malhumorados, el 41 dice estar a punto de explotar por los nervios y el 44 dijo tener la sensación de que ‘todo se te viene encima’

A pesar de los esfuerzos y los padecimientos, la realidad es mucho más cruel con quienes realizan estas actividades. Pues los estudios universitarios en México no han podido ser garantía de una mejor posición económica o la posibilidad de obtener un empleo.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), al primer trimestre de 2019, ha puesto en evidencia que nueve millones 133 mil 327 personas de la población no económicamente activas en el país cuentan con un nivel de instrucción en educación media superior y superior, 550 mil 205 corresponden al estado de Jalisco.

En octubre de 2018, el extitular de la Secretaría de Educación Pública, Otto Granados Roldán, dijo en la asamblea general de la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior que obtener un título universitario no era garantía de movilidad económica o social que fuera relevante.