Son múltiples los motivos que provocan la pérdida auditiva, pero una de las principales causas, que se da de manera orgánica, es la edad, es decir, el paso de los años.

De acuerdo con el doctor Gonzalo Corvera Behar, quien dirige el Instituto Mexicano de Otología y Neurotología S.C. (IMON), organización médica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la salud auditiva, la pérdida de audición se debe a que las células del oído interno que transforman el sonido en impulsos nerviosos se van deteriorando con el uso y no pueden regenerarse.

Al contrario de lo que sucede, por ejemplo, con las células de la piel que se van regenerando, las del oído son las mismas que se tienen al nacer, por lo que, conforme se van dañando se pierden, y no hay vuelta atrás.

Esta es la causa principal de que todas y todos, sin excepción, tengan poca o nula capacidad auditiva con el paso de los años.

Actualmente, son muchos los estudios que vinculan la pérdida auditiva con el desarrollo de Alzheimer y con otros tipos de demencia, advierte Corvera Behar. La poca funcionalidad de la audición se puede clasificar en superficial, media, severa y profunda.

“Se ha demostrado que las personas con pérdida auditiva superficial tienen el doble de probabilidades de desarrollar demencia; las personas que tienen pérdida auditiva media tienen el triple de posibilidades y las personas que tienen pérdida auditiva severa tienen el quíntuple de riesgo de desarrollar Alzheimer o enfermedades similares”, destaca Behar.

La pérdida auditiva provoca aislamiento, ya que la persona disminuye su capacidad para interactuar y comunicarse con los demás y, en los últimos años, se ha detectado que no oír bien es un factor de riesgo para el desarrollo de diferentes tipos de demencia.

En este sentido, está comprobado que las personas con pérdida auditiva están más expuestas a contraer esta enfermedad.

La asociación entre pérdida de audición y riesgo de demencia ocurre por varios mecanismos; uno es la deprivación sensorial.

“Lo vemos en los niños cuando los estimulamos auditivamente para desarrollar su inteligencia y favorecer su máximo potencial. Si tenemos dificultad para oír, estamos eliminando uno de los sentidos que más estimulan nuestro cerebro. A eso le sumamos que el aislamiento en sí reduce la cantidad de estímulos que recibe nuestra mente”, comenta el director del IMON.

Otro mecanismo es el aumento de la actividad en la parte del cerebro responsable de escuchar en condiciones difíciles, lo que podría desencadenar el desarrollo de la enfermedad en el área cerebral responsable de la función cognitiva.

“Conforme se pierde audición, el esfuerzo involucrado en lograr comprender lo que se escucha puede conllevar problemas inflamatorios en el sistema nervioso central y eso puede estar causando la demencia”, añade.

A decir del especialista, hay varios estudios sobre el uso de auxiliares auditivos e implantes cocleares en adultos, cuyos resultados preliminares señalan que sí se logra frenar y, en algunas personas, incluso revertir hasta cierto grado la demencia.

“Otros estudios han demostrado que existe más riesgo de demencia y depresión en personas con pérdida auditiva no tratada, que en personas que usan aparatos auxiliares auditivos convencionales, lo cual les permite también tener mejor memoria”, subraya el doctor Corvera.

Mecanismos de prevención, ¿qué hacer?

Es muy importante que los familiares de personas con más de 50 años de edad y que detecten una dificultad en su comunicación, revisen la audición y el funcionamiento del oído en general.

Un buen diagnóstico realizado a tiempo hace la diferencia para poder tratarla a tiempo y evitar este tipo de consecuencias.

Aceleradores de la pérdida auditiva

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