Cuando se dio a conocer al mundo, en septiembre de 2011, ninguno se imaginó que el sitio web pirata Sci-Hub se convertiría en un gigante de la Red.

Hoy, este sitio que alberga más de 62 millones de artículos y documentos científicos ha sabido enfrentar y resistir a las demandas de editoriales.

Esta plataforma creada por Alexandra Elbakyan, investigadora en neurotecnología de Kazajistán, está considerada la primera página web pirata que proporciona los documentos científicos de manera abierta, lo que ha incomodado a más de uno (ya sean editoriales, investigadores o universidades).

“Dado el increíble coste que supone para los centros de investigación abonarse a cada revista científica, las instituciones no pueden proporcionar a sus empleados acceso libre a toda la literatura académica que necesitan para trabajar”, dice Bruno Martín en el diario español El País, “los estudiantes o científicos no afiliados a una buena biblioteca lo tienen aún peor: el precio medio de un paper ronda los 25 euros para un particular. Y esto a pesar de que muchos estudios se financian con dinero público”.

Además, Sci-Hub permite lo que muchos otros sitios aún consideran una quimera o una amenaza para su oportunidad de negocio: la descarga de los archivos de forma gratuita.

Sci-Hub se alimenta con la contribución diaria de investigadores de forma anónima y busca que la información de este tipo sea accesible al público global. De hecho, se opone rotundamente al copyright de la documentación científica.

Alexandra ha tenido que cerrar su plataforma temporalmente pero la ha librado muy a la Robin Hood, ya que se respalda en el artículo 27 de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el cual estipula que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”.

Aunque las universidades, entre ellas prestigiadas instituciones como Harvard, se sienten vulnerables ante Sci-Hub, Alexandra no tiene pensado detenerse, pues al poner en práctica el ejercicio pirata de proporcionarle la información científica a los estudiantes –y curiosos– del mundo, ella lo hace pensando en la empatía y la “justicia”.

En 2015, la también desarrolladora de software dijo en una misiva abierta ante el tribunal de Nueva York que cuando era estudiante en la Universidad de Kazajistán, no tuvo “acceso a ningún documento de investigación, documentos que necesitaba para mi proyecto.


“(...) es de locos pagar 32 dólares –por estudio– cuando tienes que hojear o leer cientos de documentos para hacer una investigación”

Alexandra Elbakyan

Fundadora de Sci-Hub

Contra viento y marea

Los enemigos de los Robin Hoods de Internet (como Alexandra y Sci-Hub) no se detendrán hasta intentar eliminarlo, prueba de ello es que antes se podría tener acceso al portal desde las extensiones sci-hub.cc, sci-hub.io, sci-hub.ac y sci-hub.bx. Ahora, solamente está activa la última, la cual fue registrada en Belice.

La razón de esta censura es un nuevo proceso legal presentado por la American Chemical Society (ACS).

Bruno Martín señala que el director de comunicaciones de la American Chemical Society, Glenn Ruskin, confirmó “a Materia que la ACS envió la orden judicial a varios proveedores de internet y registradores de dominios de Sci-Hub para que acatasen el edicto. Esto explica la caída repentina de tres dominios web el miércoles de la semana pasada (uno de ellos con registro en EE UU, los otros dos en Reino Unido)”.


El proceso –y negocio– de publicación de documentos científicos es similar al de la industria musical, en el que solo unos cuantos reciben remuneración

Y aseguró que Ruskin no se va a detener hasta cumplir con la orden judicial.

Elbakyan no ha pagado absolutamente nada y su operación está “segura”, ya que trabaja desde Rusia, fuera del territorio que abarca la jurisdicción de Estados Unidos.

El fenómeno y el revuelo que provoca Sci-Hub también enciende a la comunidad científica, ya que los investigadores de distintos campos y disciplinas están acostumbrados a que su trabajo siga el orden y el modelo de publicación científica (que es casi el mismo que sigue cualquier editorial literaria), que a su vez es considerado redondo, pues ganan todos menos los investigadores, tal como sucede en industrias como la musical.

“Nosotros hacemos las investigaciones, escribimos los artículos, los enviamos a las revistas. También nosotros somos los evaluadores de las revistas, somos directores o miembros del comité editorial; no cobramos habitualmente nada por eso. Y luego encima tenemos que volver a pagar por acceder a nuestro trabajo”, señala Manuel de León, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), “con el mundo de Internet también es imposible. Se trata de poner el conocimiento que se genera al servicio de otros; eso no va a desaparecer nunca, creo. Y si cierran un sitio, aparecerá otro”.

Como dice De León, “al final es un negocio tremendo. El modelo editorial de las revistas científicas es redondo”.

Sci-Hub a detalle

Artículo en Piensa Indigo:

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