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2deFebrero

Tamales, una tradición que continúa

Fernanda Muñoz

Mañana se celebrará el Día de la Candelaria, y todos los que sacaron “muñequito” en la Rosca de Reyes tendrán que pagar su deuda. Un experto de la UNAM explica el origen de esta tradición, que data desde la Conquista de México


Feb 1, 2019
Lectura 6 min
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Todos los mexicanos son conscientes de que cada 2 de febrero se deben comer tamales. Pero, ¿por qué se venden tanto en esta fecha? ¿De dónde viene la costumbre?

La Virgen María presentó a su hijo después de 40 días de nacido, según la costumbre judía, en el templo de Jerusalén, sus padrinos le debieron llevar comida, entre otras cosas. Basados en eso, cuando el 6 de enero una persona saca de su rebana de Rosca de Reyes “el muñeco”, que representa al niño Jesús, se vuelve automáticamente en su madrina o padrino. Esta costumbre o ideología está presente en el país desde la Conquista de México.

“La fiesta de la Candelaria es cuando el padrino o madrina del niño Jesús lleva tamales, los cuales son completamente novohispanos, no son para nada prehispánicos, porque están elaborados con manteca de cerdo, un ingrediente que no había en el época indígena”

- Salvador Mendiola

Sociólogo de la UNAM

El también periodista comenta a Reporte Índigo que los tamales son una costumbre que se daba inicialmente sólo en los bautizos, como desayuno, “cuando estas fiestas eran más serias” y se acompañaban con chocolate.

40 días después de nacido, fue presentado el niño Jesús en el templo

Aunque hay algunos textos que mencionan la coincidencia entre las prácticas prehispánicas y lo religioso, respecto a esta celebración, el también gastrónomo recalca que “una de las medidas que tomó muy serias la Iglesia Católica, en lo que llamarían la ‘conquista espiritual’, fue evitar la coincidencia de fiestas, de Santos o rituales con las costumbres de los indígenas”, pues nunca hubo la intención de adecuarlos, “sino más bien de borrarlos y no recordarlos”.

Así que el Día de la Candelaria tiene un origen básicamente colonial y religioso, pero que con el paso del tiempo se ha convertido en un pretexto para convivir y reforzar lazos con amigos y familiares

Las ollas de oro

Patricia Núñez tiene 14 años vendiendo tamales. Mientras el vapor sale de la olla que tiene a su lado, la vendedora cuenta que el más vendido es el de pollo con salsa verde y asegura que este negocio nunca le ha quedado mal.

“Pues es que a todos les gustan; de los 14 años que llevo vendiendo, el más difícil fue el primero, porque la gente no me conocía. Empecé vendiéndolos por todas las calles, a veces me iba hasta el Centro, no tenía un lugar fijo, y yo creo que ahí está el error, uno debe tener su lugar, que la gente nos reconozca y de paso le platique a otros de nuestra sazón”, cuenta doña Paty, como le dicen los clientes que van llegando a comprarle la inconfundible guajolota chilanga.

14 años lleva Patricia Núñez vendiendo tamales en México

Para este 2 de febrero, doña Paty ya tiene 10 pedidos de diferentes cantidades de tamales; dos se los encargaron miembros de su familia, cinco unos vecinos y los tres restantes clientes que le fueron agarrando confianza.

A pesar de que el vendedor de tamales callejero es el que más caracteriza a la capital, una nueva era les empieza a hacer competencia: los que ofrecen el mismo servicio, pero a través de Internet.

Cuando Casandra Jiménez necesitaba dinero extra para sus estudios, pensó en una manera de conseguirlo. Inspirada en lo que comía su padre, se le ocurrió vender tamales vegetarianos. Debido al poco tiempo que tenía de sobra para poder salir a venderlos a las calles, vio en el Internet una gran ventaja.

“Hace cuatro años decidí vender tamales por Facebook, al principio yo era la única involucrada, pero después mis primos y mi cuñada decidieron ayudarme, porque era mucho trabajo”

- Cassandra Jiménez

Estudiante de Medicina y dueña de Tamaltitlán

En Tamaltitlán, como le pusieron a su perfil, venden tamales de flor de calabaza y queso panela con salsa verde, espinaca, zarzamora con requesón y guayaba, por mencionar algunos de los 15 sabores que tiene en su menú, con un costo de 25 pesos cada uno. Esta variedad sí ha sorprendido, ya que Casandra admite que muchas veces los clientes se han decepcionado, porque no tiene de los sabores típicos.

Cuando un interesado quiere una orden de tamales, les manda un mensaje a través de messenger, especifica las cantidades y en qué lugar pueden coincidir para hacer la entrega. Jiménez asegura que generalmente se queda de ver con su cliente en estaciones del Metro, luego de que ya recibió la mitad del dinero, el cual se le depositó en su cuenta bancaria

“¿A poco venden por Internet? No sé si esto (los tamales) pueda funcionar así, pero si a otra gente le sirve, adelante. Yo pienso que los que compran quieren ver el estado en el que está la comida que se van a llevar, para que se vayan contentos”, dice doña Paty, cuando se le habla sobre las páginas como la de Casandra.

Por su parte, la estudiante de medicina indica que una de las ventajas que tiene Tamaltitlán, a diferencia de los vendedores callejeros, es que los usuarios pueden ver los comentarios que los compradores publican, si son buenos o malos, y no se lleven una “sorpresa” cuando lleguen a casa.

Independientemente de la manera en que las personas decidan conseguir los tamales, o los motivos que tengan para consumirlos, Salvador Mendiola dice que es un alimento que se debe disfrutar, pues “es parte del México que nos representa”.

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En Tamaltitlán venden tamales de flor de calabaza y queso panela con salsa verde, espinaca y zarzamora

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