Ojalá, en el curso de su chamba, este opinador metido a funcionario desarrolle alguna vez el oficio, la pulcritud, la relevancia, la honestidad y los alcances estéticos que alguna vez logró en sus versos el mentado Juan Gabriel, ‘onde quiera que ande…” 

Yuri R. Vargas

Músico, escritor y profesor

El fallecimiento del cantautor Juan Gabriel tiene consternados a cientos de personas en el mundo, muchos mexicanos esperan sus restos para darle el último adiós, pero no ha todos les han caído bien tantas noticias en torno al “Divo de Juárez” y su innegable legado.

 

Hay quienes no comprenden el por qué de tanto “alboroto”, como el director de TV UNAM, Nicolás Alvarado, quien en la columna “Firmas” del pasado martes en Milenio “No me gusta ‘Juanga’ (lo que le viene guango)”, cuestionó no sólo la grandeza del compositor sino también su estilo de vestimenta, shows y hasta su herencia en la esfera musical.

 

Las críticas hacia Alvarado en redes sociales no se hicieron esperar, a tal grado que ya se exige lo destituyan de su cargo. Y en la misma situación está Irving Berlín Villafaña, director de Cultura del Ayuntamiento de Mérida.

 

Sin embargo, el reconocido músico Yuri Vargas publicó un artículo en el que da constancia, a través de un análisis profundo de la letra de una de las canciones de Juan Gabriel, de la destreza de éste para componer, de manera pulcra y exacta, cada una de sus letras. Reafirmando así el porqué es llamado no sólo el “ídolo de México” sino de toda Latinoamérica. 

 

‘El ídolo de México’

 

“Para determinar el registro de uno artista, es necesario conocer mucho más que ‘unas pocas de sus canciones’. Es ignorante (…) en todo lo que concierne a la obra de Juan Gabriel (…), esa enumeración de vicios que, tristemente, son lugar común de la crítica mediática mexicana: cero pruebas, mucho insulto, exigua crítica, abundante y nauseabunda tripa…”, respondió Yuri Vargas a las referido por Alvarado. 

 

Más de 40 años de música, más de mil 800 canciones avalan a “Juanga” como cantautor. Fue iniciador de jóvenes talentos, impulsor de la música popular mexicana, trascendió fronteras al cantar sus melodías en diversos idiomas como japonés, portugués, francés, inglés y hasta en turco. 

“Juanga” puso el nombre de México muy en alto a nivel internacional.

 

Del porqué el pueblo mexicano lo idolatra a un nivel similar al de la Virgen de Guadalupe u Octavio Paz, como lo menciona en su texto Alvarado, es sencillo: era un maestro de la redundancia, su música marcó generaciones enteras. 

 

En un México machista su personaje gay fue aceptado hasta por los más arrancherados, sus canciones lo mismo se tocaban, cantaban y balaban en una quinceañera, que en una boda, un 10 de mayo, un Día del padre, en la kermés de las escuelas, un cumpleaños, en las cantinas e inclusive, hasta en un funeral.

 

El papel de las redes sociales

 

Entonces ¿existe o no la “Juangafobia”? No a todos nos tiene que gustar lo que a la mayoría le agrada, sea música o comida. Quizá exista más la “Juangamanía”, puesto que son miles los que lloran su partida. 

 

Lo que es innegable como el legado del “Divo” es el escrutinio en las redes sociales, en el caso de Berlín Villafaña, que si bien comentó en su perfil personal, quizá le hizo falta un poco de tacto y empatía con la sociedad. 

 

Aunque como figura pública, y más del departamento de Cultura, es menester ser cuidadoso.

 

El rechazo de Alvarado

 

Algunos fragmentos del texto de Nicolás Alvarado que más causaron polémica fueron:

 

• “Conozco apenas unas pocas de sus canciones que, confesaré, me han bastado para identificarlo como uno de los letristas más torpes y chambones en la historia de la música popular, todo sintaxis forzada, prosodia torturada y figuras de estilo que oscilan entre el lugar común y el absurdo” (sic).

 

• “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es, pues, clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacos, su histeria no por melodramática sino por elemental, su sintaxis no por poco literaria sino por iletrada” (sic).

 

En defensa deL ‘DIVO’

 

El letrado músico, profesor y escritor Yuri Vargas salió a defender a “Juanga” plantando cara a las críticas hechas por Alvarado en su columna:

 

• “Juan Gabriel no era letrista, como asume Nicolás; era compositor de canciones. Y un compositor de canciones logrado (…) no disocia entre texto y música (…). Un compositor de canciones es, al mismo tiempo, poeta y músico, y por ello se debe considerar a sus textos como poesía pura y dura (…). Dice el jefe supremo de TVUNAM que Juanga es un letrista torpe y chambón (galicismo que equivale a decir churrero (…), y que en definitiva no es hábil en su oficio)” (sic). 

 

• “Dice ‘sintaxis forzada’ (…). Dice ‘prosodia torturada’, y ello hace aún más patente su ignorancia (…); en la canción se versifica y debe entonces observarse el ritmo del texto desde una perspectiva completamente diferente, aludiendo a la métrica y la versificación” (sic). 

 

• “Dice figuras de estilo y se confunde, porque el estilo, más aún el estilo de Juan Gabriel, es lo contrario al lugar común; de hecho, su obra ha generado un montón de lugares comunes en la canción mexicana” (sic).

 

• “(…) De paso olvidó también mencionar que lo que define a lo popular es la estandarización de esas expresiones en un particular ámbito cultural, donde, a partir de ciertas practicas comunes (…)” (sic).

 

• “Hablando de estilo, es importante recalcar que no hay en la órbita de la canción mexicana, e incluso hispanoamericana, un compositor tan reconocible, tan vinculado a un registro personal, como lo es Juan Gabriel (…). Y para demostrar mis dichos, amén de curarme la amargura, tomé al azar una canción de Juan Gabriel para hacer un somero análisis métrico que ahora presento al respetable”:

 

‘Amor eterno’: metrica perfecta 

 

La parte B, que funciona como coro, se estructura en dos partes de tres versos cada una (o sea, como tercetos encadenados, con rima ABC/DEC). Ambos tercetos expresan una estrategia conocida como correspondencia, donde la idea que se genera de inicio se desarrolla sintácticamente en el curso de los tres versos. 

 

No hay un sólo error de sintaxis. De hecho, demuestra mucha pulcritud y cuidado en su estructura lingüística; asunto muy complicado cuando de cuadrar en una métrica específica se trata y, más aún, si, como ocurre siempre en la canción de corte popular, es preciso expresar las ideas con una naturalidad francamente coloquial. No sólo no es bajo, es en realidad alto el grado de dificultad técnica que expresa el buen Juan Gabriel en estos versos.

 

• 5+5=10 Cómo quisiera / que tú vivieras,

 

• 5+5=10 que tus ojitos / jamás se hubieran

 

• 5+5=10 cerrado nunca / y estar mirándolos

 

• 5+5=10 Amor eterno / e inolvidable,

 

• 5+5=10 tarde o temprano / estaré contigo

 

• 5+5=10 para seguir / amándonos.

 

Los versos de los tercetos son de 10 sílabas, graves todos (…). El tercero y el sexto verso de esta serie estrófica, cabe referir, son esdrújulos, y, en correspondencia con la tradición y técnica poéticas, tienen una sílaba de más para que el último acento se ubique en la cuarta posición, como es menester en todo verso.

 

 Esto último denota conocimiento de género. Los tercetos encadenados, por cierto, son comunes en la tradición cancioneril mexicana (otro rasgo más de identidad); lo no tan común es el uso de los decasílabos como versos compuestos (clara expresión de estilo y, más aún, de oficio).

 

Ojalá, en el curso de su chamba, este opinador metido a funcionario desarrolle alguna vez el oficio, la pulcritud, la relevancia, la honestidad y los alcances estéticos que alguna vez logró en sus versos el mentado Juan Gabriel, ‘onde quiera que ande…’Lo llaman #Lordhueva

 

Irving Berlín Villafaña, director de Cultura del ayuntamiento de Mérida también se vio involucrado en un escándalo luego de publicar en su perfil de Facebook: “Yo no voy a poner nada de Juanga”. Me da como hueva. Lo siento”.