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Opinión

La ciudad después de la década de los setentas comenzó a crecer hacia la periferia por lo barata que era la tierra. El poco transporte público y servicios públicos pronto se hicieron notar porque no hay gobierno que pueda sostener lo que la distancia de esas tierras representa. La llegada del automóvil y su auge hizo que esos pequeños archipiélagos de gente viviendo lejos parecieran estar conectadas. Supuestamente, más fácil. El sueño americano salido de las películas de Hollywood contribuyeron a pensar que esa era la vida “de lujo” que todos querían: una casa lejos y un auto para transitar de un lugar a otro.

Pero pronto llegó el caos. En tanto más gente se fue a vivir a esa periferia y a comprar un auto en vez de exigir transporte público y con gobiernos que en lugar de ofertar más servicios dejaron a la demanda del transporte la conectividad de las poblaciones. Lamentablemente, hoy pocos viven cerca de su vida y tienen que hacer tránsitos de horas para poder desplazarse de un lugar a otro.

Eso no es para nada calidad de vida. Con esa indignidad, también aparecieron los puentes peatonales que se crearon para tales avenidas pero que después se convirtieron en una forma fácil de ganar dinero en los gobiernos locales que era más cómodo gastar en ellos que crear calles seguras para transitar.

Lo cierto es que hoy ese modelo de ciudad de suburbios y autos no da para más. Frena el desarrollo económico, cultural, social de las comunidades como contribuye en gran medida a la contaminación del aire que estamos respirando puesto que nos llenamos de autos (no por nada sólo contamos con dos líneas de metro y el transporte es carísimo).

Lo que necesitamos es transporte multimodal, un modelo de ciudad compacta que haga regresar a los habitantes a los servicios, pero sobre todo, entender que la calle también es un medio de transporte. Que en la medida en que la transitemos a pie, en esa podemos tener nuestros desplazamientos cortos seguros.

Por eso mismo, la agenda urbana internacional en la que estuvimos de acuerdo expertos de todo el mundo, ha dado la prioridad en los próximos 20 años al espacio público. Necesitamos saber que la prioridad de la jerarquía de la movilidad debe estar enfocada a las personas con discapacidad y peatones. Por tanto, necesitamos cruces seguros.

En muchos países se están demoliendo esos puentes y pasos a desnivel o segundos pisos, como estrategia de infraestructura para que toda obra pública sea una inversión en lo primario: a pie o en bicicleta. Ámsterdam, Holanda es una referencia internacional de que eso es posible no un sueño guajiro.

De ahí que el mito a destruir, uno de muchos, es que los puentes son para los peatones y no. No lo son. Son un “perchero urbano” que nos hace cruzar la calle con obstáculos en lugar de los autos sean los que frenen. Cuestan más en tiempo, dinero y esfuerzo. El futuro es de los cruces seguros, de las calles para caminar y de la ciudad en donde el mejor transporte es el que no usamos, en dónde podemos usar nuestros pies.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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