¿Cuántas veces has esperado que tu pareja adivine tus deseos, que tu hijo entienda que debe actuar de otra forma, que una fiesta resulte espectacular o que un viaje sea maravilloso y al final te sientes decepcionado porque no se cumplen tus expectativas?

¿Cuántas veces no esperabas nada de algún evento, viaje o persona y te sorprendes con algo hermoso que ni siquiera intuías?

¿De cuántas personas cercanas a ti estás rogando a Dios para que las “ilumine” y entiendan que deben hacer o pensar lo que tú consideras conveniente? 

¿Cuántas veces en un evento te cambian todo el programa y te sientes frustrado porque no pudiste controlar todos los detalles? 

Piensas que si todo sale de acuerdo al programa, que si todos hacen lo que según tú deben hacer y hasta el clima coopera para tu evento, entonces serás feliz. Estás poniendo fuera de ti las causas de que tú puedas alcanzar la felicidad.

Tus expectativas nacen por el hecho de creer que las causas de lo que sientes están afuera de ti. Esperas que otra persona cambie, te trate de forma distinta, te hable, te dé algo que crees que te falta y, mediante todas estas exigencias, permaneces en conflicto esperando una solución externa. Mientras eso ocurre, tu mente permanece llena de odio, con deseos de control, con tendencia a agredir con el pensamiento y te llenas de resentimiento.

Lo que realmente sientes es falta de aceptación y resistencia a la situación, esto es un ataque a lo que ES. Percibes que la vida es injusta y que lo que debería pasar es algo distinto de lo que pasa.

Quieres que algo externo cambie de una manera específica y repare por arte de magia tu problema. 

Tu deseo de controlar cada situación externa te parece de lo más natural. En vez de aceptarlo como es, has decidido que el otro debe ser de otra manera, una manera que de acuerdo a ti o a tus creencias es la correcta. 

Es una manipulación justificada porque crees que el otro debe ser lo suficientemente inteligente como para satisfacer la carencias que percibes en ti, en lugar de considerar la posibilidad de soltarlas y reconocer espiritualmente tu ausencia de necesidades emocionales.

Cada vez que esperas que los demás actúen de forma diferente y que juzgas que ellos son la causa de tu malestar los estás atacando. 

Toda exigencia hacia los demás lo que muestra es una carencia tuya.

Las expectativas son un disfraz del ego bueno, ese que cree que sus planteamientos son por el bien de los demás, ese que esconde el fondo de lo que hay en cada expectativa como la falta de aceptación, la agresión, la resistencia, el deseo de control y la manipulación. 

Y es que cuando te sientes enojado, decepcionado o frustrado hacia una situación o persona es un mensaje que dice: esto debería ser diferente.

Cada vez que criticas, culpas o juzgas a alguien y lo consideras torpe, inútil o peligroso, lo estás atacando mentalmente y estás aceptando que lo que otros hacen te afecta a ti.

Pon tu mente a salvo de todo juicio y suelta tu necesidad de controlar, acepta lo que hay, confiado de que el plan de Dios es perfecto y en el nivel del espíritu todo está en perfecta paz y en perfecto amor.

Elige a una persona con la que quieras poner en práctica esta herramienta, aquella a la que más trabajo te cuesta aceptar, y mentalmente repite cada una de estas frases como si esa persona te estuviera escuchando, después de cada frase respira profundamente y siente:

-Me libero de toda expectativa sobre ti.

-No espero nada de ti. Te libero y me libero.

-No quiero que me trates de ningún modo, no quiero que me hables de ninguna forma. Sé tu mismo.

-No deseo que cambies.

-No espero que digas nada.

-Renuncio a toda exigencia sobre ti.

-No necesito nada de ti, pues te acepto tal cual eres.

Con esto has liberado a la persona y también te has liberado. No necesitas que cambie nada para mantener tu paz y ser feliz.