La derrota en Nuevo León del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, fue una señal de que el partido debe renovarse, asegura el ex gobernador priista Sócrates Rizzo.

“El partido tiene que reforzarse, tiene que repensar muchas cosas, tiene que renovar liderazgos”, insiste el también ex presidente estatal del PRI desde su oficina en la colonia Vista Hermosa, al poniente de Monterrey.

“Creo que los priistas deben reflexionar de que termina la elección, se termina un ciclo y se abre otro nuevo. Hay una nueva elección, cambia  la estructura del poder, la correlación de fuerzas”.

En Nuevo León, Peña Nieto fue superado por Josefina Vázquez Mota por más de 130 mil votos, lo que ocasionó críticas hacia el gobernador Rodrigo Medina, quien públicamente se desligó de este fracaso.

Medina fue señalado no sólo como el perdedor en la elección, sino como el traidor del partido. La derrota histórica para el tricolor se sumó a las de Tamaulipas y Guanajuato.

Pero Rizzo piensa que Medina no perdió, ni traicionó.

“Flaco favor le hubiera hecho Rodrigo Medina al PRI en Nuevo León si él hubiera violentado la legislación y hubiera intervenido directamente en la campaña.

“Hay una lealtad del partido hacia el gobernador y del gobernador hacia el partido, es cierto. Pero creo que el partido tiene una autonomía relativa, porque el PRI en Nuevo León es el partido en el gobierno, no es el partido del gobierno”.

Recuerda que durante su campaña en 1985, por una diputación federal, el entonces presidente Miguel de la Madrid acudió a reuniones para entregar obras que él había gestionado en su candidatura.

Hoy, dice, eso sería imposible porque cambiaron las leyes electorales.

“(El gobernador) puede influir, desde luego, a través de su  liderazgo, a través de las relaciones interpersonales, a través de unas llamadas telefónicas, buscar la unidad del partido.

“El gobernador tiene que guardar cierta distancia, o sea, tiene cierta jerarquía ideológica, cierta jerarquía política, pero le da cierta autonomía al partido para que se mueva”.

El ex mandatario que gobernó Nuevo León de 1991 hasta 1996, año en que renunció luego de la denominada “Guerra del Agua”, cuando se opuso a la Federación para abrir las compuertas de la Presa El Cuchillo, dice que es necesario recuperar las bases del partido.

“Debemos replantear el empoderar a las bases priistas para que hagan una gestoría vigorosa, no sólo en las administraciones del PAN, sino también en la administración estatal”.