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Opinión

En una era en la que un tuit de Donald Trump tiene el mismo efecto global que el lanzamiento prueba de un misil nuclear norcoreano, la diplomacia cambió por completo.

Hace unas semanas, en este mismo espacio, compartí la noción de que la verdadera negociación diplomática entorno al TLC con Estados Unidos estaba en los mensajes implícitos y no en los explícitos. Las amenazas de Trump de abandonar por completo el tratado comercial no es más que la confirmación de que de verdad hay asuntos puntuales qué negociar. Es decir, es parte del juego.

Sin embargo, fuera de los canales primarios de diálogo entre los negociadores y más allá de los comunicados de prensa sobre la evolución de las rondas de negociación, se libra una batalla diplomática cuyos escenarios son los menos convencionales.

Por ejemplo, mucho se ha dicho sobre la expulsión de México del embajador de Corea del Norte, Kim Hyon Gil. A quién horas antes del sismo de mayor magnitud del ultimo siglo, se le declaró persona non-grata y se le dio 72 horas para abandonar el país. Existe una noción generalizada de incomprensión al respecto. Desde Andrés Manuel López Obrador, pasando por las bancadas de oposición en el Senado hasta los opinólogos han criticado y exigido una explicación.

Algunos sugieren que se trató de una especie de sumisión ante el gobierno de Estados Unidos. Otros más dicen que fue simplemente una desfachatez de Videgaray.

En ese sentido, aquí van algunos apuntes al respecto.

Primero, el canciller Luis Videgaray bien podrá no ser el próximo Dean Acheson, Henry Kissinger, Nelson Mandela o Margaret Thatcher, pero no creo que sea suicida. La ejecución de este acto diplomático ciertamente tuvo que tener una justificación y un objetivo geoestratégico. Ya que funcione o no, es otra cosa.

Segundo, resulta al menos curioso que la expulsión del embajador norcoreano se diera horas después de que el presidente Peña Nieto regresara de su gira por China, en donde fue invitado especial a participar en la reunión anual de los países del bloque de los BRICS. Que además, es bien sabido es un sequito de países en desarrollo que  le hacen frente a las políticas económicas de Estados Unidos.

Por que dentro de la relación China- Estados Unidos, Corea del Norte junto con Taiwán y el Mar Sur de China son las piedras en el zapato. Sin embargo, es Corea del Norte la que ha acaparado la atención en esa relación bilateral con sus últimas pruebas nucleares. Existe ya un consenso en la ONU de implementar sanciones más contundentes al régimen de Kim Jong-un. Sin embargo, el juego de poder entre China y Estados Unidos es un cuento de nunca acabar. El presidente chino Xi Jinping, condenó la movilización del sistema de misiles THAAD en Corea del Sur. Y Trump, siendo Trump no se enmutó. Por eso, que una hipótesis puede ser que la decisión de expulsar al diplomático norcoreano se podría haber fraguado en China, con una clara dedicatoria al gobierno norteamericano. Que indicaría que México no sólo puede coquetear comercialmente con China si no que ser aliados en asuntos geoestratégicos. Una especie de nuevo padrinazgo. Claro está que, en ese escenario los chinos pedirían que México repensara su inclusión en el Tratado Transpacífico.

Trump hace lo mismo utilizando el programa DACA para presionar al Capitolio para que aprueben recursos para el mentado muro, otro bluff diplomático en las negociaciones del TLC.

Tercero, la política exterior de México ha sido durante muchos años pasiva. Los intentos milenarios de abandonar la doctrina Estrada habían sido hasta hoy, intentonas. El senado de la república, y su comisión de relaciones exteriores presidida por la panista Gaby Cuevas, más allá de gastar cientos de miles en giras por el mundo y realizar actos protocolarios con discursos vacíos no ha implementado una nueva guía de política exterior para el espacio que ocupara México en el mundo con las reformas estructurales y la llegada de un gobierno antagónico en el norte de la frontera.

Cuarto, si, es muy probable que Videgaray este saliéndose del corral acudiendo a estrategias diplomáticas poco convencionales para afianzar un tratado comercial que convenga a México, pero también es una manera de afianzarse que el futuro energético, financiero y empresarial quede sobre sus manos y así el fondeo partidista.

Quinto, sí fue una ficha de cambio con Estados Unidos, no sería algo nuevo. Tampoco sería algo que otro país en las circunstancias de México no haría. Al final del día, Corea del Norte es una amenaza global y la comunidad internacional está unida en eso. Por tanto lanzar la primer piedra no hace más que iniciar lo inevitable y darle presencia al país en la arena geopolítica. En ese sentido, la visita histórica el día de hoy del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuyo país públicamente apoyó la decisión de expulsar al embajador norcoreano, deja también algo que decir puesto que el común denominador entre Netanyahu y Videgaray es Jared Kushner, el principal asesor y yerno de Trump. Pero más importante muestra la necesidad de dejar los convencionalismos políticos para pasar a la proactividad sin inseguridades.

Haiga sido como haiga sido, si parte de la estrategia era quitar un poco la atención de la agenda bilateral con Estados Unidos el tema del TLC, bien podría haber funcionado.

Porque la verdadera diplomacia, definida por el actor y columnista Will Rogers; es el arte de decir lindo perrito hasta encontrar una piedra que aventar. Al tiempo.


* Esta opinión no refleja la del periódico
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