Cuando un amigo se va… queda seguir viviendo

La muerte es un misterio. Es una propiedad humana la conciencia de que somos mortales y que las personas que nos rodean y amamos también lo son. Ya lo cantaron los Flaming Lips en “Do You Realize”: “¿Te das cuenta que todos los que conoces, algún día morirán?”. Y cuando la vida se encarga de recordarnos esta verdad a través de la muerte de un amigo, no hay frase, libro o teoría que parezca tener sentido.

La muerte es un misterio. Es una propiedad humana la conciencia de que somos mortales y que las personas que nos rodean y amamos también lo son. Ya lo cantaron los Flaming Lips en “Do You Realize”: “¿Te das cuenta que todos los que conoces, algún día morirán?”. Y cuando la vida se encarga de recordarnos esta verdad a través de la muerte de un amigo, no hay frase, libro o teoría que parezca tener sentido.

Hace unos días la muerte del cantante de Linkin Park, conmovió al mundo por el gesto que tuvo con su gran amigo Chris Cornell, al suicidarse el día en que hubiera sido su cumpleaños. Este tipo de tragedias llevan a reflexionar si acaso las personas que sufren una pérdida de este tipo están acompañadas. El suicidio nunca es fácil de sobrellevar, sin embargo, como con cualquier muerte se debe completar el duelo para poder continuar y seguir viviendo.

El duelo consta de cinco etapas que se tienen que transitar para que una pérdida sane. En entrevista con Reporte Índigo la psicóloga clínica y tanatóloga Aida Salazar dijo que aunque la pérdida nunca dejará de ser dolorosa, la persona sí dejará de sufrir. El duelo suele tardar entre un año y dos.

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La primera etapa a enfrentar será el shock, en este periodo quien sufre la pérdida estará negado e incrédulo ante la noticia. “Pueden pensar: es una equivocación”, indica Salazar. Más tarde viene la etapa de enojo en la que la información se empieza a asimilar generando sentimientos de ira tanto consigo mismo como con la persona que falleció. Ya sea por sentir culpa por no haber impedido la muerte, o con el amigo que falleció, por lo pedir ayuda. 

La tercera etapa es la de depresión en la que las personas empiezan a experimentar sentimientos de tristeza porque al morir, la persona no sólo se lleva su presencia en el presente sino los planes o sueños que tenían en un futuro juntos. “Uno no sólo pierde a la persona sino al ideal y lo que quería hacer con ella”, dice Salazar.

La penúltima etapa es la reflexiva en la que quienes sobreviven se dan cuenta que la muerte del ser querido no estaba en sus manos. Finalmente llega la aceptación, etapa en la que la persona deja de luchar contra lo que pasó y finalmente puede vivir con ello sin que le cause sufrimiento aunque le siga doliendo. 

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A quienes experimentan una pérdida, la tanatóloga les recomienda estar conscientes de que va a ser doloroso y que necesitará de espacios para dolerse. Algo que puede ayudar es reunirse con quienes se encuentran en la misma posición y recordar a quien falleció juntos, a través de fotos, y música.

Acompañar a una persona que ha sufrido una pérdida de este tipo nunca es sencillo. Lo que Aida recomienda es no tratar de distraer al doliente sino simplemente estar con él y ofrecerle su compañía, ya sea para llorar o para guardar silencio. Lo importante es que la persona sienta que no está solo. 

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