Este fin de semana se estrena la película guatemalteca La Llorona en la que el cineasta Jayro Bustamante toma la leyenda para reinventar toda una historia a modo que se rememore, y reivindique en cierta manera, el genocidio que ocurrió en su natal Guatemala entre 1981 y 1983.

Y hay que decirlo, La Llorona, su más reciente obra, no es una película de terror (aunque rescata elementos de este género); pero, sí se percibe como una cinta personal que cierra la Trilogía del desprecio de Bustamante.

En ese sentido, la protagonista del filme, María Mercedes Coroy, habla en entrevista con Reporte Índigo acerca de esta revisión sensible de la masacre contra la comunidad maya ixil durante la guerra civil guatemalteca.

¿Cuál fue tu primera aproximación a la leyenda de la Llorona?

Yo realmente la llegué a conocer en mi casa. No sé si es en toda Latinoamérica donde en los pueblos desde pequeña te hablan sobre ella. Empecé a escuchar de La Llorona por medio de mi abuelo, quien me hablaba mucho de ella y más como en la época de lluvia e invierno a modo de una historia de terror.

Recuerdo que eran esas épocas en las que cae la lluvia por la tarde, hay un cafecito y todos están reunidos alrededor de la casa y él estaba contándonos la historia.

Me gustó mucho que la película utiliza dicha leyenda como un conducto para hablar del llamado genocidio maya. ¿Qué te pareció a ti esta idea?

Jairo quiso retratar la leyenda de la Llorona como una forma de mostrar cómo a la mujer se le discrimina. La leyenda en sí guarda como una especie de misoginia porque habla que ella vuelve como un alma errante y rechazada amorosamente para asesinar a sus hijos.

Jayro quiso darle un giro a la historia para ver que ella no es cruel, no es mala.

Me sorprendí porque al empezar a leer el guion ya me pudo inducir a toda la historia que nuestros padres vivieron y nadie puede ser ajeno a este dolor y nos viene arrastrando a nosotros y nos afecta a la juventud de ahora.

Y también a la niñez. Creo que quedan las secuelas de un conflicto que se reflejan en el acceso a educación, la salud y a otros recursos tan básicos que el gobierno de por si nos tiene que dar porque es un derecho.

¿Cómo es trabajar con Jayro?

Ha sido una experiencia muy linda. Cuando empezamos a trabajar con él no tenía tanto conocimiento y la manera en que él trabaja es muy profesional.

Jayro también tiene ese espíritu de liderazgo que es algo que promueve en conjunto. Por ejemplo, si algo no encaja por alguna otra situación nosotros le decimos que no va y lo platicamos.

Pasó varias veces en la filmación que hubo cosas que no nos parecían. Entonces lo replanteábamos. Es un director que te da voz. Proponemos e igual si hay algo que no va con nosotros también lo dice. Somos un equipo y sobretodo tiene un carisma de como pedirte las cosas.

¿Cuál fue el proceso para amalgamar la leyenda con el genocidio?

En primer lugar vimos varios documentales acerca de los conflictos en Guatemala. También le dimos oportunidad a algunas películas sobre terror como para ver cómo sería un poco el tono.

En cuanto a nuestros personajes, estuvimos en talleres y empezamos a quitarle todo a cada personaje y dejarlo en cero.

Jayro fue nuestro guía y ya lo demás estuvo enfocado a la historia de Guatemala a partir de los testimonios de cómo la vivieron mis papás mis abuelos.

¿Qué sigue para ti, Mercedes?

Seguimos en cine, me veo siempre en el cine (risas). Es una meta que sigue y un camino largo que está empezando apenas y que ya vamos trabajando.

También hay proyectos en puerta y esperemos que este camino nos ayude inducir a los jóvenes al arte.

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