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La vida en rojo

México está ‘acostumbrado’ a vivir bajo una ola de extrema violencia e inseguridad. De enero a septiembre se registraron más de 18 mil homicidios dolosos, lo que ha marcado a la población de manera psicológica

Es muy común que un extranjero le cuestione a un mexicano “¿cómo le hacen para vivir en un país de violencia, miedo, impunidad y crimen organizado?”.

Algunas respuestas serán “estamos acostumbrados”, “somos paranoicos”, “te cambia la vida”, “ya no está tan feo”, “depende de quién esté en el gobierno”, “ya casi no hay balaceras”. Otras diametralmente opuestas apuntarán que “me mataron un hijo”, “faltan 43”, “vivos los queremos”, “el pueblo debe vengarse”, “hay que manifestarse” o “ni una más”.

Pero todos y cada uno de los habitantes de este país coinciden en lo siguiente: México no es el mismo.

Hoy, la mayoría ve la vida en rojo. Pareciera que la costumbre es más fuerte que el deseo de justicia, que ver un encabezado crudo más, una escalofriante cifra adicional es parte de la rutina diaria, pero no debería.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública informó que durante el pasado mes de septiembre se registraron 2 mil 564 homicidios dolosos en el país (es decir, 85 al día). Lamentablemente, en lo que va del año el conteo –en constante incremento– es de 18 mil homicidios.

El mayor problema para los ciudadanos es la percepción de inseguridad, la cual dispara sensación de angustia, miedo, paranoia, altos niveles de estrés y trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Por ejemplo, hasta marzo del 2017, el 72.9 por ciento de los mexicanos cuya edad es de 18 años considera que su ciudad se ha vuelto más insegura, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Ejecuciones, persecuciones, violaciones, mutilaciones, enfrentamientos, seres humanos descuartizados, secuestros y terror infundado por el narcotráfico son solamente unos de los tantos elementos que fomentan las consecuencias derivadas de la violencia en el país y que se han “normalizado” para la mente colectiva.

Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2012), más del 57 por ciento de la población adulta mexicana ha manifestado que su principal preocupación es la inseguridad y la violencia, así como el desempleo y la pobreza.

Expertos del Hospital Psiquiátrico Estatal de Jalisco determinaron que exponer a la sociedad a eventos traumáticos puede provocar parálisis de extremidades, pérdida de sensibilidad de alguna parte del cuerpo, crisis de ansiedad, dificultad respiratoria, convulsiones, palpitaciones, diarrea, depresión, vómitos y problemas de alimentación.

La violencia provoca desde consecuencias físicas como parálisis y diarrea, hasta problemas de salud mental como depresión y crisis de ansiedad

Pequeñas víctimas

Los niños son de los más afectados por crecer en un ambiente hostil, violento y crudo. Su perspectiva del dolor humano, de la vida y la muerte se ve sumamente determinada por lo que los rodea y, de acuerdo a UNICEF México, la violencia que ataca al país “es un factor determinante de la deserción escolar e incluso, una causa importante de muertes infantiles. Miles de niños, niñas y adolescentes en México, crecen en un contexto de violencia cotidiana que deja secuelas profundas e incluso termina cada año con la vida de centenares de ellos. Gran parte de esta violencia, que incluye violencia física, sexual, psicológica, discriminación y abandono, permanece oculta y en ocasiones, es aprobada socialmente”.

Este organismo internacional señaló que el Estudio del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños y el Informe Nacional sobre Violencia y Salud concluyeron que dos niños menores a 14 años mueren diariamente por causas relacionadas a la violencia en la República Mexicana.

Y es que no solo es el maltrato infantil, la violencia con la que se desenvuelven los pequeños mexicanos, ya que los niños y los adolescentes son el grupo más vulnerable de la población y es fácil que puedan ser presa del crimen organizado.

Pero, a diferencia de los adultos, la solución no solamente está en las leyes, también en la familia y en las escuelas.

De hecho, el Comité de los Derechos de los Niños de la a Organización de las Naciones Unidas (ONU) denuncia el reclutamiento de menores en el país por parte del crimen organizado, ya que en lugar de infantes queriendo ser superhéroes, cantantes, astronautas o bomberos, hay pequeñas mentes que aspiran a convertirse en sicarios y verdugos del narcotráfico.

La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), indica que “el narcotráfico está teniendo un impacto cultural sobre niños y niñas, ya que la identidad cultural de muchos de ellos se está transformando, en querer ser el líder de grupo criminal, en exaltar los actos de los narcotraficantes, y en querer emularlos”.

José Manuel Valenzuela, doctor en ciencias sociales del Departamento de Estudios Culturales de El Colegio de la Frontera Norte, en su estudio titulado “Infancia y conflicto armado en México”, dijo a REDIM que “las figuras que representan la dimensión ética de la sociedad se encuentran deterioradas y no hay una correspon-dencia entre los valores éticos y el reconocimiento social, en los ojos de muchos niños y niñas no hay diferencia cualitativa entre el policía y el narcotraficante”.

57%
De la población adulta en México tiene como principal preocupación la inseguridad
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Niños menores a 14 años mueren al día por causas relacionadas a la violencia

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