Hace unos días, la actriz Arcelia Ramírez recibió una ovación de ocho minutos en el festival de cine de Cannes, después de la proyección de la película que protagoniza, La Civil, que cuenta la historia de la activista Miriam Rodríguez Martínez.

Esta historia relata lo que miles de familias en México han vivido en los últimos años, la pérdida de un ser querido a manos de la violencia que inunda al país, y que además deben enfrentarse a la impunidad y el desinterés de las autoridades mexicanas.

Miriam Rodríguez Martínez, Irinea Buendía y Maricela Escobedo son tres mujeres que comparten una característica, todas han sido víctimas del sistema de justicia en México, pero además las tres merecen ovaciones de pie por marcar un referente en la lucha de los derechos humanos en México.

Irinea Buendía

El 28 de junio de 2010, cambió la vida de Irenea luego que asesinaran a su hija Mariana Lima Buendía, está fue la razón por la que se convirtió en defensora de los derechos de las mujeres y las niñas en México.

Este día el cuerpo sin vida de Mariana Lima Buendía, pasante en derecho y ama de casa de 29 años de edad, fue encontrado en la casa donde vivía con su esposo, un policía ministerial, en Chimalhuacán, Estado de México.

La versión del marido antes las autoridades, establece que encontró a su esposa colgada de una armella, la bajó, la acostó en la cama, le dio masajes para reanimarla, pero ya estaba muerta.

Lee: La historia de Miriam Rodríguez, la mexicana que inspiró “La Civil”, aclamada en Cannes

Según la versión de Irinea Buendía, desde que su hija se casó 18 meses antes, fue víctima de violencia verbal, económica, física y sexual por su pareja.

De acuerdo con distintas latitudes, en reiteradas ocasiones, Mariana habría manifestado que su esposo la amenazaba con matarla a golpes con un bat y con meterla a la cisterna como habría hecho con otras mujeres, la obligó a dejar de trabajar y abuso de ella sexualmente.

Aunque Mariana quería denunciarlo, él le dijo que nadie le creería, pues sus amigos eran quienes investigarían los hechos, ya que trabajaba en el Ministerio Publico de Chimalhuacán.

Un día antes de su muerte, Mariana le dijo a su madre que abandonaría a su esposo, pero antes de que lograra escapar la mató, sostiene Irenea.

El 9 de septiembre de 2011, el Ministerio Público concluyó que Mariana Lima Buendía se había suicidado y decidió no ejercer la acción penal.

Ante esto Irinea Buendía interpuso un recurso de revisión para que el procurador reconsiderara su decisión, al no recibir respuesta solicitó información a las diversas fiscalías especializadas para que le respondieran e interpuso un amparo contra la falta de respuesta, el cual fue otorgado por el juez.

Posteriormente, Irinea Buendía presentó un recurso de revisión que fue atraído por la Suprema Corte de Justicia, debido a la importancia y trascendencia del tema.

Tras 5 años de lucha, el 25 de marzo de 2015, la Suprema Corte de Justicia mexicana emitió la sentencia relativa a la investigación por la muerte de Mariana Lima Buendía, constituyendo el primer pronunciamiento de este tribunal relacionado con el feminicidio.

Este fallo es emblemático porque propició que la Corte emitiera directrices específicas para la investigación de muertes violentas de mujeres. Irenea logró que el caso de su hija se convirtiera en un parteaguas en el camino hacia la justicia para las mujeres, según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF).

En 2016, Julio César fue aprehendido, pero casi cinco años después, tras el cambio de ocho jueces, sigue sin haber una sentencia. En todo el proceso, Irinea y su familia han recibido amenazas y agresiones.

Miriam Rodríguez

Miriam Rodríguez Martínez fue una activista de derechos humanos de Tamaulipas que rastreó a los hombres que asesinaron a su hija hasta atraparlos.

En 2012, su hija Karen, iba en su automóvil cuando un grupo armado le cerró el paso y la privó de su libertad.

Desde ese momento la familia vivió una pesadilla, los sicarios pidieron rescate en varias ocasiones y en todas se efectúo el pago, pero nunca entregaron a Karen.

Incluso, Miriam pidió reunirse con alguno de los líderes de Los Zetas para negociar la libertad de su hija a cambio de dos mil dólares.

Ante la falta de acción de las autoridades, Miriam tomó el caso entre sus manos, y con sus propios medios, comenzó una investigación.

Primero, logró localizar el cuerpo de su hija en una fosa común y posteriormente se enfrentó al cartel para encontrar a los responsables del secuestro de su hija y llevarlos ante la justicia.

Miriam se cortó el cabello, se lo pintó, se hizo pasar por diferentes tipo de personas como encuestadora, trabajadora de salud y funcionaria electoral, todo con el fin de ubicar nombres y direcciones necesarios.

Tras varios años de lucha logró identificar y atrapar a diez personas. La información que Rodríguez proporcionó a la policía había dado como resultado que miembros de la pandilla que secuestraron a su hija fueran encarcelados.

Miriam se convirtió en activista, encabezando un colectivo en Tamaulipas y luchó por las personas que tenían familiares desaparecidos.

Tras recibir varias amenazas solicitó al gobierno de Tamaulipas protección y autoridades la integraron al programa para darle un botón de pánico en su domicilio, un medida que no la protegía pues continuaba recibiendo amenazas.

Pese a que ella pidió protección una y otra vez, su vida terminó, la noche del 10 de mayo de 2017, Día de las Madres, recibió un disparo de arma de fuego en su vivienda en San Fernando, provocando su muerte.

Maricela Escobedo

La hija de Marisela, Rubí Marisol fue asesinada en Ciudad Juárez en el año 2008 por Sergio Rafael Barraza, quien era su pareja sentimental.

De acuerdo con un reportaje de pie de página, Rubí vivía con el agresor y su pequeña hija, pero en agosto de ese año desapareció, mientras Sergio huyó de la ciudad con la pequeña.

Tras la desaparición de la joven de 16 años, Marisela persiguió por casi un año al asesino de su hija para entregarlo ante las autoridades.

En junio del 2009, por las investigaciones de Marisela Escobedo, se logró dar con Sergio Rafael, quien confesó haber asesinado a Rubí y quemado su cuerpo. De un basurero se lograron recuperar 39 restos óseos que pertenecían a la menor de edad. Sin embargo, los jueces a cargo del caso declararon que no existían las pruebas suficientes para condenarlo.

“Ante la ausencia de pruebas suficientes que demuestren que entre el 28 y 30 de agosto del año 2008, Sergio Rafael Barraza Bocanegra golpeó a Rubí Marisol Frayre Escobedo, ni que tales golpes hayan sido la causa de la muerte de ésta, se concluye que no se demostró la existencia del hecho punible que se le atribuye, ni su participación como autor del mismo, por lo que debe dictarse veredicto absolutorio en su favor”, fueron sus palabras.

Te recomendamos: Así abatieron a ‘El Alushe’, el presunto asesino de la activista Miriam Rodríguez

Marisela no se detuvo y continuó luchando para exigir a las autoridades justicia por el feminicidio de su hija, se manifestó y logró que se hiciera público el caso.

Pese a recibir amenazas de muerte de la familia del asesino de su hija, ella siguió su lucha; pero el 16 de diciembre del 2010 frente a la puerta del Palacio de Gobierno de Chihuahua, Marisela fue asesinada cuando protestaba para exigir justicia por el feminicidio de su hija Rubí Marisol.

En 2010, el Poder Judicial del estado de Chihuahua suspendió a los tres jueces que dejaron libre al asesino de Rubí Marisol Frayre Escobedo.