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La transculturización de México

Fernanda Muñoz

En el marco del Día Mundial de los Refugiados, internacionalistas concuerdan en que el aumento de extranjeros aceptados en el país está provocando que la cultura mexicana cambie al enriquecerse de muchas otras


Jun 19, 2019
Lectura 6 min
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La violencia y la pobreza son dos de las principales razones por las que una persona decide abandonar su país, la tierra donde nació, se crió y tuvo una familia; sin embargo, se lleva esos recuerdos en mente para arribar en otras naciones, como México, el cual está catalogado como un escenario primordial para ellos, los refugiados.

La nostalgia pesa mucho y el miedo es el único que se aferra a acompañarte todo el camino. Dejas la seguridad de tu entorno, que aunque no es el ideal, es lo único que conoces, vas guiado por tu instinto; en muchos casos, caminas horas y horas y cuando te cansas, recuerdas que no importa lo que te depare el camino, no puedes regresar, ya arriesgaste todo

- Estefanía Segundo

Internacionalista

De acuerdo con los últimos registros del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), organización de la que México es miembro, las solicitudes de asilo en el país, del 2014 al 2017, ascendieron de manera acelerada.

Hace cinco años, sólo dos mil 137 refugiados, principalmente hondureños, con el 40.9 por ciento, arribaron al país azteca. En 2017, por otra parte, un total de 14 mil 596 extranjeros vieron a México como un segundo hogar, principalmente salvadoreños, con 43.1 por ciento.

Tomando en cuenta la cantidad trascendental de los refugiados en México, la internacionalista Norma Soto comenta que la cultura mexicana ya no es 100 por ciento nata, porque el país está sufriendo un proceso de transculturización de manera paulatina, debido a la influencia que traen consigo otras personas desde el extranjero.

En ese sentido, dice que en el sur del país hay comunidades centroamericanas, principalmente guatemaltecas y salvadoreñas, que establecieron sitios culturales propios, como restaurantes o tiendas de artesanías apegadas a su país, con el fin de no olvidar lo que dejaron atrás, y convencer a los mexicanos de que su Estado ofrece cosas buenas.

“Así como aceptamos a los españoles tras la Segunda Guerra Mundial, a los judíos y a los japoneses, generando un cambio cultural y social importante en México, lo mismo harán los centroamericanos, extranjeros que, por crisis en sus países, están arribando para acá”, platica Soto.

Estefanía Segundo señala que el Día Mundial de los Refugiados ayuda a que los nacionales tengan una pizca de empatía para imaginar, por unos segundos, que la vida de los refugiados tuvo que cambiar completamente, pero que desean ver algo de su cultura en México, un país no muy lejano al suyo, pues comparten el mismo continente y lengua.

Según Soto, los refugiados saben que pueden llegar a esta nación por el simple hecho de que pertenece al ACNUR, un programa que les garantiza beneficios a todos aquellos extranjeros que huyen de sus naciones en busca de paz.

“Reciben asistencia temporal en el país con ayuda legal gratuita, albergues seguros en los que les ofrecen comida, agua, atenciones médicas y ropa. Y además, a los cinco años pueden solicitar la nacionalidad”, comenta la también maestra en Negocios Internacionales.

Para la académica, los refugiados ven en México un país excelentemente posicionado de manera geográfica, al tener conexión con Estados Unidos, y una gran nobleza por parte de sus ciudadanos.

Además, asegura que los refugiados, al saber que tienen una oportunidad de poder trabajar en México, por insignificante que sea su labor, pueden tener un futuro más prometedor que el que les esperaba en el suyo.

“Aunque no sean trabajos atractivos los que les puedan ofrecer, de todas maneras ellos piensan ‘si hay una persona que limpia parabrisas y le va bien, yo me puedo incluir ahí’, ‘si hay una persona que canta en alguna esquina y pone su sombrero, y le va bien, entonces de ahí saca dinero y puedo seguir sobreviviendo’, y poco a poco irse insertando en lo que es la cultura mexicana”, dice Soto.

Al respecto, agrega que al momento en que los refugiados se integran a las culturas nacionales, tanto los mexicanos como ellos, aprenden uno de lo otro, sean palabras nuevas o costumbres sencillas, como la forma de comer.

México se desestabiliza

Aunque México es una nación que ve por los otros, como es el caso de los refugiados, ¿qué beneficios tiene de recompensa? No muchos, en realidad, pues, de acuerdo con las especialistas, es hora de que el gobierno federal comience a ver, primero, por su pueblo, para así estirar la mano y ayude a los demás.

Al respecto, la también analista política Estefanía Segundo, detalla que la capacidad de respuesta de México ante los refugiados debe ser evaluada, considerando todos los factores que implica ofrecer refugio, como cuestiones presupuestales y administrativos, principalmente. “A mi parecer, gran parte de esto le corresponde a las autoridades del Estado mexicano”, dice.

De acuerdo con la egresada de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, México sí es un país de oportunidades, pero se encuentra en un punto de complejidad política y económica que quizá no permita garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de una gran cantidad de refugiados.

Norma Soto, por su parte, considera que México debe tener cuidado a la hora de concentrar a tantas personas porque le genera una carga económica interesante, pues, según comenta, en el país hay desempleo, hambre, niveles educativos bajos y la gente no tiene completamente dónde vivir.

“Países ricos han negado la entrada a tantas personas para no desestabilizar su economía, y México permite que entren muchos; está bien que seamos humanitarios, pero también hay velar por los intereses de los nacionales, para después ver los de los extranjeros”, sentencia Soto

Resalta, además, que cuando un mexicano se quiere quedar en otra parte del mundo, no es tan bien recibido, porque cada quien maneja las políticas para aceptar a personas de forma diferente.

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