Liliana Rivera Garza tiene muchos más años bajo tierra de los que vivió sobre ella. Su hermana, la escritora Cristina Rivera Garza, junto a sus padres, acudió al lugar donde desde hace 30 años yacen sus restos después de haber sido víctima de feminicidio el 16 de julio de 1990 por parte de su novio de la preparatoria, con quien ya llevaba años tratando de terminar su relación.

Hace tres décadas, Liliana Rivera Garza era apenas una chica de 20 años, amante de la literatura, de la arquitectura y del cine; se dedicaba a la escritura en cada oportunidad que tenía; además, le encantaba el rock latinoamericano, en especial la canción “Lucha de gigantes”, que cantaba con una de sus mejores amigas, Ana Ocadiz, confidente de aquellas locuras juveniles y de sus primeros romances, compañera de viajes de carretera y quien, alguna vez, le expresó: “¿Y quién siente la incomodidad o el desvelo cuando tienes 20 años y vas con destino a la belleza y la libertad?”.

Transcurrió mucho o poco tiempo, esa no es la cuestión, pero fue el lapso necesario para que la escritora Cristina Rivera Garza encontrara la energía y fuerza necesaria para escribir El invencible verano de Liliana, libro con el que honra a las mujeres víctimas de feminicidio, las nombra y saca a la luz, rescatándolas de entre todos los archivos que se encuentran en la Fiscalía General de Justicia, como el de su hermana menor Liliana y, con ello, buscar justicia.

“Por muchos años intenté escribir este libro y fracasé rotundamente, creo, porque lo estaba tratando de hacer como ficción y me hacía falta encontrar las palabras de mi hermana. Últimamente estoy pensando que mi meta experimental tiene que ver con honrar a las mujeres, hacer que una lengua patriarcal puede ser crítica de sí misma, eso es fundamental en este libro, es la vuelta de tuerca”, expresa a Reporte Índigo.

Las palabras llegaron a ella motivada por los movimientos feministas y por la fortaleza de todas las mujeres que trabajan y luchan por los derechos de género. Se lo debe a Elvia Carrillo Puerto, lideresa feminista y luchadora social, quien inició el primer Congreso Feminista, hasta las últimas marchas en el país que denuncian la situación de violencia hacia las mujeres. El lenguaje se convierte en acción y son esas acciones artísticas, comunitarias y legales, lo que, comenta, hicieron posible este libro.

Entre cajas y laberintos, la historia de Liliana Rivera Garza

Siete cajas de cartón, voluminosas y alineadas, estaban en la parte superior del clóset del departamento de Liliana Rivera Garza, en Azcapotzalco, además cuatro huacales pintados de color lavanda resguardaban sus pertenencias. Se trata de un archivo que construyó a partir de cartas, notas, diarios, recados, dibujos, mapas y libros.

Al enfrentarse a estos objetos, después de un año de haberlos recogido, Cristina comparte que la voz de su hermana atravesó el tiempo. De esta forma encontró el sentido de su libro, que fueron las propias letras de Liliana Rivera Garza.

También inició lo que Cristina describe como “los laberintos interminables de la administración de la justicia”, sacando el archivo de su hermana, el cual se entraba olvidado en una oficina.

“En mi casa llevamos un duelo muy privado de muchos años, pero ya estuvo, aquí está una conexión con el duelo de muchos, de tantos. Finalmente, es algo que compartimos. Es evidente la voz de Liliana, yo hago una especie de coautoría, pero su voz es la que hace reverberación en otros, le pertenece a ella, ella la cuidó y fue esculpiendo, yo sólo se las pasó”, explica.

Al inicio de la pandemia tuvo lo que llama “una época dorada”, porque pudo leer, clasificar y transcribir el libro y pudo contactar a los amigos de su hermana. Para ella, representó una carga emocional y física enorme; sin embargo, uno de los momentos más entrañables que recuerda fue cuando contactó a Ana, la mejor amiga de Liliana, al escuchar su voz no pudo contener el llanto.

La escritora de la familia

El libro le permitió sentir aún más la presencia de su hermana y conocerla en otras facetas, las versiones de sus amigas y amigos, de los novios que tuvo en la época de la secundaria y los secretos que guardó.

“Por muchos años pensé que a Liliana le interesaban las artes visuales, pero no estaba al tanto hasta que revisé todos sus papeles y de la gran cantidad de escritura que produjo, tenía una relación muy crítica, juguetona y lúdica con el lenguaje. Me di cuenta, entre otras cosas, que ella era la escritora de la familia. Creo que en esa época ella estaba escribiendo más que yo, leía mucho, me di cuenta que leyó muchos de los libros que llevé a la casa. También me dio gusto que sus amigos recuerden con cariño su sentido del humor, me encanta que le digan que era una cábula, siempre burlándose de cosas”, recuerda.


De niñas hacíamos pequeños teatros, yo creo que por eso terminamos escribiendo mucho, porque hacíamos teatro con nuestras ramitas fabricando historias con las que nunca estábamos de acuerdo, ella siempre a favor del amor y yo de cosas terribles que tenían que pasar

Cristina Rivera Garza

Escritora

El tiempo la hizo estar inmersa en su propio duelo, no fue, sino hasta las charlas que tuvo, que logró ver que era algo compartido. Descubrió que tras el asesinato de su hermana muchos amigos se separaron, que organizaron varias misas, llevaban, cada uno, su propio dolor y al reunirse, de alguna manera, fue parte de un proceso de sanación, pero que sólo estará completo hasta que se haga justicia.

Para la también autora de Autobiografía del algodón toda escritura es comprometida y lleva una promesa, pues no cree en la idea del arte por el arte, sin adjetivos en todas esas entelequias, que se generan para decir que están a favor de las cosas que están pasando y sin posición política.

Cada libro que ha realizado la fue preparando para escribir El invencible verano de Liliana, pues sabía que tenía una cuenta pendiente, presión que sintió aún más con la pandemia, de creer que podía caer fulminada por el virus, por lo que al hacer este libro le añadió un sentido de urgencia.

Después de culminar el texto, Cristina Rivera comparte que se encuentra cansada, pero no como años pasados en los que cargó todo tipo de emociones inexplicables generadas por el trauma encriptado vivido, ahora ha podido articularlo y exteriorizarlo. Una noche antes de esta entrevista descubrió un alivio, incluso, un descanso que hace mucho tiempo no sentía, una consecuencia temprana de que el libro saliera a la luz.

“Liliana siempre ha estado conmigo, más bien, lo que el libro me permite es compartir con todos ustedes su presencia que he guardado mucho tiempo y me parece, ahora más que nunca, que esté afuera, que el presunto feminicida, si es que vive, que vea que no ganó, que los homicidas matan a mujeres para callarlas, desaparecerlas, pero fíjate que no, que la escritura es más poderosa y aquí está la muestra de Liliana, su cara estará en todos lados”, concluye Cristina Rivera Garza.

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