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Opinión
Índira Kempis

“Estamos hasta la madre”, esta frase de por sí popular, la hizo suya el activista Javier Sicilia, cuando ante la pérdida atroz de su hijo, dio origen, junto a otros, a esta protesta: la que pide paz con justicia y dignidad. Muchos en ese momento y ahora, nos sumamos a esta queja generalizada. La gente que, se supone, debería ejercer autoridad y poder, no lo hace para contribuir a esa búsqueda que parece es eterna en este país que ha dejado de creer.

Tan se dejó de creer que la que hoy se nombra oposición no tiene calidad moral alguna para defender lo que no defendieron. Tan dejó de creer que la sociedad convirtió su confianza en fe en un solo hombre. Tan dejó de creer que algunos viven en la costumbre de no meterse a aquello que parece no se puede cambiar.

Quizá por esas deudas pendientes, como la incredulidad, es que no tenemos interés alguno en involucrarnos o participar activamente. Menos, incluso, si se trata de votar. Porque el rechazo es tanto hacia temas que deberían ser de interés público, que casi por “naturaleza” no los sentimos propios pensando que siempre pasa lo mismo: ahí donde la política existe, se hace un mugrero que nadie quiere pagar.

Entonces, se vuelve perfectamente justificable que si hay una nueva elección en Monterrey en una fecha difícil en la que la gente pueda estar, es preferible salir de vacaciones, hacer las compras de la fiesta del día posterior o descansar antes que acudir a las urnas, otra vez, a seleccionar a la próxima autoridad local.

Lamentablemente, la democracia nos sale cara con las prácticas políticas nocivas que hacen que estemos sumergidos en el desencanto. La proeza histórica que tendrán que hacer los votantes de Monterrey es, antes que cualquier otra decisión, tomar la de salir a votar. Porque esa fecha difícil lo que está haciendo es el pensar, de manera generalizada, que será complicadisimo que la gente haga valer su derecho. Y que termine este proceso como normalmente pasa: alguien ganará una elección con el mínimo de votos.

Ese es un riesgo que requiere de valor cívico y responsabilidad civil de la ciudadanía. Es complejo, supongo, para cada candidato, volver a pedir el voto en tan corto tiempo también (además de que son un número considerable), más a la sociedad regiomontana que tendrá que repetir algo que ya hizo. Con poco, nulo o considerable interés, pero ya lo hizo.

Ante la flojera, la apatía, el rechazo que esto puede provocar, también hay gente que está ocupada en promocionar salir a votar el próximo 23 de diciembre. Me he sumado al “call to action” que hace una ciudadanía comprometida con la herramienta más importante que tenemos para decidir lo que es público. Que es libre y secreto, pero que es: el voto.

Considero que la última decisión electoral de 2018 ante el quiebre que representó este “bache” (mejor metáfora no puedo usar) es trascedental para la vida comunitaria en nuestro territorio regiomontano. Por eso, más que darle la vuelta a esa decisión, habrá que confrontarla con quienes se den el tiempo para hacer uso de su derecho a elegir.

La política no es para cualquier persona. Pero si pensamos en el gran contrapeso que puede significar la participación de la ciudadanía responsable, quizá estemos ante nuevos capítulos de la historia electoral de Nuevo León y el país, en donde dejamos que decidan por nosotros. No importa por quién votes, pero si vives en Monterrey, hay una gran responsabilidad que se avecina en pocos días. La de votar.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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