Hablar de Mortal Kombat es hablar de toda una época del entretenimiento que marcó a quienes crecimos en la década de los 90. Definitivamente la tecnología crecía a pasos agigantados, tan era así, que este juego, del que se consideraba que tenía gráficos realistas y ultra violentos, en Estados Unidos escandalizó a tal grado que se tuvo que crear el Entertainment Software Rating Board para poder clasificar los videojuegos por edades, ¡tal y como sucede con las películas!

Vaya, más juegos provocaron que esto sucediera tarde o temprano, como Doom (¡ULTRA clásico!) pero sin duda, el software de peleas que crearon Ed Boon y John Tobias en 1992 marcó un antes y después en esta boyante industria. Mortal Kombat fue el primer videojuego en mostrar personajes secretos, que estaban disponibles para el usuario después de avanzar en el torneo de artes marciales.

Y claro, los fatalities, esta muestra de desmembramientos, muertes salvajes, así como calcinar al oponente todavía vivo, se volvió una práctica icónica en cualquier otro juego de lucha y, por supuesto, esto tenía que llegar tarde o temprano al cine.

La película de 1995 fue todo hit, a pesar de que los productores exigieron una cinta de clasificación para adolescentes. A pesar de que sus efectos especiales son horrendos, ahora es un clásico para los gamers.

Su nueva versión, más que ser una fiel adaptación es un gran descendiente, con una genética con esteroides de su antecesora, que desde el minuto cinco atrapa a los chavorrucos que añoran esos días perdidos en las maquinitas, metiendo fichas en las Chispas.

Un gran acierto es contar la historia desde la perspectiva de dos de los personajes más queridos por los fanáticos, Sub-Zero y Scorpion, y a raíz de ello plantear el conflicto de que tiene que ocurrir un Mortal Kombat para defender a la Tierra de las amenazas de mundos ocultos que desean conquistar este universo terrenal.

Este nuevo reboot es claramente una producción dedicada para los fanáticos que deseaban un corte de clasificación adulta en el 95, y se les cumplió, con sus claros guiños a las frases épicas del juego, es inevitable soltar una carcajada en esos instantes, no por humor o burla, sino porque esto evoca al recuerdo más primigenio, vencer a tu mejor amigo, con los pulgares adoloridos de tanto apretar los botones del Super Nintendo.

El camino de lo que continúe sucediendo con la posible saga es ahora un terreno fértil que nos deja con ánimos de más gore, sangre y personajes de la franquicia; continuar lo que la visión de Paul W. S. Anderson dejó trunco con el primer filme, más fatalities, más flawless victorys y por supuesto, la llegada de Shao Kahn, entre más antagonistas.

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