Tabú al desnudo

En ciertas conversaciones se aconseja evitar hablar de política y religión, pero hay un tema que puede incomodar tanto que ni siquiera se menciona para sugerir no tocarlo: el deseo sexual femenino.

Si un hombre habla sobre cómo una mujer tiene un buen cuerpo, y menciona que la desea es una cosa, y en muchos círculos es aceptado como conversación cotidiana: se pueden hacer bromas –de esas entre las que se asoma la verdad– y en general forma parte de pláticas ligeras.

Ana Paulina Valencia Ana Paulina Valencia Publicado el
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En ciertas conversaciones se aconseja evitar hablar de política y religión, pero hay un tema que puede incomodar tanto que ni siquiera se menciona para sugerir no tocarlo: el deseo sexual femenino.

Si un hombre habla sobre cómo una mujer tiene un buen cuerpo, y menciona que la desea es una cosa, y en muchos círculos es aceptado como conversación cotidiana: se pueden hacer bromas –de esas entre las que se asoma la verdad– y en general forma parte de pláticas ligeras.

No así si se habla desde el punto de vista de las mujeres, que deben mantener una imagen asexuada frente a todos menos su pareja, a la que llaman “esposo”, idealmente.

Entre tanto silencio y con la finalidad de evitar momentos incómodos, para muchos, en el mejor de los casos, el orgasmo femenino es un misterio. En el peor, es una leyenda.

No se acepta en soledad 

–pocas mujeres admiten, aún si la conversación comienza, autoestimularse o ver pornografía–, y si, por alguna razón, no sucede en compañía, su ausencia tampoco es mencionada.

Y el círculo vicioso se perpetúa. Como nunca se menciona los problemas se mantienen en secreto, y por esa misma vergüenza nadie menciona el tema y los problemas continúan. Y el orgasmo vuelve a escapar.

Vergüenza y consideración

El orgasmo vaginal –que, según varios estudios, en realidad se logra gracias a la estimulación del clítoris desde el interior de la vagina, durante la penetración– es el tesoro al final del arcoiris de la sexualidad femenina: algunas afortunadas (y decenas de investigaciones al respecto) afirman que existe, pero para muchas parece imposible de alcanzar.

“Nunca había tenido un orgasmo solo gracias a la penetración hasta que encontré a mi pareja actual. Sabía que había mujeres que los tenían, pero supuse que yo no iba a ser una de ellas”, explica Claudia, una profesora regiomontana de 36 años. “Cuando finalmente lo tuve, supe inmediatamente qué era, y terminé muy emocionada. Creo que hasta le agradecí”. Sigmund Freud afirmaba que el orgasmo vaginal era un orgasmo “maduro” –ya que solo podía ser obtenido con la ayuda de un hombre–, mientras que el clitoral era, de alguna manera, “inmaduro”, quizá porque las mujeres podían conseguirlo sin participar en un acto sexual compartido.

Como consecuencia de esta teoría, que ha sido desbancada por numerosos expertos, durante décadas las mujeres que no lograban tener un orgasmo únicamente por la penetración pensaban que tenían un problema, y preferían no hablar de ello.

Aunado al tabú generalizado sobre el deseo sexual femenino, el orgasmo de las mujeres en general fue un tema poco mencionado durante las primeras décadas del siglo 20, ya que si tenían orgasmos al autoestimularse, sentían vergüenza por ello; y si no los tenían con su pareja, también.

Este círculo de silencio ha tenido millones de víctimas, en la forma de mujeres que no consiguen experimentar el pináculo del placer sexual en compañía, reservando el orgasmo para momentos de soledad, e incapaces de poner en palabras, para su pareja, su necesidad.

El resultado es devastador.

“Nunca se me ocurrió pedir que mis parejas anteriores hicieran algo distinto para poder tener un orgasmo con ellas. Solamente me ocupaba de ello después o me conformaba con estimulación al clítoris”, señala Claudia. 

“No siempre era insatisfactorio, pero una vez que tuve uno me di cuenta de que en realidad sí me estaba perdiendo de algo”, agrega.

De acuerdo a una investigación de la doctora Juliet Richters, autora del libro “Doing it down under”, 90 por ciento de las mujeres son capaces de alcanzar orgasmos solo con estimulación oral y manual, pero 52 por ciento de las más de 19 mil mujeres entrevistadas entrevistadas confesaron haber hecho que un hombre detuviera estos actos porque les daba pena “estar tardando demasiado”.

Así que aún en momentos en los que es posible alcanzar el clímax, las mujeres no sienten que sea su derecho tenerlo. Sin embargo, saben que para algunos hombres es importante creer que hicieron un buen trabajo, y eso da paso a la siguiente crisis de la sexualidad femenina: los orgasmos falsos.

Un estudio publicado en febrero del 2013, y realizado por expertos de la Universidad de Kansas, encontró que 68 por ciento de las mujeres participantes habían fingido un orgasmo durante una relación sexual.

En marzo de este año, otra investigación intentó descubrir las razones más comunes para hacerlo, y encuestó a 481 estudiantes de la Universidad Temple y la Kenyon College, en Philadelphia y Ohio, respectivamente.

Los hallazgos de la investigación sugieren que la razón principal es el miedo a herir los sentimientos de la pareja, seguida por la inseguridad, porque provoca más excitación y para causar un orgasmo en la otra persona, con la finalidad de terminar el encuentro rápidamente.

“Claro (que he fingido), creo que sería difícil encontrar a una mujer que no lo haya hecho”, dice Claudia. “Supongo que pensé que se sentirían mal si no me veían tenerlo”.

La posición de las otras mujeres entrevistadas por Reporte Indigo fue la misma. Y sin embargo, los hombres cuestionados para la realización de este reportaje afirmaron que no creían que ninguna mujer hubiera fingido un orgasmo durante un encuentro con ellos.

Y mientras estos aseguraron que se darían cuenta si ella pretendiera, la experiencia de ellas parece indicar lo contrario.

El orgasmo, ¿importa?

El porcentaje de los encuentros sexuales en el que las mujeres entrevistadas calcularon que estos culminan con la eyaculación masculina se encontró, en todos los casos, entre el 90 y el 100 por ciento.

Sin embargo, no todas ellas declararon estar insatisfechas con su vida sexual, aún si no alcanzan el clímax en cada una de las ocasiones.

“Siento placer durante todo el acto”, asegura Beatriz, de 25 años. “Así que no siento frustración o desesperación (cuando no tengo un orgasmo)”.

Pero para Claudia, todo depende de quién sea la persona con la que se tiene el encuentro sexual.

“Si se trata de una relación a largo plazo o un buen amigo, no pasa nada, porque también se puede disfrutar que él esté disfrutando”, dice. “Pero si es una aventura de una noche, en la que el objetivo es tener placer, las cosas cambian”.

El sexo casual, entonces, es un campo distinto en lo que a exigencias se refiere. Las mujeres esperan recibir lo que dan, y los hombres tienen solo una oportunidad para hacerlo, así que deben aprovecharla.

En cualquiera de los casos, las entrevistadas siempre prefieren la cortesía: si se sabe, por suposición o experiencia, que el encuentro terminará con la eyaculación, lo más considerado es cuidar que la pareja sienta el máximo placer antes de este momento.

“La clave es que tu pareja espere a que tengas un orgasmo y después lo tenga”, sugiere.

Beatriz. Otra de las opciones es dar a la mujer placer con métodos distintos al coito y, después de que llega al clímax, pasar a la penetración, especialmente considerando la dificultad que muchas mujeres tienen de llegar al orgasmo solamente con esta.

Pero la culpa no es de siempre de ellos, o por lo menos no completamente.

“Una vez le dije a mi pareja que las últimas veces que lo habíamos hecho no había tenido algún orgasmo –él sí lo había hecho– y él me contesto ‘¿De quién es la culpa?’”, cuenta Fabiola, una estudiante de 22 años.

Y el joven en cuestión tenía un buen punto porque, como bien dicen: para tener, hay que pedir. Y para pedir, hay que hacerlo sin pena.

100 años de sexo

Shirley Zussman es la terapeuta de sexo más anciana del mundo, con 100 años de edad. A pesar de haber vivido tanto tiempo, sigue ejerciendo su profesión en Nueva York, como lo ha hecho por más de 50 años, y en ese tiempo ha recolectado experiencias y sabiduría que cree pueden ayudar a las generaciones actuales.

Fue entrenada por William Masters y Virginia Johnson –pioneros de la investigación sobre el sexo y las respuestas del cuerpo humano en los años 50, e inspiración de la serie “Masters of sex”– y asegura que la anorgasmia era la razón principal por la que las mujeres se acercaban a ella.

“No sabían cómo tener un orgasmo y querían uno. Era una meta que querían lograr, pero se preguntaban ‘¿Cómo lo hago?’”, contó a Time. “Esa fue una de las contribuciones de Masters y Johnson, que había una manera simple de aprender sobre tu cuerpo (…); fue el primer apoyo público a la masturbación, para aprender qué te hace sentir bien”.

Su solución para la ausencia de clímax en la relación sexual es controversial para muchos, pero otra idea suya es difícil de debatir: que el estilo de vida contemporáneo provoca que destinemos menos tiempo a la intimidad y, por lo tanto, al sexo.

“Me impresiona la falta de conexión con otras personas que causan los iPhones, aunque amo mi iPhone. Hay mucha menos conexión física: menos toques, menos plática, menos abrazos, menos miradas… las personas obtienen placer de mirarse mutuamente”, dijo. “Necesitamos tocarnos para sentirnos queridos y amados. Eso falta mucho en esta generación (…), no entiendo cómo la gente no extraña eso, y no parece que sientan que hace falta”.

Por eso, el problema más grande que encuentra ahora no es la falta de orgasmos durante la relación sexual: es la ausencia de estas. Y el origen es que “la gente está ocupada todo el tiempo” y “queremos cubrir todo, saber todo y hacer todo”, y no tenemos tiempo para la intimidad.

Orgasmos sin hombres

El Journal of Sexual Medicine publicó un estudio realizado con el objetivo de identificar si la orientación sexual está asociada con la frecuencia en que las mujeres y hombres tienen orgasmos.

¿La respuesta? Las mujeres homosexuales tienen orgasmos el 74.7 por ciento de las veces, lo que las pone 13 por ciento por encima de las heterosexuales, que solo alcanzan el clímax en un 61.6 por ciento de las ocasiones.

Según los autores de la investigación, la razón podría ser que “las mujeres que se identifican como lesbianas están más cómodas y familiarizadas con el cuerpo femenino y entonces, por lo tanto, son más capaces de inducir orgasmos en sus parejas”. También consideraron la actitud en general respecto al género, los roles durante la penetración y la longitud del encuentro sexual.

Sin embargo, un grupo de mujeres homosexuales entrevistadas por Reporte Indigo aseguró que, aunque los números podrían ser ciertos, es importante eliminar la noción de que en las relaciones sexuales entre dos mujeres, ambas tienen un orgasmo en cada ocasión.

“En ocasiones sucede, igual que en las relaciones heterosexuales, pero a veces el encuentro termina cuando una de las dos tiene un orgasmo”, aseguró una joven de 26 años que pidió permanecer anónima.

Y en los hombres entrevistados, la variación entre el porcentaje de ocasiones en que alcanzan el clímax no fue importante entre los heterosexuales y homosexuales. Pero en ambos casos estuvo cerca del 85 por ciento, poniéndolos por encima de la tasa de alcance de las mujeres de cualquier categoría.

La investigación aplicó cuestionarios en línea a 6 mil 151 hombres y mujeres entre los 21 y los 65 años, y consideró las respuestas de los 2 mil 850 solteros –de los que mil 497 son hombres y mil 353 mujeres.

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