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Opinión
Índira Kempis

El año que cierra tiene claroscuros de incertidumbre que no podemos negar. La vida pública de este país está en el ojo del huracán. Entre las buenas noticias como puede ser la del incremento al salario mínimo, también existen las que mantienen el estado de inseguridad en todo el país, el incremento de los secuestros, por mencionar un ejemplo, en algunas zonas de la República Mexicana.

Entre todo esto, persiste la esperanza mediante la gente que en estas épocas hace labores altruistas. Donan juguetes, hacen comidas para los hospitales, regalan suéteres en los lugares más fríos. Esto mientras en el sur del país un desafortunado proyecto como el Tren Maya está desatando las mayores polémicas no sólo por los impactos ambientales sino por la presunta persecución de activistas que se oponen al proyecto.

Hay personas que en tanto unos toman vacaciones, ellas y ellos siguen trabajando hasta en los días donde nadie trabaja. Porque mientras familias festejarán este 24 de diciembre en reuniones llenas de comida, habrá también quienes incluso trabajando no les alcanza ni para eso.

¿Qué sucede en México que una dualidad que nos persiste y nos atrapa en círculos viciosos en los que ya no sabes si es mejor reír o llorar? El cuento de siempre. De hecho, si es que me quiero poner optimista con esos chicos que nos abordaron al salir del súpermercado porque están recolectando despensas para los más necesitados, la realidad no me deja cuando me acaban de mandar un mensaje que acaban de ejecutar a dos personas.

No tengo una bola de cristal para saber si entre las buenas, malas y pésimas noticias tendremos un 2020 mejor del que se está yendo en pocos días. Pero sí, que necesitamos salir de la conformidad que nos alcanza.

El futuro, ese que parecía lejano ya está aquí. Deberíamos hacernos conscientes de que más allá de las celebraciones de fin de año, pasamos a una nueva década de este siglo y que nuestro país debería apostar a más de lo que ya tenemos.

No podemos seguir viviendo en el país de las incertidumbres. Que dentro de nuestros propósitos, deseos y acciones, se conserve la capacidad de aspirar a resolver los problemas que hoy nos tienen y mantienen a la época decembrina en un sabor altamente “agridulce”.

Que recuperemos el trazo de los sueños que aunque en la adversidad, siguen siendo el sostén de este país. Felices fiestas, descanso, o mucho ruido, queridos lectores. Nos leemos en enero, a ver si al menos este espacio de tiempo en familia, solos o con amigos, nos sirve para tener algo que celebrar.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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