Toda enfermedad nos muestra una emoción que hemos manejado mal. ¿Por qué tenemos que esperar a que el cuerpo se enferme para reaccionar y hacer un cambio en nuestra vida? 

¿Cuántas personas dan un giro importante después de pasar por una seria enfermedad? ¿Cuántas más han tenido que vivir entre médicos apagando sus síntomas porque no han corregido la verdadera la causa?

Si a tu carro se le prende un foco rojo que te avisa de algún problema, ¿vas al taller a que lo apaguen o te interesa que arreglen la falla? ¿Cuántos analgésicos y calmantes nos ayudan a apagar el foco (síntoma) sin que podamos solucionar la falla (darle salida a la emoción bloqueada)?

Un síntoma físico te muestra que en el nivel de las emociones hay alguna a la que no estás dando una salida. Corregir esto sería suficiente para que desaparezca.

Nuestro cuerpo es fiel y obediente a las órdenes de la mente. Lo que realmente nos enferma no son los cambios de tiempo, los contagios, la comida, los virus o las bacterias, sino la emoción mal manejada que reprimimos, ya que esto produce un desequilibrio energético y físico que baja las defensas en una parte específica del cuerpo y abre la puerta a las enfermedades.

Las enfermedades tampoco se heredan, lo que se hereda son los patrones de conducta que la provocan y esta únicamente te invita a la transformación.  Los síntomas son señales que nos ayudan a regresar al bienestar. Son los que, de acuerdo al lugar en que se presenten, descubren la realidad oculta de tus emociones y la hacen evidente.

Si acostumbras a mostrar descontroladamente la ira o a reprimirla entonces el hígado,  brazos, hombros, oídos, quijada, dientes o encías se verán afectados. Si el patrón es que seas muy estresado entonces sufrirás de dificultades estomacales o migraña. El mal manejo de la alegría afecta al corazón, la amargura crea diabetes, el miedo a avanzar en la vida provoca problemas con las piernas, de vista y en los riñones. 

Una tristeza mal manejada provocará problemas en el aparato respiratorio. Un enojo sale en forma de tos o inflamación.  Si estás en conflicto con el mundo y lo percibes amenazador tendrás problemas de piel… y así podría enumerarte cada relación entre el síntoma y la emoción.

Los síntomas son un toque de atención que nos avisa que algo no está bien, por su ubicación te van a hablar claramente de lo que tienes que transformar. El cuerpo tiene un lenguaje preciso y el síntoma se presenta exactamente en la parte que se relaciona con tu conflicto y te hace sincero, pues te recuerda algo de lo que no has tomado conciencia.

Todas las enfermedades tienen una ganancia secundaria, como obtener comprensión, cariño o cuidados especiales; te permiten descansar, decir no puedo o incluso alejarte de algunas personas. La realidad es que no necesitas enfermarte para lograr todo lo anterior, solo necesitas ser asertivo y manejar tus emociones de una forma honesta.

Descubrir el beneficio de tu enfermedad te ayuda a sanarte porque lo que tu cuerpo no puede hacer es a lo que te resistes. Si no cambias la emoción que causó la enfermedad, no sanas.

La enfermedad es un mensaje del alma, un aviso del universo que indica que es hora de cambiar. Muchas veces es cuestión de cambiar nuestra forma de pensar, de sentir y de ver la realidad, ya que nuestra forma de verla la determina.

La enfermedad en realidad es el camino hacia la curación, saca al exterior lo que estaba escondido y oculto. Y es el camino hacia la perfección, porque nos mejora como personas y nos aporta una claridad que tal vez antes no teníamos.

Así como tenemos el poder de crearnos una enfermedad, tenemos el de curarnos. La mente es tan poderosa que nos puede hundir y enfermar, pero al mismo tiempo nos puede salvar y curar. Solo depende de nosotros.

El síntoma y la enfermedad ponen en evidencia cuestiones reprimidas, por eso es importante detectar la causa. 

Cuando nuestro cuerpo, mente, emociones y acciones estén en armonía será habrá sintonía en un óptimo estado vibracional y por tanto se manifestará una salud plena. 

El mayor negocio que existe es el de la enfermedad. No dejes tu salud en manos de otros, responsabilízate. Recordemos que la única forma de sanar una enfermedad incurable, es desde el interior más profundo, reconociendo nuestra verdad.