Cuando a Alonso Íñiguez le propusieron dirigir Sexo, pudor y lágrimas 2 dijo inmediatamente que sí, ni si quiera lo pensó, porque no hubo un momento de duda en su mente.

Matthias Ehrenberg, productor de ambas películas, fue un día al teatro a ver una obra que Íñiguez dirigía. Al finalizar la puesta en escena quedó maravillado de su trabajo, por lo que se acercó a Alonso y le preguntó “¿quieres dirigir una película?” a lo que él respondió que sí.

“Me citó en su oficina, fui al día siguiente, y cuando sacó el libreto decía Sexo, pudor y lágrimas. 20 años después. Me quedé súper en shock, le dije, es enserio, y me respondió ‘sí, bienvenido al proyecto’. Entonces, nunca pasó por mi mente decir no, que miedo, a pesar de que mucha gente me decía ‘¿sabes el parteaguas que fue la primera película?, ¿sabes que las segundas partes no son buenas?’ y varias cosas. Yo les decía ‘aja, lo sé’, pero nunca pasó por mi mente el decir no”, recuerda el director, en entrevista con Reporte Índigo.

Aunque a Alonso la anécdota general de la secuela le gustó mucho, confiesa que sí le hizo varias anotaciones a Ehrenberg. “Creo que hay muchas cosas a corregir en el guión”, le comentó Íñiguez, a lo que Matthias respondió “vas, hazle todos los cambios”.

“Creo que lo que más me interesaba del guión original era esa sensación de recobrar y retomar los temas que habían sido tan polémicos hace 20 años y verlos desde otra perspectiva, desde una nueva generación; eso me ilusionaba mucho”, dice.

Que el tiempo pase por ella

Para el director Alonso Íñiguez, la misión de Sexo, pudor y lágrimas, de 1999, era confrontar, porque exponía temas polémicos que se trataban de manera muy frontal, pero divertida; mientras que la secuela tiene como propósito suavizar y visibilizar.

“Tiene que ver con que ya no podemos hablar de relaciones de hombres y mujeres nada más, ya no podemos hablar de la guerra de los sexos, ahora tenemos que hablar de un abanico mucho más amplio de maneras de relacionarse y con eso no sólo me refiero a la inclusión de género o de preferencias, sino también hablamos de jóvenes y sus padres, entre tres mujeres de 50 años, entre dos chicas, entre una sobrina y una tía; es decir, de la amplitud de las relaciones”, explica el director.

Íñiguez reconoce que al ver la cinta de 1999 la siente un poco vieja, porque es una película muy de su tiempo, de su época, que fue lo que fue y que fue lo que es por ese arriesgue de decir lo que nadie se atrevía a decir, pero sabe que contiene muchas cosas que son políticamente incorrectas.

“Pienso que si dentro de otros 10 años se hace otra película de Sexo, pudor y lágrimas, me encantaría que la mía envejeciera de la misma manera que envejeció la primera, es decir, que los temas estén obsoletos, porque eso querrá decir que estamos avanzando como sociedad. Eso es lo que más me gustaría, que haya movimiento y que nos estemos todo el tiempo cuestionando, replanteando y reflexionando”
Alonso ÍñiguezDirector de cine

El director platica que, hasta ahora, ha recibido comentarios positivos sobre su trabajo. Mientras que la gente que es fan aprecia todos los guiños que hay de la primera película, a las personas que la están viendo por primera vez sin tener referencias les parece una película contemporánea, actual y necesaria.

Nostalgia en el set para Alonso Íñiguez

Cuando Cecilia Suárez, Susana Zabaleta y Mónica Dionne estuvieron juntas por primera vez en el set fue un momento verdaderamente mágico, según describe el director, porque hubo mucha nostalgia.

“El mismo crew decía que era muy fuerte verlas a ellas tres reunidas por primera vez, porque nos remitía a esas imágenes que tenemos grabadas en el cerebro de la primera película, de ellas hablando sobre los orgasmos y tomándose fotos con una polaroid. Fue muy bonito el verlas reunidas”, comenta Alonso.

De la grabación recuerda un llamado “muy especial”, nocturno, donde estaba todo el elenco, más 100 extras en una locación súper fría, como a las 4:00 de la mañana. Todo estaba saliendo mal, dice, pero al día siguiente el productor le dijo “después de tu llamado de ayer, tú ya puedes hacer lo que quieras, no te preocupes, ya superaste el peor momento de la película”.

Así que su participación en esta cinta, su ópera prima, le dejó aprendizajes muy valiosos, pero también le permitió aportar todo lo aprendido en el mundo del teatro, donde ya tiene una trayectoria.

“El aprendizaje que tuve es brutal, porque aprendí a hacer cine con Sexo, pudor y lágrimas, esa es la realidad. Estoy completamente enamorado del cine, y del teatro también, y creo que puedo equilibrar ambos lenguajes, porque lo que me apasiona, al final del día, es contar historias, entonces, lo que cambia es la forma, pero la pasión está ahí latente”, resalta.

Al final de año comenzará la grabación de otra película, de un guion completamente original escrito por él y que será producida por los mismos que hicieron Sexo, pudor y lágrimas 2.

“Ya arranco el coche y ojalá que no pare”, espera.

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