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PSICóPATAS

Psicopatía al descubierto

Eugenia Rodríguez

Cuando pensamos en asesinos seriales, no dudamos en decir “está loco” con toda seguridad. 

Pero “no todos los sujetos que tienen psicopatía son criminales (…)”, dice en entrevista para Reporte Indigo el doctor Nicolás Martínez, médico psiquiatra por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

Tampoco la psicopatía es sinónimo de “locura”.


May 20, 2012
Lectura 9 min
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"Usan su encanto y sus habilidades camaleónicas para abrirse camino en la sociedad y dejar un rastro de vidas arruinadas detrás de él”

- Robert Hare

Creador del PCL-R

"Los psicópatas no están desorientados ni viven en otro mundo (...) Su conducta es el resultado de una elección libremente ejercida.”

- Robert Hare

Creador del PCL-R

Cuando pensamos en asesinos seriales, no dudamos en decir “está loco” con toda seguridad. 

Pero “no todos los sujetos que tienen psicopatía son criminales (…)”, dice en entrevista para Reporte Indigo el doctor Nicolás Martínez, médico psiquiatra por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

Tampoco la psicopatía es sinónimo de “locura”.

“Los psicópatas no están desorientados ni viven en otro mundo (…) A diferencia de los sujetos psicóticos, los psicópatas son racionales y se dan cuenta de lo que hacen y por qué. Su conducta es el resultado de una elección libremente ejercida”, dice el doctor Robert Hare en su libro “Sin Conciencia: El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean”.

Hare es creador de la Escala de Clasificación de la Psicopatía Revisada (PCL-R en inglés), una herramienta de diagnóstico estandarizada, a nivel mundial, que permite a investigadores y clínicos “(…) distinguir, con una eficacia razonable, los auténticos psicópatas de las personas que simplemente se saltan las normas”.

Y es que la desinformación es evidente. Un claro ejemplo es la asociación errónea que se hace de la psicopatía con el Trastorno Antisocial de la Personalidad (TAP). 

Entonces, ¿quién es el verdadero psicópata? Un conjunto de 20 ítems, rasgos, características o “síntomas” establecidos en el PCL-R –o la Escala de Hare– son los que retratan el perfil del psicópata. Rasgos como la locuacidad y el encanto superficial, por ejemplo, un egocentrismo que el doctor Martínez describe como “patológico” o una sensación de autoestima aumentada, insensibilidad, falta de control conductual, versatilidad criminal… y la lista “negra” continúa.

Un rasgo clave que el doctor Martínez destaca como el “pilar para poder hablar de una persona con psicopatía”, es la escasez de afecto. “Es un afecto superficial”, aclara.

Y –curiosamente– lo reconocen. Martínez cuenta como anécdota, que en las evaluaciones que ha tenido oportunidad de hacer a sujetos con psicopatía, algunos le hablan de “cierta dificultad para entender los sentimientos de los demás, que va en función de no saber cómo son las emociones (…)”, e incluso llega a molestarles, enfatiza.

Pero esta falta de afecto es una de las ventajas que tiene el psicópata, afirma Martínez, “porque detectan cómo van en su discurso, cómo van en su comportamiento y por ahí siguen la manipulación”. Pero lo que el sujeto con psicopatía no logra identificar son sus propias emociones, “no las logran aterrizar, no las logran entender”, dice.

O, como lo explica en su libro el doctor Hare, “son incapaces de describir las sutilezas de diferentes estados afectivos. Por ejemplo, igualan amor a excitación sexual, tristeza a frustración y rabia a irritabilidad”.

Habilidades camaleónicas

Distinguir a un psicópata no es tarea fácil. El hecho de que una persona reúna algunas de las características que el doctor Robert Hare agrupa en el PCL-R, no necesariamente debe recibir la etiqueta de “psicópata”.

La presencia del psicópata es “omnipresente”, por así decirlo, pues no se limita a estar tras las rejas. “(…) muchos otros se hallan fuera de las prisiones y usan su encanto y sus habilidades camaleónicas para abrirse camino en la sociedad y dejar un rastro de vidas arruinadas detrás de él”, escribe el doctor Hare.

Podemos hablar, entonces, de “tipos” de psicopatía. Por ejemplo, los psicópatas que están dentro de la categoría de “no exitosos”, son quienes se han visto involucrados en algún acto criminal y –por fortuna– no logran escapar del sistema de justicia criminal, es decir, quienes están dentro de las prisiones. 

Pero para el psicópata “exitoso” no es necesario matar a sangre fría como lo haría un criminal o un asesino serial. Basta con cometer actos delictivos del tipo de “cuello blanco”, por ejemplo, para poner en práctica su egocentrismo y sus dotes de manipulación y encanto superficial. Al psicópata “exitoso” no lo capta el sistema penitenciario, explica Martínez.

Por otro lado, si únicamente se analiza la psicopatía como “constructo”, la clasificación básica que recibe es la de “primaria” y “secundaria”. La primera corresponde al comportamiento del tipo psicópata que, dice, “se ha manifestado a lo largo de su vida y desde etapas tempranas”, como la falta de empatía, de control conductual y remordimiento, por ejemplo.

Y a la psicopatía que deriva de un traumatismo que puede llegar a alterar el funcionamiento neurológico del individuo, se le asigna la clasificación de “secundaria”.

Pero la complejidad de la psicopatía va más allá de su variedad de perfiles, de entender su naturaleza o de poder identificarlos en la calle sin correr el riesgo de caer en el estigma. El doctor Martínez lanza una advertencia: “(…) hay que prestar atención en las implicaciones legales”.

Psicopatía, un dilema legal 

Hasta ahora sabemos que un psicópata, a pesar de la falta de empatía y de remordimiento, es un ser racional, lo suficientemente capaz de identificar las emociones ajenas. 

Entonces, ¿qué sucede en el caso de un psicópata que ha cometido un crimen? ¿Quedan o no exentos de responsabilidad criminal? 

El doctor Martínez habla del concepto jurídico conocido como inimputabilidad, que indica que no se le puede atribuir a una persona la capacidad de entender el acto delictivo que realizó porque padece de un trastorno mental “(…) que nubla su razón, que quita la capacidad de poder (discernir) lo bueno de lo malo”, explica. 

Y esto no sucede en el caso de un psicópata, explica Martínez, “(…) porque este trastorno no nubla la razón, no altera la capacidad de querer hacer algo o no hacerlo, no altera esas funciones mentales superiores de poder abstraer, enjuiciar, sintetizar, calcular todo lo que se puede llegar a evitar hacer en contra de alguien o a favor de alguien”.

Aún así, la valoración de la imputabilidad del psicópata sigue siendo objeto de controversia a nivel global. 

La tragedia noruega

Pensemos en el caso del noruego Anders Behring Breivik, por ejemplo, el autor de la masacre de 77 víctimas en Oslo, Noruega de aquel 22 de julio del año pasado, quien actualmente se encuentra en juicio penal.

A la fecha se han dado a conocer dos reportes con una evaluación psiquiátrica completamente distinta: el primero –noviembre 2011– concluyó que Breivik, diagnosticado con esquizofrenia paranoide, se encontraba en un estado de psicosis durante y después del crimen (esto, según los códigos penales noruegos, cabe aclarar, lo exenta de inmediato de ir a cárcel, y lo que procede es la hospitalización psiquiátrica); el segundo –abril 2012–, rechaza el estado psicótico de Breivik durante y después de los ataques.

Simon Wessely, profesor del Instituto de Psiquiatría de King’s College London, argumenta en The Lancet, una de las revistas médicas con mayor reconocimiento a nivel mundial, que el caso de Anders Breivik pone en evidencia dos conceptos erróneos comunes: “el primero, que la gente cree que los actos criminales bárbaros deben ser a causa de enfermedad mental. El segundo, que la psiquiatría existe para absolver a la gente de su responsabilidad criminal”.

Y, a pesar de la valoración psiquiátrica que el segundo reporte dio a conocer, la controversia, desde luego, continúa. En la cobertura que la BBC de Londres ha estado realizando al juicio de Breivik –que concluye el próximo 22 de junio del presente año–, se reporta que lo que aún sigue pendiente es saber “si se le puede hacer responsable de una masacre que él mismo confiesa haber perpetrado”, pero de la que, por cierto, niega responsabilidad criminal.

“No me siento culpable y haría lo mismo de nuevo”, es el mensaje de orgullo que Breivik pide a su abogado Geir Lippestad que comunique a la prensa, reportó la BBC.

Se estima que el 1 por ciento de la población mundial presenta psicopatía. ¿Entrará Breivik en ese porcentaje? O, más bien, ¿es Breivik un caso de referencia contemporáneo hecho “a la medida” para ilustrar –y entender– la psicopatía? Y, por último, ¿su caso servirá de excusa para alimentar –o, en su defecto, erradicar– el estigma de enfermedad mental?

Antes de que el juicio final nos dé la respuesta, tengamos en mente que, de nuevo, no todos los psicóptas son criminales, ni la psicopatía es sinónimo de locura.

En pantalla

“<I am fishead(“ es el documental del cineasta Misha Votruba y el economista Vaclav Dejcmar, lanzado en septiembre de 2011 y ahora disponible en línea, que hace a un lado el cliché, ampliamente retratado, en cine sobre el psicópata criminal, para dar cuenta de la existencia del “psicópata de corporativo” en nuestra sociedad actual.

El documental cuenta con entrevistas realizadas a especialistas de la talla de Philip Zimbardo, psicólogo y Profesor Emérito de la Universidad de Standford, conocido a nivel internacional por su estudio del Experimento de la Cárcel de Standford y, por supuesto, del experto líder en psicopatía Robert Hare, entre otros académicos, autores y pensadores. http://bit.ly/ne3xiA

Estas son las tres películas que cita el doctor Martínez como referencia del perfil (aunque no el único) psicópata:

We need to talk about Kevin
http://bit.ly/okM7N1

Scarface 
http://bit.ly/qUFNWZ

The Godfather
http://bit.ly/s8MhoW

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