Marius, una jirafa nacida en cautiverio en el Zoológico de Copenhague, recibió un disparo en la cabeza este domingo. La escopeta fue disparada por un miembro del staff del parque.

Aunque tenía solo dos años y su estado de salud era bueno, autoridades del zoológico revelaron que era una “jirafa extra”, es decir, que no tenían espacio para ella en el safari.

 Y sus rasgos genéticos no eran lo suficientemente escasos para que se justificara mantenerla con vida.

Marius medía tres metros y medio y, después de realizarle una autopsia con fines educativos frente a los asistentes al zoológico, su carne fue utilizada como alimento para los felinos del lugar. 

Activistas que defienden los derechos de los animales no quedaron satisfechos con la explicación de los oficiales de la instituciones y cuando el plan de quitarle la vida a Marius fue anunciado, se dedicaron a recaudar más de 30 mil firmas para evitarlo. Además, enviaron mensajes amenazadores a Beng Holst, el director científico del zoológico danés.

Otros parques ofrecieron adoptar a la jirafa e incluso una persona ofreció más de 680 mil dólares por ella. Pero la respuesta fue negativa. 

“Hemos mantenido la firmeza porque tomamos la decisión con base en hechos”, declaró Holst, “no podemos cambiarla por algo que sabemos que es peor solamente por eventos emocionales sucediendo a nuestro alrededor”. 

Según Beng, entregarla a otro zoológico hubiera aumentado el riesgo de endogamia (que se reprodujera con una jirafa de la misma familia) y hubiera evitado potencialmente que un animal con un “maquillaje” genético más interesante tomara su lugar. 

Las jirafas reticuladas, como Marius, no están en peligro de extinción, pero se consideran una especie amenazada debido a la pérdida de su hábitat y a la caza.