Su próxima exposición se inaugurará en el Distrito Federal, en la galería Traeger & Pinto, en la Colonia Roma.
"Yo siempre he sido más artista que diseñador y eso se comió al diseño”
Jorge TellaecheArtista mexicano

Jorge Tellaeche disfruta su trabajo como pintor mexicano. Sus obras son atractivas, al alcance de todos. La perfecta invitación para que el ojo del público goce de interactuar con el color, la difuminación abstracta, fusión entre tonalidades y arte honesto y transparente.

Aunque es un tanto arriesgado afirmarlo, sus obras son una sinergia entre el toque surrealista (sin lo ambiguo) en la pintura, con la reflexión de la psicología y filosofía, así como con el orden, técnica y destreza que caracterizan a la arquitectura y el diseño.

Sin llegar a ser totalmente surrealista, por ejemplo, pero tampoco geométrico y rígido, su obra rompe (no por rebeldía), con introspección, crítica y sarcasmo, con mucho color y estética.

Trabaja acuarela sobre papel y acrílico sobre madera y tela. Su arte desprende una fluidez natural por ser a base de pinturas de agua.

En entrevista para Reporte Indigo, Tellaeche confiesa que la inquietud artística nació desde que era niño.

“Siempre lo tuve muy claro (…) siempre mi abuela me cuenta que (…) guardó todas las cartitas que yo le escribía, antes de poder escribir, le dibujaba cosas (…) árboles, palmeras (…) siempre tuve la habilidad, tuve el gusto (…) Era el niño que estaba en la esquina, dibujando solito, todo loser tipo Tim Burton”, comenta.

Y la inspiración viene de familia. Su padre es arquitecto, su madre psicóloga (con quien pasa largas horas hablando de filosofía) y su abuela es artista plástica.

Estudió Secundaria y Preparatoria en San Diego, California. Desde el primer año de Secundaria comenzó a involucrarse en el arte. A los quince años, un maestro lo invitó a participar en un corredor de arte en San Diego y con ello, emprendió el camino hacia los avatares de la pintura.

Tellaeche considera que su proceso por el arte es orgánico y natural, fluido. Tal como lo demuestra su trabajo con las pinceladas y los colores difuminados con naturalidad.

Su más reciente obra es un mural para la fiesta de la Guelaguetza 2012, en Oaxaca, México.

Camino de arte, 
trabajo y diseño

Cuando llegó el momento de decidirse por una carrera profesional, optó por una carrera que le abriera otro tipo de puertas, aunque ya tenía en la mente que terminaría en la pintura.

Al quedarse sin opciones y sin haber aplicado para alguna universidad en el país, Jorge se “escapa” a Luxemburgo a estudiar francés y tomarse un año para enfocar sus pasiones y aptitudes.

Es en este momento que le surge la necesidad de expresarse –que se combinó con la técnica que tenía antes– y así empezó “a crear mis primeras obras de arte, antes no necesariamente eran obras de arte, eran dibujos bonitos”.

Después, regresa a México a estudiar Diseño Gráfico en Tijuana y con la ansiedad de trabajar y aplicar la cultura visual con la que estaba ya estaba familiarizado, crea con un grupo de amigos, una agencia a la que llamaron “Vector”.

Al graduarse, deja “Vector” para enfocarse a profundidad en el arte y junto a Gaby Núñez (quien empezó el arte visual para Nortec y otros grupos en Tijuana), ambos crearon “Nutella” (se pronuncia la doble L). De hecho, el slogan de la agencia era “Delicious Design”, jugando un poco con la publicidad de la crema de avellana.

Le siguió “Twig”, un proyecto de arte funcional que crea muebles, camisetas y colaboraciones con otros diseñadores.

Arte orgánico y sin ataduras

A Jorge lo inspiran diseñadores y arquitectos, pero una gran influencia que tiene en su proceso de crear llega al filosofar con su madre, quien es psicóloga y “es como terapeuta/madre/amiga”, dice.

En muchas de las pláticas que han tenido, han hablado de la existencia de los tres “yo” de la persona, “lo que soy, lo que quiero que la gente piense de mi y lo que creo que soy (…), esta serie viene de la necesidad de que vivo en una ciudad hermosa, llena de gente (…) pero te encuentras con personas que no tienen la misma visión que tu”.

Razón por la que Tellaeche reflexiona sobre la idea de que portemos una “máscara” para saber quiénes somos en realidad cada uno de nosotros y a la hora de interactuar, saber a quién nos enfrentamos.

Si eso fuera posible, los seres humanos seríamos “mucho más conscientes de que no podemos mentir”, afirma.

“No se trata de protección, todo lo contrario. Mis máscaras es romper con todo lo que tenemos en nuestro marco de referencia de qué es una máscara. Una máscara oculta, te protege (…) te crea otro personaje (…) en mi caso, no te protege, es delicada, es muy orgánica, no te oculta el rostro, te evidencia”.

Inspiración perpetua para la próxima exposición, que se inaugurará en noviembre próximo en el Distrito Federal en la galería Traeger & Pinto, en la Colonia Roma.

“El mundo del arte no necesariamente es el más inviting o el más abierto”. En algunas galerías Tellaeche se ha llegado a sentir incómodo al entrar porque todo es blanco, hay cuadros y una mesa con una persona y su Mac. La clásica imposición del arte como medio y de la experiencia de acudir a museos. Para él, el arte debería formar parte de la vida de cada uno de nosotros, no ese concepto glorioso que no se toca, “el arte es para todos”, comenta mientras toma café.

Y la soberbia de ese concepto de arte ha logrado que muchas personas lo vean “inalcanzable”, de tal manera que se ha formado una subcultura.

“Esta es mi chamba y la quiero compartir contigo, de aquí vienen mis ideas” y busca que cualquiera se pueda identificar con él y su trabajo.

En forma de broma, dice que si pudiera nacer en el cuerpo de otro pintor (o artista) sería en uno de “un cuerpo más alto y más bueno”, pero luego se sincera y dice que se siente pleno con su trabajo y su vida.

La obra de Jorge, en su totalidad, representa una “máscara” que rompe dramáticamente con esas barreras forjadas en la separación y distancia entre ciertas muestras de arte y el público.

Técnica tan natural como el agua

Para Tellaeche cada material tiene su magia particular y “muy diferente”. Al ver sus obras y escucharlo hablar sobre ellas, la fluidez, pasión y naturalidad que resaltan son casi tangibles. Misma fluidez que fácilmente podrían simular una corriente de agua o la sanguínea.

Por un lado, “la acuarela es muy linda porque no es predecible, es muy orgánica, creas manchas y no puedes tener errores, entonces utilizas los pseudo errores para seguir creando la composición”.

A su vez, “el acrílico es muy noble porque lo puedes trabajar por días, horas o el tiempo que quieras, seca muy rápido, entonces puedes crear muchísima información”.

Crear un mural tiene un lugar muy especial para el pintor mexicano, “porque es arte público, al alcance de la gente, puedes comunicar y tener un diálogo con gente que (probablemente) nunca tendría acceso a (…), porque es gente que no necesariamente va a una galería, a un museo o no se para a comprar un libro de arte, ni se va a meter a mi página o a mi blog”.

Y cuando se tocó el tema del street art, confiesa que le fascina, pero hasta el límite que la estética permita. Por ejemplo, “a Banksy lo respeto muchísimo, es muy gráfico para mi gusto, yo busco normalmente la estética, me interesa su trabajo, se me hace muy necesario que exista, pero no es algo que me mueva completamente”.

Lo que más disfruta Jorge al hacer arte para la gente o público, es el intercambio que los murales significan con una gran diversidad de personas.