Legalicemos la marihuana

Cuando Roosevelt acabó con la prohibición y permitió el consumo de alcohol, se arruinó el negocio de la importación clandestina y se desplomaron las gigantescas utilidades de los gangsters norteamericanos. 

Rockefeller comentó “que había aumentado el consumo de alcohol, se habían multiplicado los bares clandestinos, había aumentado la violencia y había aparecido un ejército de criminales”.

Francisco Martín Moreno Francisco Martín Moreno Publicado el
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Cuando Roosevelt acabó con la prohibición y permitió el consumo de alcohol, se arruinó el negocio de la importación clandestina y se desplomaron las gigantescas utilidades de los gangsters norteamericanos. 

Rockefeller comentó “que había aumentado el consumo de alcohol, se habían multiplicado los bares clandestinos, había aumentado la violencia y había aparecido un ejército de criminales”.

La Ley Seca (y no al consumo de whisky) era la gran responsable del aumento de la criminalidad. México no podía ser la excepción: las actuales prohibiciones relativas al consumo son las claras causantes de la existencia de los cárteles, de los capos desalmados, de los decapitados, del asesinato de humildes y nobles alcaldes, de los territorios controlados por el hampa, de los Estados fallidos, como Michoacán, del derramamiento masivo de sangre, de las salvajes rivalidades entre capos en busca de mayores cantidades de dinero negro, de la contracción de la inversión extranjera asustada ante tanto vandalismo, de la caída del ingreso de turistas ávidos de disfrutar las maravillas de nuestro país, la suspensión de cruceros en nuestros puertos, entre otras calamidades más.

Cuando a partir de 1934 en EU fue posible volver a comprar whisky en las farmacias, desapareció la corrupción de jueces y fuerzas del orden, se redujeron gastos presupuestarios destinados a la persecución de introductores y comerciantes del alcohol y nuestros vecinos del norte no se convirtieron en unos dipsómanos, según presagiaban con su bolita de cristal, los eternos clarividentes, unos más insolventes profesionalmente que los otros. 

¿En qué sí se invirtió a cambio? En centros de prevención de adicciones alcohólicas y en el diseño de políticas educativas para prevenir dicho mal en los adultos del mañana. ¿Qué tal?

Si México libera el consumo de dichos estupefacientes, como en breve lo logrará Uruguay, dejaremos de perseguir a balazos a los traficantes de marihuana, ya no figuraremos en las primeras planas de los diarios del orbe como un país de salvajes en estado pre revolucionario, destinaremos el gasto público ya no al reclutamiento de más fuerzas policíacas ni a la construcción de más cárceles de alta seguridad, sino a la prevención de adicciones. Nunca le ganaremos la guerra a las mafias, según lo entendió a la perfección el presidente Roosevelt.

Si el 70 por ciento del esfuerzo realizado por el gobierno mexicano se centra en el combate a los traficantes de marihuana, ¿por qué no seguir el ejemplo de Colorado y Washington y Uruguay? ¿Vamos a continuar persiguiendo a traficantes de marihuana cuando ésta se puede comprar por DHL en Estados Unidos?

La “Prohibición” mexicana es la causante de la violencia, del derramamiento de sangre y de la destrucción del país y, en ningún caso el consumo. ¿Usted, amable lector, va a ir a comprar un carrujo si se incrementa la dosis en el consumo de cocaína? ¿Verdad que no…?

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