Lejos está “El Bronco” de su época gloriosa que lo llevó hace un año y medio a convertirse en el primer gobernador en México en ganar una elección sin ser postulado por un partido político 

Desgastado y cada vez más aislado, rehén de sus propias promesas de campaña, con más errores que aciertos, así llega el gobernador Jaime Rodríguez a su primer año de gobierno.

 

Lejos está “El Bronco” de su época gloriosa que lo llevó hace un año y medio a convertirse en el primer gobernador en México en ganar una elección sin ser postulado por un partido político.

 

Hoy esa confianza y respaldo ciudadano que logró Rodríguez en la elección del 7 de junio – obtuvo una cifra histórica de un millón de votos- está en riesgo de diluirse entre los regiomontanos. 

 

En un año de gobierno la imagen del “El Bronco” ha comenzado a presentar signos de desgaste y de deterioro, situación que lo pone en desventaja en su proyecto de postularse como candidato independiente a la presidencia en el 2018.

 

No hay muchos logros que pueda presumir “El Bronco” en estos primeros 365 días de ejercer el poder en Nuevo León.

 

El excesivo endeudamiento que heredó de la administración pasada –que ronda por los 72 mil millones de pesos- no le ha permitido tener margen de maniobra en las finanzas estatales para poder emprender un programa de obra pública en el Estado y concluir los proyectos pendientes.

 

No se ha logrado conseguir los recursos para terminar la Línea 3 del Metro, un proyecto que dejó inconcluso el gobierno de Medina y por el cual se debería de deslindar responsabilidades entre los exfuncionarios que estuvieron a cargo de esta obra.

 

La terminación de los hospitales de alta especialidad en Nuevo León están pendientes, así como proyectos como la construcción de un penal en el estado.

 

La reestructuración del transporte urbano es uno de los principales logros de la actual administración, un proyecto que ha quitado control a la CTM en este sector, así como la creación de un subsidio para que los estudiantes no paguen por el transporte.

 

Es cierto que hay avances en la apertura de los procesos de licitaciones públicas. En la actualidad existen más herramientas de control en las adjudicaciones, sin embargo, la sospecha de cobros de moches a contratistas para ganar contratos sigue existiendo en la Secretaría de Administración que encabeza Enrique Torres Elizondo, así como en la Secretaría de Salud, a cargo de Manuel de la O.

 

El combate a la corrupción ha sido el principal eje de la administración de “El Bronco”. Creó una Fiscalía Anticorrupción que hizo historia  llevando a juicio al exgobernador Rodrigo Medina y a un grupo de exfuncionarios por apoyos ilegales otorgados a la empresa Kia Motors para su instalación en el municipio de Pesquería.

 

El proceso legal contra Medina y sus colaboradores se prolongará hasta el próximo año, hay propiedades que están embargadas de los exfuncionarios, inhabilitaciones administrativas en curso, pero en el Poder Judicial de la Federación está un juicio de amparo tramitado por la defensa del exgobernador que pudiera echar abajo todo el caso presentado en su contra por Rodríguez.

 

Pero son las equivocaciones las que marcan el primer año de “El Bronco” como fue el manejo del “Cobijagate”, la crisis de seguridad y la división que vive su equipo de gobierno.

 

Hoy el gobernador cada vez está más aislado . Los grupos empresariales, que lo apoyaron en la elección, poco a poco lo están abandonado. Los organismos intermedios, han pasado en un año de rendirle culto a realizar duras críticas en contra de su gobierno.

 

El gabinete de “El Bronco” es quizás su mayor fracaso.

 

Es un grupo que no conoce la cohesión, que vive confrontado entre los funcionarios que están con el coordinador ejecutivo del estado, Fernando Elizondo, y los que le deben su cargo a Manuel González, secretario general de Gobierno.

 

La pugna entre “elizondistas” y “manuelistas” ha sido y será el principal problema que enfrenta un gabinete inexperto que no logra superar la curva de aprendizaje.

 

En el gobierno de “El Bronco” se ha impuesto la improvisación y la ocurrencia en lugar de la planeación. La sandez en lugar de la civilidad. La autocomplacencia ha sustituido la autocrítica. La soberbia ha desplazado la humildad y el trabajo.

 

Hoy “El Bronco” es rehén de sus promesas de campaña: meter a la cárcel al exgobernador Rodrigo Medina, cancelar el proyecto hidráulico Monterrey VI y no endeudar más al estado, son compromisos que cada vez parecen más difícil de cumplir.

 

Si antes era la tozudez lo que caracterizó a “El Bronco”, el ejercicio del poder lo ha vuelto contradictorio e inseguro.

 

Ha sido un año de confrontaciones más que de acuerdos. La civilidad se ha roto en Nuevo León entre las fuerzas políticas. 

 

“El Bronco” ha tenido enfrentamientos con el Congreso del Estado, controlado por el PRI y el PAN. 

 

Se ha peleado con los jueces y magistrados del Poder Judicial del Estado, por el caso Medina. Con los medios de comunicación. Con los organismos empresariales.

 

Hasta con su hermano, Adex Rodríguez, uno de sus principales operadores políticos de campaña, se ha distanciado y se ha vuelto uno de sus mayores críticos.

 

Es apenas un año de gobierno. Hay tiempo para corregir y ajustar. Pero si no lo hace “El Bronco” seguirá cabalgando…pero a la deriva.

 

La inseguridad que regresó

 

“El Bronco” ha perdido las riendas en la seguridad, uno de los temas que se suponía que más dominaba por la experiencia que vivió como alcalde de García.

 

En el último año en Nuevo León la incidencia delictiva ha subido como la espuma, sin que hasta el momento se observe una estrategia por parte del mandatario para contrarrestar el incremento de delitos.

 

Hace dos meses, en agosto se alcanzó el número total de ejecuciones registradas el año pasado en la entidad. Lo mismo pasó con el número de casos de secuestros y extorsiones denunciados ante el Ministerio Público.

 

El robo de vehículos lleva una tendencia a la alza, que convertirá el 2016 en el año con más autos robados desde el 2013.

 

El primer año de “El Bronco” estuvo marcado por la riña-motín en el Penal del Topo Chico que dejó en febrero pasado 49 reos muertos en este reclusorio. Un jefe de la Policía Ministerial del Estado y un elemento de esta corporación fueron ejecutados sin que las autoridades hayan podido esclarecer estos casos.

 

El panorama en la seguridad se vuelve más oscuro por la disputa que existe entre los diferentes cárteles de la droga que operan en Nuevo León, organizaciones que han encontrado las condiciones para instalarse en la entidad.