Cárceles de la miseria

Maltrato, violación de derechos humanos, segregación y autogobierno son los factores que marcan la operación de las cárceles en el estado de Michoacán, en donde indígenas, mujeres y personas de escasos recursos son las principales víctimas del funcionamiento de los centros penitenciarios al margen de la política del gobierno estatal.

J. Jesús Lemus J. Jesús Lemus Publicado el
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20
por ciento de la población carcelaria en Michoacán son mujeres. Los gritos y la tortura psicológica son más comunes entre las internas
Para los internos que no pagan cuotas dentro de la cárceles tienen que hacer el aseo de todas las celdas y no tienen derecho a bañarse ni a tomar un vaso de agua. Beben del grifo y comen de lo que les dan. La mayoría de los más pobres, los ‘huerfanitos,’ no tienen siquiera quién los visite

Maltrato, violación de derechos humanos, segregación y autogobierno son los factores que marcan la operación de las cárceles en el estado de Michoacán, en donde indígenas, mujeres y personas de escasos recursos son las principales víctimas del funcionamiento de los centros penitenciarios al margen de la política del gobierno estatal.

De acuerdo a un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), derivado de una revisión a las condiciones en que operan los principales centros penitenciarios de mediana seguridad a nivel nacional, Michoacán es uno de los sitios en donde el mayor problema existe para la reinserción social de los internos.

El problema de las cárceles en el estado no solo se deriva del abandono de las políticas oficiales y la entrega de los centros penitenciarios a verdaderas mafias que operan al interior de las cárceles en la entidad, también tiene que ver con el nivel de corrupción que sigue permeando en la estructura del gobierno estatal, dijo el abogado Jaime Espinoza Curiel, integrante de la asociación Pro Reos en el estado de Michoacán.

Para el litigante, el problema de la corrupción en las cárceles estatales es añejo. No es un asunto que tenga que ver con la actual administración estatal. Es un asunto que se ha venido señalando por lo menos desde hace dos décadas, pero no hay instancia que quiera conocer de los reclamos de los abogados y familiares que intentan velar por el bienestar de sus internos.

El informe de la Comisión Nacional de Derecho Humanos, que se levantó tras la revisión de las condiciones de vida en por lo menos cinco de las 16 cárceles más pobladas del estado, indica que serían los indígenas y las mujeres los sectores sociales que más son victimizados al interior de las prisiones estatales, donde su condición de vulnerabilidad aumenta por el abandono de las autoridades penitenciarias.

Y es que a la condiciones de autogobierno en que se mantienen la mayor parte de los presos michoacanos, se suma la falta de una política oficial para lograr la reinserción social de estas personas, las que en por lo menos dos de cada cinco casos vuelven a delinquir –a causa de sus condiciones de pobreza- estando dentro la cárcel.

Según la organización Pro Reos del Estado de Michoacán, uno de los problemas sociales más graves que se registran dentro de las cárceles del estado, es la extorsión. La mayor parte de los presos son sometidos al pago de cuotas, las que van desde uno hasta varios cientos de pesos al día, por actos tan elementales como tener derecho al agua potable, a la comida o a la visita íntima.

Para el gobierno estatal no existe ningún problema al interior de las cárceles, pero tampoco permite el acceso a la información sobre el manejo de los principales centros penitenciarios que operan en la entidad, en donde se estima una población de 8 mil reos, la mayoría de ellos acusados por delitos del fuero común, donde el homicidio, el secuestro y el robo calificado son las principales causas de reclusión.

Sexo por cinco ‘varos’

Apenas suena el timbre, entra la llamada. Son las 11 de la mañana. En el interior de la cárcel estatal de Mil Cumbres de Morelia ya comienzan las actividades de recreación. Se oye el griterío de internos como si fuera el patio de recreo de una escuela primaria. Rodrigo usa un teléfono celular que un custodio le renta por 40 pesos por cada llamada entrante y 100 por las llamadas salientes. El reportero agradece al interno que conteste el teléfono.

No hay fijón –responde, sabiendo el favor que hace-. Me dijo mi carnal que querías una entrevista. A la orden, carnalito.

-¿Cuánta pagas de cuotas dentro de la cárcel?

Depende –dice y hace una pausa para reflexionar-. Eso es en base a lo que uno quiera hacer. Por ejemplo: si no quiero pasar lista, tengo que pagar dos pesos al custodio. Si quiero que me traigan comida de la calle, tengo que pagar 20 pesos a la guardia. Si quiero fumar mota me tengo que aventar con 20 pesos…

> ¿Si quieres tener sexo, cuánto pagas?

Es muy variado –cuenta con más confianza-. Si es en la visita íntima (con su esposa) hay que pagar 20 ‘varos’. Pero si es con las muchachas que a veces entran, hay que mocharse con la guardia con uno de 200. Aunque a veces haciendo fila con las chavas que entran, si eres de los últimos solo pagas cinco ‘varos’, y listo.

> ¿Cuánto pagas por el servicio de agua?

-Si quieres tener derecho a un garrafón de agua en tu celda, te tienes que mochar con los custodios con 10 pesos, eso más aparte lo que se le paga a la Mamá (el interno jefe de cada celda), hay unos que son manchados, y te cobran hasta 20 pesos por el garrafón de agua dentro de la celda.

> ¿A la semana como cuánto pagas de cuotas?

-Es como te digo. Es variado. Depende lo que quieras hacer. Si quieres trabajar tienes que mocharte con los oficiales.

> ¿Cuánto te cobran por trabajar?

-Por dejar que entren los materiales (para la elaboración de artesanías de madera) y que te los traiga la familia, están cobrando entre 30 y 100 pesos. Cuando te lo traen los propios custodios, la cuota se sube a entre 100 y 200 pesos.

> Si pagas cuota, ¿puedes comer lo que tú quieras?

-Sí. No hay bronca. Te apalabras con la Mamá y el jefe de custodios puede entrar lo que uno quiera. A veces por un pollo o unos tacos te cobran de cuota 30 pesos. Muchos presos le entramos a la comida de la calle, porque el Rancho (la comida que se elabora para los presos dentro del penal) es muy mala. No hay calidad. Sabe a mentada de madre.

Los presos, hambrientos y olvidados

Para los internos que no pagan cuotas dentro de la cárceles estatales de Michoacán, simplemente no hay servicios y ni beneficios dentro de la prisión. Tienen que hacer el aseo de todas las celdas y no tienen derecho a bañarse ni a tomar un vaso de agua. Ellos beben del grifo y comen de lo que les dan. La mayoría de los reos más pobres no tienen siquiera quién los visite.

Se estima que en Michoacán existen al menos unos 2 mil presos que se encuentran olvidados por sus familiares. El estado tampoco vela por ellos. Son los llamados “huerfanitos”. Los que para ganarse un bocado tienen que emplearse como servidumbre de los reos más pudientes. Se dedican a lavar, hacer mandados, servir de informantes o “hacer favores” de todo tipo.

Por dos pesos, cualquier “huerfanito” hace el aseo de una celda. Por 10 pesos lava seis camisas y seis pantalones. Por 10 pesos se convierte en resguardo (esconde en su persona o en su celda drogas o puntas de otros internos). A veces el servicio de ese grupo se hace solo para ganarse la comida de todos los días. Los “huerfanitos” son los hambrientos de la cárcel, que siempre están solos.

Los propios custodios utilizan a estos presos como “carne de cañón”. Son los primeros inculpados de los delitos que se comenten al interior de la cárcel. Se les responsabiliza de todas las violaciones a la seguridad, para dejar a salvo a los encargados del autogobierno, principalmente cuando se hacen revisiones externas que dan por resultado el decomiso de drogas, armas o sistemas de comunicación no autorizados.

Mujeres, el sexo abandonado

El 20 por ciento de la población carcelaria en el estado de Michoacán son mujeres. La segregación en ese sector es más cruel y humillante que entre los hombres, estima el abogado Jaime Espinoza Curiel. La autoridad penitenciaria se impone de manera más violenta. Son sometidas de manera más humillante. Los gritos y la tortura psicológica son más comunes entre las internas.

Un informe de la CNDH entregado al gobierno de Michoacán, reconoce el estado de abandono y segregación en el que se encuentran las reclusas de al menos tres centros penitenciarios de la entidad. En base a dicho informe, la CNDH emitió una recomendación al gobierno estatal para evitar la marginación de las internas.

Pese a ello, el gobierno estatal no ha aplicado un solo programa emergente para la atención de mujeres en prisión. En todos los centros penitenciarios se trabaja con el programa de reinserción social que se aplica desde hace 40 años, que se finca en la formación académica de las reclusas, a las que no se les prepara para el regreso a la sociedad.

Una fuente del área de trabajo social consultada por Reporte Indigo, confirmó la inexistencia de programas actualizados para lograr la reincorporación social de las reclusas de Michoacán. La autoconciencia es la única herramienta que tienen para reingresar a los grupos sociales a los que pertenecen.

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