“Yo aquí viví, yo labré estas tierras, no tienen porque desaparecer aunque si así fuera pues me quito el problema de encima pero tengo hijos y nietos y esto es todo lo que tengo luego pueden venir a quitarlo a palos o muerte, así sucedió en otro lugares”

Rogelio Soto Valencia

Integrante de la comunidad de José María Morelos

A dos años de que se anunciara el nuevo proyecto a desarrollarse en la Costa Alegre de Jalisco, en las playas de Chalacatepec, las dudas y el miedo invaden a los comuneros de José María Morelos.

Y entre el silencio de las autoridades y la presencia cada vez más manifiesta de la empresa Rassand, se preguntan qué va a suceder con su ejido.

El ejido José María Morelos data de 1960, tras un decreto presidencial que le brindó una dotación ejidal de 20 hectáreas a una centena de personas provenientes de Guanajuato, Michoacán y Jalisco los hoy pobladores se apropiaron con toda precariedad de las playas, valles y cerros.

El ejido tiene una condición privilegiada, con respecto a otras playas de la zona pues cuenta con dos sitios ramsar, un ecosistema similar a los manglares, y una playa blanca que se pierde en la profundidad del mar abierto y que supera los 12 kilómetros de longitud.

Ahí entre el estero, la laguna seca y un campo tortuguera se pretende iniciar uno de los proyectos más ambiciosos en materia turística de Jalisco.

Rassaland en coordinación con Pensiones del Estado que inyectó 89 millones de dólares, se hicieron en los últimos años mil 200 hectáreas de tierras.

Sólo una minoría se resistió a la venta y justifican su desistimiento alegando que el comisariado ejidal por mucho tiempo se volvió un mercado de tierras en donde los que “no estaban interesados, vendieron”, según explica el ejidatario Oscar Germán Larios Guzmán.

Larios Guzmán fue uno de los pocos que conservó una parte de sus tierras luego de venderlas y obtuvo los títulos de propiedad de éstas, a diferencia de los demás ejidatarios que aún no vende y que no cuentan con escrituras,  pero si con la posesión de las tierras.

Comerciante y constructor Larios Guzmán tiene una concepción diferente del Proyecto Chalacatepec, lo ve como “el negocio”.

A su opinión se suma la de otro actor de la comunidad, Jorge Sánchez que si bien tiene una posición más moderada, manifiesta que es tiempo que el desarrollo llegue al poblado de José María Morelos.

Para Rolando Loubet Orozco, consultor en temas agrarios, el principal reto que las autoridades estatales no se plantearon sobre Costa Alegre es cómo se montan los habitantes de la zona en el desarrollo en esta nueva realidad de la costa.

Porque generalmente las administraciones locales se cansan del desarrollo social y terminan dándole infraestructura a los intermediarios, que finalmente evitan que los pobladores generen nuevas fuentes de ingresos que les permitan salir del rezago.

Para Loubet Orozco es muy importante desarrollar la capacidad de negociación de los habitantes de la Costa Alegre para que se vean beneficiados de la entrada de grandes capitales.

Y es que tal cual están las cosas la población local termina en la servidumbre, obteniendo algo mínimo por sus tierras, y así se mantienen dos realidades diferentes, que contrastan.

El tsunami del desarrollo

“Yo aquí viví, yo labré estas tierras, no tienen porque desaparecer aunque si así fuera pues me quito el problema de encima pero tengo hijos y nietos y esto es todo lo que tengo luego pueden venir a quitarlo a palos o muerte, así sucedió en otro lugares”.

Sentado bajo el árbol que hace más de 10 años sembró en sus tierras Rogelio Soto Valencia integrante de la comunidad de José María Morelos se dice preocupado por lo que en los próximos años pueda suceder.

Su terreno queda a escasos metros de la aeropista que edificó el gobierno del estado hace algunos años y que servirá de lugar de tránsito a este sitio turístico que atraerá visitantes nacionales e internacionales.

Aún no le han requerido que desaloje sus tierras pero teme que dentro de poco eso suceda y cuando los primeros cimientos de los edificios se construyan anticipa que requerirán de más tierra.

Dispuesto a negociar con los grandes inversionistas, Rogelio sabe que su terreno podría convertirse en campo de golf y que sus hijos y nietos serán empleados de algún hotel.

Su comunidad sufrirá los cambios que cualquier sitio turístico enfrenta cuando la población aumenta de 3 mil a 30 mil habitantes en un periodo de 10 años según señaló que sucedería la empresa constructora.

Además con la edificación de este nuevo proyecto se verán afectados por lo menos otros dos sistemas productivos de la comunidad la agricultura, la ganadería y la pesca.

Una centena de ejidatarios incluido el propio Rogelio Soto se dedican a la producción de Sal.

Trabajan en la cooperativa Param y Chola, la laguna seca en la que opera la empresa ejidal corre el riesgo de desaparecer.

Según relatan algunos de los ejidatarios existe la posibilidad de que la laguna se convierta en una marina con restaurantes y área de caminata.

Reporte Indigo intentó hablar con la empresa para conocer detalles del proyecto sin que hubiera resolución a la solicitud de entrevista que se solicitó.

Se sabe que en los próximos meses la empresa recibirá el aval de la secretaría de Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales quien determinará si el proyecto de construcción del complejo turístico cumple con las medidas de conservación del medio ambiente.