México es considerada como una de las naciones más integradas en flujos de comercio exterior gracias a que transitó de ser un exportador de petróleo para convertirse en un líder emergente de manufactura con los tratados como el T-MEC.

Prueba de ello es que del total de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, 7.8 por ciento son agropecuarias, 0.9 por ciento extractivas, y 91.3 por ciento son manufactureras.

Ildefonso Guajardo asegura que este cambio de rumbo le permitió al país generar no solo un mayor número de empleos, también que estuvieran mejor pagados y eso es a lo que se debe apostar.

Para el exfuncionario federal la clave para atraer nuevas inversiones al país está en ofrecer certidumbre legal y jurídica, sobre todo porque se están dando cambios importantes que provocarán el regreso de capitales.

“El T-MEC es la única luz que se ve al final del túnel y para llegar a esa luz se tiene que cuidar mucho el posicionamiento de México en inversiones que, de forma natural, se van a relocalizar de Asia hacia América del Norte”, añade el exsecretario de Economía.

El nuevo documento es la pieza central del rompecabezas de México, pero no es el único con el que cuenta.


La red comercial del país se extiende a 13 tratados con más de 50 naciones, 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 33 economías, y nueve acuerdos de alcance limitado

Un movimiento positivo fue el avanzar sin Estados Unidos en la negociación del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP o TIPAT), con lo que se logró acceder a un mercado con un PIB que supera los 10.6 billones de dólares y moviliza 11 mil 483 millones de dólares en mercancías.

Otra decisión importante fue la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM), con el que la región se convirtió en el tercer socio comercial más importante del país del águila y en su segundo mayor inversionista.

“Lo más importante es seguir aprovechando la red de tratados internacionales con el objetivo de diversificar la presencia de México en el mundo para bajar la dependencia que se tiene con el mercado estadounidense”, dice Ildefonso Guajardo.

Relación complicada

Como parte de la entrada en vigor del T-MEC, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que realizará una visita a Washington para reunirse con su homólogo estadounidense.

La medida dividió las opiniones sobre si el actual gobierno está preparado para asumir las posibles consecuencias de este encuentro mediático.

Lo cierto es que la reunión se dará en un momento delicado, ya que el republicano se encamina hacia las próximas elecciones presidenciales donde buscará una segunda victoria.

Guajardo comenta que se trata de una ceremonia para celebrar el tratado e insiste en que la comitiva mexicana debe estar preparada porque el temperamento del inquilino de la Casa Blanca puede poner en riesgo la imagen de México frente al mundo.


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El T-MEC puede convertirse en una oportunidad perdida si no se generan condiciones que den certeza jurídica y se descuidan las obligaciones dentro de los acuerdos comerciales

Ildefonso Guajardo

Exsecretario de Economía

“Hay que mantener el equilibrio y no involucrarse porque México tiene mucho que perder. El presidente y quienes lo acompañen deben estar preparados para contestar y si es necesario poner en su lugar al mandatario estadounidense”.

Puntos espinosos del T-MEC

Este año el presidente Trump se jugará su permanencia en la Casa Blanca y a pesar de que existe la probabilidad de que la cuerda se tense por la retórica en contra de los mexicanos, el subsecretario Jesús Seade asegura que se debe mirar hacia el largo plazo, porque el T-MEC es un acuerdo que tendrá vigencia incluso después de que sus negociadores dejen de ocupar sus puestos actuales, similar a lo que ocurrió con el TLCAN.


El T-MEC es para los próximos 25 o 50 años. Va ayudar a mejorar la relación no solo con Estados Unidos y Canadá, también con otros socios porque uno de los puntos más álgidos era el tema laboral

Jesús Seade

Subsecretario para América del Norte

Jesús Seade explica que el sistema que se había tenido en México de contratos de protección aseguró una represión laboral que data desde las décadas de los 80 y 90 cuando se emprendió una estrategia para disminuir la inflación.

Uno de los puntos más álgidos de la modernización del acuerdo fue el capítulo 23 relativo al tema laboral.

Dentro de las disposiciones aprobadas destaca la implementación de derechos reconocidos de manera internacional bajo la legislación nacional de cada socio de la región de Norteamérica, incluyendo condiciones aceptables sobre salarios mínimos, horarios de trabajo, seguridad y salud en el empleo.

Esto quiere decir que a partir de este 1 de julio México, Estados Unidos y Canadá se rigen bajo un mismo esquema, el cual están obligados a respetar. En caso de que alguno de los miembros del tratado incurra en alguna inconsistencia el resto podrá acudir al sistema de paneles de solución de controversias, algo que con el TLCAN no existía.

Para Seade esto permitirá contar con con defensas en relación a las disputas que se habían experimentado durante décadas y que le pasó factura a millones de familias mexicanas.

“Ese factor ha sido un irritante con Estados Unidos porque muchas empresas se movieron hacia territorio nacional para ganar competitividad sobre bases de salarios bajos porque no había un campo de batalla parejo”, argumenta el economista.

Ahora el siguiente paso será que México cumpla con lo acordado, de lo contrario el subsecretario para América del Norte asegura que ocurrirán disputas comerciales, pero la defensa contra eso será hacer los cambios correctos y que el país se sepa defender.

Camino hacia la OMC

A inicios de junio, el presidente López Obrador designó al Jefe Negociador como candidato al puesto de director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

México se convirtió en el primer país en nombrar a alguien para suceder en el puesto al brasileño Roberto Azevêdo, quien dejará el cargo el próximo 31 de agosto.

La nominación se dio en la antesala de la promulgación del T-MEC y las expectativas de que un mexicano pueda ocupar la silla del máximo órgano comercial son altas.

El tema laboral fue uno de los que generó mayor controversia durante la renegociación del tratado. Al final, los tres socios llegaron a un consenso que les permitirá mejorar las condiciones de los trabajadores de la región

Antes de convertirse en funcionario del actual gobierno, el mexicano participó en la creación de la OMC en la década de los 90 y fungió como director general adjunto de la organización.

“Es un honor para mí que me hayan nominado y creo tener lo que hace falta. La OMC está en medio de una tormenta y necesita de un liderazgo que le permita salir de esa situación. Habrá que empujar fuerte”, asegura Seade.

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