He leído los titulares de diversos medios de comunicación sobre el debate del precio al estacionamiento en las plazas comerciales, también las controversiales declaraciones de quienes presuntamente asumen una responsabilidad en la cultura vial y la seguridad apelando que las protestas no deben ser en la calle sino en otros lugares. 

Les escribo desde Suecia y esto quizá me hace exagerar en lo que a continuación van a leer, pero me gustaría que lo analizáramos juntos: Ambos debates alrededor del auto como prioridad, es lo que no hace que la Zona Metropolitana de Monterrey avance en el urbanismo social que tanto le hace falta. 

Del cual eso sí, nos quejamos amargamente, pero colectivamente no hemos entendido que tenemos que cambiar de visión y hábitos para resolver los problemas.  

¿Por qué? Porque a pesar de que el auto no tiene derecho constitucional, tal parece que la sociedad regiomontana está dispuesta a pelearlo. Como escribe Miguel Villarreal en Facebook: “Tal vez sea el primer boicot ciudadano que tenga resultados”. Aquí no se vale hacer comparaciones porque todas las movilizaciones son vidas, pero lo que intento explicar es que los países de avanzada en el desarrollo humano, económico y sustentable, la agenda pública, privada y ciudadana va en sentido contrario. Totalmente.

Ahora mismo estoy tecleando desde una calle “vieja” (es decir, el modelo de diseño tradicional de dos banquetas a los lados y en medio un carril para automóviles) en donde la prioridad -a pesar de no tener infraestructura postmoderna de otras de sus calles- está limitado su uso exclusivamente a las personas con discapacidad (que aquí se mueven solas, por cierto), peatones, ciclistas urbanos, animales de compañía, personas mayores. 

Los autos que entran a la calle sólo son para “carga y descarga”. La gente lo sabe y se desplaza con naturalidad. T

En Suecia se obligan a hacer sus traslados de manera sustentable. Y, digo, se obligan y no “los obligan” porque han creado esa cultura. Esta misma calle no es la calle completa que hoy están tan de moda en las presentaciones de PowerPoint de los expertos y, sin embargo, la regla es evidencia: primero las personas, después los autos.Aquí la gente prefiere caminar. Por eso mismo, mantener el automóvil es caro, porque la demanda y la oferta se concentra en tal agenda sustentable que actualmente no sólo impacta en el cuidado del medio ambiente sino influye en la competitividad de las ciudades y los países. 

Ciudad y país que no considere el derecho de las personas al tránsito, el desplazamiento, la convivencia y hasta el esparcimiento de sus espacios; ciudad y país que se quedan sin herramientas para competir globalmente y con poca proyección de desarrollo humano. 

Lo que afecta negativamente en la calidad de vida de los habitantes. Los costos son mayores con estos impactos que pagar más por tener un auto. Haga las cuentas por cada inversión perdida, enfermedades cardiorespiratorias, estrés, inseguridad urbana. Alguien tiene que pagar por esas externalidades negativas, como se afirma en esta economía. 

Un precio razonable del mercado, eficiencia técnica gubernamental, pero ante todo una sociedad dispuesta a cambiar sus prioridades. Entiendo las razones y argumentos del debate en Monterrey, pero en algo tenemos que ceder si realmente estamos dispuestos a transformar la ciudad. Y no va a ser luchando por los derechos del auto y no va a suceder apelando a que la gente debe protestar en otros lados porque provoca “congestionamiento vial”. Porque, además, protestar es un derecho también (aunque no nos guste). 

No habrá gobierno ni inversión privada que alcance si la sociedad no está dispuesta a ver con otros ojos sus problemas urbanos. 

Entiendo que si hay algo en el mundo que transforma es reconocer que la prioridad, aunque parezca casi un absurdo admitirlo, es aceptar -gobiernos y ciudadanía  que nacimos con pies y con derechos. No con llantas. 

Suecia, el país con el liderazgo del futuro, nos está mostrando la evidencia. Nosotros todavía, a contracorriente podríamos hacerlo. Estamos a tiempo en la ciudad más contaminada de México, y lo repito como en la semana pasada: la Zona Metropolitana de Monterrey.