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Opinión

“Tomaremos nuestro lugar entre las hordas llenas de gente. Seremos la base paratodas las formas. Estaremos en el Hades, ahogados en el olvido, tragando agua, borrando toda la memoria. Será una inmersión”.

Danielle Flinders – Submergence (2017)

El Hades, ese lugar que fue acuñado por los griegos para designar al inframundo, el sitio al cual somos desterrados para expiar nuestros pecados y poder lavar nuestro recuerdo que fenece y se integra a la muerte segura, más allá de Cancerbero y la barca de Caronte.

¿Realmente existe un infierno? o ¿es acaso que sólo es una invención mágica para hacinarnos en el miedo de una doctrina que dice que nos traerá la salvación por así esperar una muerte justa?

Hay muchos mundos dentro de este mundo, demasiadas realidades alrededor de esta realidad, infinitas verdades al interior de una verdad.

Bien lo expuso Jean-Paul Sartre en su obra de teatro A puerta cerrada, “el infierno son los otros”, en donde todo es subjetivo dependiendo de cómo se observa: lo que para uno es fatalidad, para otro es la ventana a una esperanza o viceversa.

Al cineasta alemán Wim Wenders se le ofreció la dirección del largometraje Siempre te esperaré (desatinado título en español) o Submergence en inglés, el cual se basa en la novela del mismo nombre de J. M. Ledgard y según narra el teutón, la historia le conmovió y le pareció un reto narrarla en película, ya que nunca se había enfrentado a hacer algo así en su carrera.

El resultado es una ficción en la que Danielle Flinders (Alicia Vikander) conoce repentinamente a James More (James McAvoy) en la playa de Sainte Marguerite en Normandía, y un tórrido romance ocurre en un fin de semana, pero sus profesiones de riesgo les hace enfrentarse a sus propios infiernos, tanto personales como mentales.

More, un agente encubierto con la fachada de ser un ingeniero que puede construir receptáculos de agua potable en África, es secuestrado por yihadistas y vive cautivo esperando su libertad, mientras que Flinders anhela comunicarse con el espía antes de que descienda a una misión en las profundidade s del océano, hasta la zona hadal, ahí donde ni siquiera llega la luz del Sol.

Wenders resulta elegante en las tomas de violencia cuando torturan a More, además de que logra reflejar la angustia de ambos protagonistas que buscan escapar de su existencia a como de lugar, deseando dejar los abismos atrás.

Tal vez el infierno está aquí, tal vez esté en lo ulterior, pero a fin de cuentas, “la muerte está tan segura de su victoria, que nos lleva toda una vida de ventaja”.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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