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Opinión

Después de ocho años, el fin llegó para Juego de Tronos, serie épica por su magna producción audiovisual que marca una sobresaliente vara alta para cualquier programa televisivo que llegue a futuro en los géneros de ciencia ficción y fantasía.

Aunque algunos estemos despechados con los creadores David Benioff y D. B. Weiss, porque no fueron 10 capítulos, o porque su trabajo de elipsis fue fast track en las últimas dos temporadas, o porque era fundamental ampliar los arcos dramáticos, esto debería de sólo quedar en eso, en una queja generalizada, no en una demanda o exigencia por cambiar lo hecho por HBO.

Y es que la petición en Change. org de rehacer la octava temporada de la serie es una completa falta de respeto a la labor artística no sólo de Benioff y Weiss, sino de todo el equipo creativo que está detrás de ellos.

La condena por parte de los actores que estelarizaron los episodios finales del serial no se hizo esperar, se sienten también indignados ante esta reclamación por un fanático, que al cierre de esta edición estaba por recabar un millón 500 mil firmas para hacer la temporada con “escritores competentes”.

Público, espectadores, televidentes y personas en general, hay que saber que nuestro papel es expresar nuestro descontento, pero de eso a requerirle a una producción millonaria otro final porque no nos complació, es pasarnos de la raya.

Se estima que la octava temporada de Juego de Tronos, inspirada en los libros de George R. R. Martin, pudo haber costado 90 millones de dólares, 15 por episodio, además fueron nueve meses de rodaje, concluidos en julio pasado, sin tomar en cuenta la post-producción, y de que se rodó simultáneamente en cuatro países.

Basta ver los videos oficiales en YouTube que fueron liberados después de cada episodio, Game revelealed, en los que se aprecia a detalle, cuantas personas están detrás de la concepción de la serie, son decenas de creativos, que trabajaron arduamente para sacar adelante la historia del fin de los Lannister al frente del Trono de Hierro.

El cierre fue amargo, sí, pero parafraseando al Comisionado Gordon en El caballero de la noche (2008) este es el final que merecíamos, pero no el que necesitábamos, así que ahora a esperar los libros de Martin, que seguro nos darán más de que hablar.

En una sociedad virtual que apremia constantemente las recompensas (likes, retuits y demás) debemos aprender que es mejor valorar en lugar de criticar el quehacer de los otros, producir retos audiovisuales nunca ha sido un juego.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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