Existe una creencia generalizada de que las aseguradoras “no pagan”. Foto: Especial

Inventario

Es la poca cultura previsional de este país, apuntalada por políticas públicas proteccionistas a ultranza (yo les llamo “buscavotos”)

Triste es la estadística en cuanto al número de seguros de casa habitación, y peor tantito sabiendo que una buena parte de estas pólizas son “a chaleco”, pues derivan de un crédito hipotecario cuya condición sine qua non es que se proteja el bien inmueble por obvias razones. En otras palabras: la gente que de manera voluntaria adquiere este tipo de seguros es algo muy parecido a la nada. ¿Responsables? Evidentemente que hay muchos.

Para empezar, es la poca cultura previsional de este país, apuntalada por políticas públicas proteccionistas a ultranza (yo les llamo “buscavotos”). Por otro lado, también hay que apuntar que el sector asegurador no ha hecho lo suficiente por “sembrar” para después “cosechar” los frutos traducidos en una conciencia plena de protegernos, personal y patrimonialmente.

Adicionalmente tenemos que existe la creencia generalizada de que las aseguradoras “no pagan”, lo que no es cierto. Sin embargo, lo que sí genera un malestar colectivo es la incertidumbre de cómo y cuánto pagarán.

No quito la responsabilidad de los consumidores en cuanto a leer y entender su póliza, preguntando a quien se la vendió o siguiendo todas las emisiones y publicaciones de Saber Gastar©, pero es una realidad que dentro del sector hay mucho por hacer.

Particularmente en el seguro de hogar he insistido por años en que los contenidos (entendiendo como tales todo el menaje de casa más objetos de arte, tecnología y valores especiales) se cubran sí y solo si hay una relación pormenorizada que se revise, avale y autorice a priori. Así, en caso de siniestro, ya sea por robo o algún otro suceso como incendio, terremoto, huracán, etcétera, que conlleve la desaparición de alguno de los contenidos, el ajuste y la indemnización correspondientes se facilitan enormemente.

Sabemos también que hay gente deshonesta y abusiva que quiere meter en la reclamación un Dalí o un Picasso o cobrar un sartén de oro con incrustaciones de diamante cuando apenas llegaban a uno de peltre todo oxidado.

Pero… ¿cómo comprobar lo que sí y lo que no? ¡Muy fácil! Exigiendo un inventario. De esta forma no habrá necesidad de hacer un peritaje de veinte años y un estire y afloje interminable entre las partes: una dudando de lo que le piden pagar y la otra luchando para demostrar lo que no es demostrable.

También hay una forma simple de arreglar todo: teniendo facturas de cada minucia de la casa, lo que evidentemente es imposible.

De verdad, todo se facilita si existe orden desde el principio. No cuesta más que tiempo y seguro gana confianza el seguro.

“No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.

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