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Opinión

Greta Thunberg se ha convertido en un icono global de la lucha contra el cambio climático. A su edad (16 años) y en su país (Suecia), ha definido el rumbo de la agenda global de una generación que padece más que ninguna otra las consecuencias del abandono, la negligencia, la ignorancia, entre otras cosas, de las que le antecedieron.

Y no es para menos. En el país llevamos varios incendios forestales a los que no se ha podido ni anticipar ni reaccionar. Tenemos contingencias ambientales por mala calidad del aire en dos de las metrópolis más importantes del país: Ciudad de México y Monterrey. Estamos en el filo de la navaja por la tala clandestina de árboles, la falta de agua en el sur de Nuevo León, la estrategia de un Gobierno federal que parece que quiere que sigamos dependiendo de los combustibles fósiles y océanos que se están “ahogando” en basura de plásticos de un solo uso que llegan al mar.

¿Qué más tenemos que esperar? Mi madre es bióloga y fue de las primeras personas a las que les escuché hablar de este futuro que ya nos alcanzó. Hoy, los “locos” de ese tiempo, tienen la razón. Y es por eso que las nuevas generaciones han decidido no quedarse más en la inacción, ¿o es que debemos conformarnos? ¡No! Los efectos son tanto nocivos como desastrosos. Porque el planeta no se va a acabar. Sólo se transformará. Pero nosotros como la especie que somos, deberíamos estar conscientes de que estamos a tiempo para tomar decisiones sobre nuestra propia sobrevivencia.

Lejos quedó aquella hipótesis de que cuidar al medio ambiente es “cambio climático”. En una realidad adversa este problema necesita más que saliva política o hábitos pequeños (que contribuyen pero no impactan masivamente). La crisis, así como su nombre lo indica, necesita de acciones que afectarán procesos e inercias económicas que no terminan por incluir los temas del “medio ambiente” que precisamente son los más urgentes hoy en día.

No hay “medio ambiente”, de hecho. Hay ambiente. El completo, el que nos integra a nosotros y nuestro hábitat. Por eso hoy la calidad del aire, el agua y la paz, son en sí mismas fuentes importantes de las cuales hay que cuidar y ya no tenemos tiempo.

Por eso, unamos nuestra voz a los que “vienen” porque son ellos y ellas, como Greta que se ha puesto al frente, los que vienen con el reloj en la mano para hacernos rendir cuentas sobre lo que vamos a decidir en el presente para asegurar nuestra calidad de vida en el futuro.

Este viernes 24 de mayo será histórico. Unámonos a la huelga global.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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