Desde muy pequeña, la bailarina Paula Villaurrutia encontró en la danza folklórica la manera de expresarse ante el mundo; no obstante, mientras más bailaba se daba cuenta de que esta disciplina debía profundizarse, ir más al fondo con respecto a las emociones humanas y no solamente existiera una folklorización ni una repetición de pasos.

La también coreógrafa viajó por diversos estados de la República Mexicana para conocer más de las danzas a partir de la gente y así sus movimientos tuvieran un porqué y un discurso más potente.

“Tengo necesidad de comunicarme, contactar desde lo emocional, sin olvidarme de esta danza con la que desde niña me identifiqué; esto mueve mis entrañas y lo tomo para poder contar historias y crear, y no sólo representar”, expresa Villaurrutia a Reporte Índigo.

Como creadora le interesa llevar a escena piezas dancísticas a través de la investigación; así surgió Rastros… (Tratado coreográfico del deseo), propuesta que se presentará en los teatros de la Danza Guillermina Bravo y Elisa Carrillo del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario.

Su propuesta partió de cuestionarse sobre qué emociones están detrás de cada pecado capital y qué situaciones podrían orillar al ser humano a experimentarlos.

“Tomo los pecados y deseos humanos, a partir del enfoque emocional y psicológico, sin importar género, raza o nacionalidad. No verlos desde un aspecto religioso, ni de culpas o juicios, sino meramente de las emociones”, explica.

“Trato de alejarme de floklorismos que tienen un sustento nacionalista y llevar mis propuestas a través del respeto y de las emociones”
Paula VillaurrutiaBailarina

La propuesta de danza en Rastros

Paula realizó siete piezas coreográficas, cada una inspirada por un pecado capital, a través de la danza tradicional y folklórica mexicana.

Cobijados con estos elementos artísticos, los deseos humanos en Rastros… (Tratado coreográfico del deseo) cobran vida en historias ficticias no lineales que protagoniza un personaje que transita por cada uno de estos pecados, para después desprenderse y dejar rastros de ellos en su camino.

La coreógrafa investigó qué género podría abordar para cada pecado y la corporeidad podría plasmarlo, como el son abajeño, la pirekua, la danza de diablos, el son jarocho y el son istmeño, entre otros.

Villaurrutia reitera que, si bien su interés no es hacer representaciones de la gente o tradiciones de los lugares donde se tocan cada uno de estos géneros, se acerca a ellos con cuidado para poder interiorizarlos, explorar, experimentar y así transitar hacia el terreno de la creación, sabiendo que su finalidad es el contar historias en escena.

“Quiero que nos sintamos reflejados, porque son emociones que viven todos y que, de alguna manera, las hemos experimentado; son historias ficticias, incluso, fantasiosas, que exponen un poco del ser humano. Para crearla me miré al espejo, ahora me encantaría serlo para quienes vayan a ver esta pieza, porque todos somos espejos, y que a través de esta ficción cada quien emita su conclusión y conecten consigo mismos”, expone.

La obra fue creada durante la pandemia, por ello cree que ahora puede ser el momento indicado para que la gente interiorice y saque miedos o identifique algún pecado capital que haya experimentado en algún momento de su vida y sanar.

“Me he identificado con todos los pecados, puedo decir que la soberbia y la envidia son los que me están costando, pero no hay ser humano que no haya sentido alguno y quien diga lo contrario, me atrevería a decir que miente. Identificarlos es un trabajo de exploración, pero, a veces, es difícil reconocerte y decir ‘soy soberbia’. Por eso, espero que a la gente le llegue alguna reflexión, le trastoque, no solamente quede en los ojos, sino que vaya más allá”, concluye.

Toma Nota

FUNCIONES: Teatro de la Danza Guillermina Bravo

Viernes 26 de agosto, 20:00 horas

Domingo 28 de agosto, 18:00 horas

Teatro Elisa Carrillo del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario-

Sábado 29 de octubre, 18:00 horas

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