Bien podría continuar con una crítica dura e intensa contra todos los fallos y desaciertos que hace la 4T día tras día, pero esta columna me resultaría insuficiente.

También, podría despotricar contra Joe Biden, sus errores en la crisis de Afganistán y la situación migratoria insostenible que se le viene en revés a México en la frontera norte, pero tampoco no hay columna de opinión que resulte tan extensa para explayar dichas ideas.

Ni qué decir de la incertidumbre que se vive con la vacunación a nivel global, la aprobación definitiva de la Food and Drug Administration (Administración de Medicamentos y Alimentos) en Estados Unidos del uso del shot Pfizer-BioNtech; esta es la luz verde que se esperaba como venia por parte del gobierno de la Unión Americana para que así su población no se resista a la inmunización.

Por eso, mejor detengámonos un momento, en este 2021 exasperado también se vale frenar este mundo descarrilado y reflexionar sobre el librepensar, palabra compuesta acuñada por George Orwell en 1984, y que estaba prohibida en hecho y verbalización por el Estado totalitario en el que vive Winston Smith.

Librepensar es como lo dice su término literal, tener facultad de decisión, de pensar, de racionalizar, de cuestionar, y este derecho, al menos por ahora, le pertenece a cada individuo del planeta, sin que nadie tenga por qué ser juzgado.

Mientras el autoritarismo nos alcanza, sea del país que sea, recomiendo ampliamente tres lecturas para sobrevivir este confinamiento, esta triada tiene adaptaciones cinematográficas, pero ir a la fuente es lo más reconfortante para después equiparar el resultado audiovisual.

Como ya lo he mencionado en múltiples ocasiones, 1984 es imprescindible para entender la idea del autoritarismo, saber quién es el Gran Hermano, más allá de la parodia televisiva, y despertar de lo que es el control de los gobiernos del mundo.

Simplemente me enteré años atrás que esta era una lectura obligada para quienes ingresaban laboralmente a la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León, imagínense qué más les pedirán leer a quienes forman parte de las filas del INE.

Hijos de los hombres, de la autora P. D. James, también habla de una distopía en la que la población mundial es infértil, pero además existe un control explícito sobre los individuos, quienes se han vuelto apáticos contra la política de Estado.

La rebelión de Atlas, de la escritora Ayn Rand, no es una novela propiamente de ciencia ficción como las anteriores, pero sí invita a detenerse contra los gobiernos, a hacerles frente, a obligarlos a convulsionar, a verlos caer.

Entonces, les propongo que nos unamos a librepensar, y acá nos leeremos más adelante.

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