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reclamos de familiares de internos se han presentado ante la CNDH en lo que va este año


La mayoría intenta pasar el día escribiendo cartas o dibujando, pero no hay espacio ni para escribir en el suelo


Las condiciones de vida en las cárceles de Estados Unidos, dijo el investigador Rubén Martínez Soto, son mucho mejores que las que se pueden tener en cualquiera de las cárceles de México


La cárcel menos poblada es la del Cefereso 8 Norponiente, donde se pueden ingresar todavía a 392 reos y apenas estaría al 100 por ciento de su capacidad, que es de 812 presos

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Los seis penales federales donde se resguardan a los reos más peligrosos de México tienen problemas de sobrepoblación.

Esta situación provoca que los conflictos y riñas entre la población carcelaria vayan a la alza.

De acuerdo a un reporte de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), tan solo en lo que va de este año se han registrado 236 peleas dentro de las cárceles federales, las cuales han involucrado a 445 internos.

La sobrepoblación en los centros penitenciarios de máxima seguridad también es la principal causa de quejas presentadas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en donde solo en lo que va este año se han recibido 83 reclamos de familiares de internos, que aseguran que las garantías individuales de sus parientes están siendo violentadas por el sistema carcelario federal.

Del total de quejas que se reciben en la CNDH referentes a hacinamiento por sobrepoblación, al menos el 70 por ciento de ellas involucran al sistema federal de prisiones, en donde se responsabiliza a los encargados del Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social de negar la reubicación de los reos.

Los señalamientos de los quejosos indican que la negación para reubicar a los internos es solo un capricho de los encargados de las cárceles federales, pues mientras hay sobrepoblación en algunos penales, en otros tienen ocupaciones que no llegan al 50 por ciento.

El reporte de la condición de sobrepoblación que existe en cárceles federales, emitido hasta el mes pasado por la Secretaría de Gobernación (Segob), revela que nueve prisiones federales bien podrían atender la despresurización de reos de los centros penitenciarios federal más importantes, como Puente Grande y Almoloya, en donde existen celdas diseñadas para un reo que a la fecha contienen hasta seis internos.

Las prisiones federales con mayor problema de sobrepoblación y hacinamiento son Puente Grande (Cefereso 2 de Occidente), Almoloya (Cefereso 1 del Altiplano), Perote (Cefereso 5 de Oriente), Guasave (Cefereso 4 Noroeste), Hermosillo (Cefereso 11 de Sonora) y Matamoros (Cefereso 3 Noreste), en donde se han registrado el 80 por ciento  de las riñas entre reos documentadas por el sistema carcelario.

Del ocio a la violencia

El sociólogo Rubén Martínez Soto, investigador de la Universidad de Guadalajara, detalla que una de las causas principales de las riñas en penales federales con sobrepoblación tiene que ver con los largos periodos de inactividad en que se mantiene a la población carcelaria.

Martínez Soto, quien elabora un informe sobre hacinamiento en prisiones mexicanas a solicitud de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), señala que en aras de las condiciones de seguridad que se establecen dentro de las cárceles federales también se sacrifican las actividades de distracción de los internos, quienes son obligados a permanecer en sus celdas, de 3 por 2 metros, por periodos de inactividad documentados de hasta dos meses

Las celdas asignadas para los reos de las cárceles federales son de dos tipos: las comunitarias –en las áreas de sentenciados- diseñadas para tres personas y que actualmente son habitadas hasta por nueve reos, y las individuales –en el área de procesados- que son ocupadas por hasta seis internos, que tienen que cohabitar las 24 horas del día, sin posibilidad de actividades al aire libre.

La prisiones con mayor riesgo de motín por las condiciones de hacinamiento son Almoloya, donde se tiene una capacidad para 836 internos, pero a la fecha se ha rebasado el cupo con 129 reos; Puente Grande, donde cuentan con instalaciones para mil 040 internos, pero ya se ha sobrepasado el cupo con 593 reos; y Guasave, donde la capacidad de internamiento es de 2 mil 670 reos, pero ya tiene un sobrecupo de mil 073 presos.

Mala política de reubicación

A pesar de la sobrepoblación que existe en algunos penales federales y otros con espacio suficiente para recibir reos, la reubicación no se realiza.

La cárcel menos poblada es la del Cefereso 8 Norponiente, donde se pueden ingresar todavía a 392 reos y apenas estaría al 100 por ciento de su capacidad, que es de 812 presos.

En similar condición también se encuentra la cárcel del Cefereso 13 de Oaxaca, en donde aún existe capacidad para recibir otros mil 150 presos, antes de rebasar el 100 por ciento de su capacidad, que se ubica en 2 mil 520 internos.

También la cárcel de Guanajuato, con capacidad total para 2 mil 520 internos, en donde todavía existe espacio para 529 reos, está en condiciones de recibir traslados de las cárceles federales más saturadas, sin, embargo, se desconoce las razones por las que las autoridades del Órgano Desconcentrado Prevención Readaptación Social se niegan a las solicitudes de traslado.

Familiares de reos en la cárcel de Puente Grande confirmaron a Reporte Índigo que las solicitudes de traslado de sus familiares, para aliviar sus condiciones de hacinamiento, ya se ventilan en diversos juzgados federales, ante la negativa de las autoridades penitenciarias, las que insisten en disimular el hecho de la sobrepoblación carcelaria.

Un grupo de familias que promueven el traslado de sus presos hacia otras cárceles federales con menos población penitenciara, revelaron que solo en Puente Grande al menos 210 presos están reclamando ser llevado a una cárcel en donde puedan al menos dormir en el piso. De Almoloya son 189 los presos que están reclamando ser reubicados, cuyos trámites los llevan a cabo sus familiares en diversos juzgados federales.

Prefieren  la extradición

Frente a las condiciones extremas que representa el estado de hacinamiento, sumado a la política oficial de privación que existe en los centros federales de reclusión, donde se escamotea desde el acceso al sanitario, agua potable para el baño o alimentos en cantidad suficiente e higiénica, muchos reos federales que son reclamados en cortes de Estados Unidos han dejado de pelear para evitar la extradición.

De acuerdo a fuentes extra oficiales, solo en los juzgados adscritos a la cárcel federal de Puente Grande, en los últimos seis meses, se han registrado al menos 18 consentimientos de reos que son solicitados por la justicia de Estados Unidos para ser juzgados por delitos en aquel país. La totalidad de esos internos están sujetos a proceso penal en Puente Grande por el delito de delincuencia organizada.

En los juzgados federales adscritos al Cefereso de Almoloya, el número de solicitudes de extradición llega a 102 internos, de los que  14 de ellos han aceptado ir a una corte de la justicia de Estados para responder por sus delitos. Las versiones de algunos de los abogados de los reos que se han allanado, indican que los presos ven la extradición como una salida a su condición de hacinamiento en la que sobreviven.

Las condiciones de vida en las cárceles, aun en las federales, de Estados Unidos, dijo el investigador Rubén Martínez Soto, son mucho mejores que las que se pueden tener en cualquiera de las cárceles federales. Por eso no es raro que muchos presos federales aprovechen la solicitud del gobierno federal de Estados Unidos para ser juzgados en aquel país.

El reciente caso de la extradición de Edgar Valdez Villareal “La Barbie”, Jorge Eduardo Costilla Sánchez “El Coss”, Ricardo Valles de la Rosa, Luis Alberto Hernández Celis, Alberto Núñez Payan, Julio Cesar Valenzuela Elizalde, Antonio González Platas, Antonio Reynoso González, Carlos Montemayor, Jean Baptiste Kingery, Manuel García Sota, Martin Manuel Castillo Rascón y Aureliano Montoya Peña, evidencian la forma en que los reos federales intentan escapar al hacinamiento.

Todos los enlistados estaban viviendo en condiciones extremas al compartir con otros reos las reducidas celdas de Almoloya, por eso optaron por el allanamiento –desistimiento de su defensa- frente  al reclamo de extradición, luego de que se les negó en repetidas ocasiones en traslado a otra cárcel sin problemas de sobrepoblación.

Colgados de la celda

De acuerdo a versiones que los propios internos, expuestas por sus familiares al tramitar en diversos juzgados el traslado a otros centros penitenciarios del país, algunos presos de Puente Grande, principalmente de los modulo Uno, Tres, Cuatro y Cinco, donde se encuentra una parte de la población aún en proceso, duermen colgados de las celdas.

Es tan limitado el espacio dentro de las celdas –explican-, que algunos se tiene que colgar con la sabana de la puerta de la celda, sujetos por el tórax o axilas, para poder dormir. Es imposible que seis personas puedan dormir en un área de menos de cinco metros cuadrados. Solo hay una cama en algunas celdas, y esa se la sortean todos los días. Otros presos tienen que dormir unos encima de otros.

El problema se complica cuando se trata de utilizar el retrete. Debido a las mínimas dimensiones de las celdas, siempre hay dos presos cerca del excusado. Nadie puede defecar con privacidad. En los mejores casos existe el acuerdo entre los presos para excusar todos de manera consecutiva a la misma hora del día. Cuando no hay esos acuerdos sobrevienen las riñas por la molestia que causa ola fetidez.

Otro punto de conflicto que se genera en forma diaria entre los reos hacinados en los penales federales con sobrepoblación, es al momento del baño. Los oficiales de turno solo permiten el funcionamiento de la regadera en cada celda por espacio de siete a 10 minutos. En el mejor de los casos los reos se duchan en periodos de un minuto y 30 segundos.

Al no existir actividades al aire libre, los reos pasan las 24 horas del día dentro de su celda, sin ninguna actividad por realzar. La mayoría intenta pasar el día escribiendo cartas o dibujando, pero no hay espacio ni para escribir en el suelo. La única mesa de concreto de la celda se la turnan en los internos en periodos de media hora.

Aun así, el gobierno federal asegura que el costo de manutención de los presos federales asciende a 34 mil 883.95 pesos anuales por cada preso, tomando en cuenta solo a los que se encuentran recluidos en Ceferesos, cuya cifra llega 48 mil 825 internos.