Fetiches, los placeres ocultos de la sexualidad

Aunque estas actividades sexuales generalmente benefician y aumentan la satisfacción de las personas, suelen ser poco conocidas por la gente que las utiliza debido al señalamiento social. Además, de acuerdo con especialistas, nunca deben causar daño mental ni físico, porque de ser así se convierten en patologías
Fernanda Muñoz Fernanda Muñoz Publicado el
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La vida sexual representa uno de los placeres más grandes del ser humano, además de las necesidades básicas como comer y dormir. Sin embargo, en comparación con ellas, la actividad sexual generalmente ocasiona vergüenza o bochorno. Los fetiches, “gustos que se deslindan” de la vida sexual y que ayudan a aumentar la excitación a través de diferentes objetos o tareas físicas, son una de las acciones que más llevan consigo tabúes o mitos.

Un fetiche puede estar representado en una prenda de vestir, en algún tipo de zapato, en un lugar en específico o en determinadas palabras que alienten sexualmente a la persona que las utiliza

De acuerdo con el psicólogo Emiliano Villavicencio Trejo, jefe de Posgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, el tema de los fetiches, aunque está matizado y rodeado de muchas creencias e ideas equivocadas, puede ser muy benéfico para la gente, siempre y cuando ésta se informe adecuadamente.

“Cuando seamos más auténticos con lo que nos genere placer, le aseguro que estaremos más completos, más plenos y felices. Para ello, la persona debe trabajar en su autoestima en la mayoría de lo posible y, de ese modo, expresar su sexualidad con la mayor libertad y confianza que pueda”, menciona.

En entrevista con Reporte Índigo, Villavicencio Trejo comparte que, primero que nada, es importante conocer y diferenciar los dos tipos de fetiches: el sexual erótico y el no erótico.

El primero es el que se utiliza durante el acto sexual, mientras que el segundo es un gusto personal y que no necesariamente se debe ligar al sexo, como el placer de que alguien use un reloj de muñeca o el tipo de cabello de una persona.

“Por el desconocimiento, generalmente englobamos cualquier fetiche en la dimensión erótico sexual y no es así (…) Ocultamos los fetiches eróticos porque esos implican el placer sexual, pero los tenemos todos”, resalta.

Origen de la vergüenza sexual de los fetiches

Los fetiches, aunque son parte de un acto normal, generalmente ocasiona bochorno por dos razones principales: la sociedad y los valores personales.

Emiliano Villavicencio Trejo asegura que, en el aspecto social, hay algunos fetiches que supuestamente están prohibidos, pues involucran acciones irracionales

Por ejemplo, si el fetiche de una persona es vestirse con la ropa del sexo opuesto, para la opinión pública eso está mal visto, pues no está representando su sexo de nacimiento.

“Hay algunos que, de acuerdo con las creencias sociales, están prohibidos y, desde esa perspectiva, las personas no los realizan para evitar el señalamiento, la desaprobación sexual y los conflictos que ello les pudiera traer en la interacción con los demás”, explica.

Por otra parte, añade el psicólogo que la vergüenza también parte de uno mismo, es decir, si el fetiche va en contra de los valores personales.

Si alguien desea usar prendas del sexo opuesto al suyo, pero al hacerlo se siente alguien que no es, como homosexual o travesti, en ese momento deja de verse beneficiado su acto sexual y, por lo tanto, no representa un fetiche que quiera compartir.

Y aunque pueden ser muy benéficos para quien los utiliza, éstos deben ser manejados con precaución y orientación especializada, pues si llegan a dañar la salud de alguien se convierten en una acción patológica.

“El fetiche se puede convertir en algo patológico cuando consideramos que para tener acceso al placer, se requiere violentar la privacidad y la salud de la otra persona”, sostiene el especialista.

Pero, además, de que el acto patológico se caracteriza por dañar la integridad física y mental de la otra persona, también se presenta cuando sin el fetiche no se llega al orgasmo o al placer sexual.

Cuando seamos más auténticos con lo que nos genere placer, le aseguro que estaremos más completos, más plenos y felices
Emiliano Villavicencio TrejoPsicólogo

“Por ejemplo, la masturbación, que de facto no es patológica, sí se puede convertir en un trastorno cuando para alcanzar la plenitud sexual sólo se logra a partir de ella y no con el contacto de otra persona”, remarca el académico.

Para Villavicencio Trejo, cuando alguien sabe detectar claramente cuáles son sus fetiches, tanto sexuales como eróticos, y con ellos no daña a ninguna persona, entonces refleja un crecimiento y una madurez personal muy importante.

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