El pasado lunes 17 comenzó el reto histórico de la Cámara de Diputados de realizar y llevar a término 19 foros de Parlamento Abierto para debatir la Reforma Eléctrica, sin que se conviertan en estériles batallas ideológicas que nos desvíen del objetivo principal: realizar un análisis objetivo, en el que prevalezcan los criterios técnicos, para adecuar y fortalecer el proyecto del Ejecutivo federal, ahí donde se evidencie la necesidad de ello.

Si en algo coincidieron todos los partidos representados en la Cámara de Diputados durante la sesión inaugural de dichos foros, es en que constituyen un ejercicio democrático sin precedentes, por la pluralidad y amplitud de sus participantes, su duración y su neutralidad.

Que mantengan este espíritu es una inmensa responsabilidad que nunca, Legislatura alguna, asumió antes. Debido a que se abren a especialistas, empresarios vinculados con el sector, gobernadores y otras autoridades, deberá procurarse en todo momento que transcurran con absoluto respeto a todas las opiniones, tengan el cariz que tengan.

El pleno ejercicio de la libertad de expresión no es solo una cuestión de tener inmunidad ciudadana en la libre manifestación de las ideas, sino de ser escuchado con respeto, sin ser objeto de insultos, descalificaciones u otros ataques.

Por eso, el valor de la tolerancia es el fundamento de cualquier derecho humano, y porque cada uno de nosotros la exige, debe darla. De ahí que seamos todos corresponsables en el ejercicio de los derechos humanos de cada individuo.

Que no se entienda la tolerancia como una simple forma de permitirle al otro decir, hacer o ser diferente, sino como aceptación plena de que su unicidad vale lo mismo que la nuestra.

Así, la tolerancia debe ir seguida de la flexibilidad. Defender o criticar ésta o cualquier otra reforma no implica inmovilidad en las posturas, pues esto cancela, de antemano, cualquier entendimiento y acuerdo a los que pueda llegarse. La buena fe debe traducirse en la aceptación de la diferencia de opiniones.

No está de más señalar que, en particular, el gran desafío que tendrá el Movimiento de Regeneración Nacional será el de evitar la invalidación ideológica de cualquier opinión que, por calificada y justificada que esté, resulte opuesta a la suya.

Todas las opiniones deberán ser escuchadas con respeto, pero ciertamente serán los criterios técnicos de peso que lo ameriten los que tendrán que ser incorporados a la reforma, pues las posturas ideológicas ya han quedado más que claras.

El resultado de este histórico ejercicio democrático no debería ser otro que un proyecto que responda al interés de todos los mexicanos, esté acorde con nuestros compromisos internacionales e impulse las energías limpias y la transición energética.

Esto es algo en lo que también coincidieron durante el evento todos los partidos políticos que integran la LXV Legislatura.

De suceder esto tras el Parlamento Abierto, podremos hablar de que existe la real posibilidad de un cambio en México.