En el pueblo de San José Independencia, Oaxaca, ubicado en la Sierra Mazateca baja, los danzantes Toxo’o recorren la comunidad, casa por casa, para honrar con baile y música a los seres queridos que ya no están.

Dan las 6:00 de la tarde del 27 de octubre y de entre las milpas del Cerro Campana comienzan a salir entes vestidos con jorongo, huipil, paliacates, calzón, camisa de manta y sombreros de bejuco, algunos portan instrumentos como el güiro, tortuga, vihuela, tambor, violín o guitarra, son los Toxo’o y vienen a cantar y a danzar en nombre de los fieles difuntos.

Estos danzantes cubren sus rostros con máscaras de madera de jonote como un símbolo de renunciar a su identidad y prestar su cuerpo terrenal a los muertos que visitan a sus familiares. La tradición tiene más de cien años en San José Independencia y es una de las festividades más importantes de la región.

Con caretas talladas en forma de calavera, hombre viejo o rostro de mujer, los danzantes entonan canciones en mazateco que cuentan historias o cantan mensajes que los fallecidos quieren transmitir a quienes continúan vivos.

Los grupos de Toxo’o se conforman de tres hasta 50 integrantes, con edades que oscilan entre los cuatro y los 39 años. Ellos mismos componen sus canciones, y algunas de ellas se han transmitido de generación en generación.

Durante siete días, chicos y grandes bailan sin parar desde el mediodía “hasta donde el cuerpo aguante”; sin embargo, al llegar el 2 de noviembre, los danzantes regresan a bailar a la casa de descanso del panteón para dejar en sus tumbas a las ánimas que acogieron durante su visita.

Uno a uno, los Toxo’o regresan a las milpas, se despojan de sus prendas y vuelven al mundo terrenal, ya sin máscara y con su identidad de siempre, pero con una nueva vivencia.

“Una enseñanza y una flor han mandado para ustedes, una enseñanza y una flor, porque solo flores y hojas hay allá del otro lado”
Canto mazateco, fragmento

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