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Opinión

En una atmósfera ríspida, dentro de una sala de corte excéntrico por su decorado de cuchillos que forman un círculo que pende de un enrejado, en una conversación informal entre los detectives de policía y posibles culpables, un hombre, quien aguarda a la sombra al lado de un piano, de pronto deja caer su mano en una sola tecla del instrumento.

“¿A qué hora llegó a la casa?”, enuncia el teniente Elliot cada que escucha la ejecución del piano a sus espaldas, como si fuese un condicionamiento pavloviano, ahí es cuando inicia la real incomodidad para los familiares y presuntos implicados en la muerte de Harlan Thrombey, autor consagrado que acaba de cumplir 85 años la noche de anterior y después de la fiesta familiar, apareció degollado en sus aposentos.

Y dentro de este enrevesado misterio, el hombre que aguarda al lado del teclado, funge como un nuevo Sherlock Holmes, un nuevo Hércules Poirot, un nuevo Frank Columbo, que identificado como Benoit Blanc, está dispuesto a resolver el caso, porque un contratista anónimo le asignó resolver el crimen.

Bajo esta premisa y apelando a las historias de detectives que bien acuñaron autores como Agatha Christie o Sir Arthur Conan Doyle, es que llega a salas nacionales Entre navajas y secretos, cinta escrita y dirigida por Rian Johnson, después de su fallida incursión (dependiendo de quien lo crea así) al universo Star Wars, con Episodio VIII – El último jedi (2017),

Rian Johnson vuelve a lo mejor que sabe hacer, utilizar la comedia como punto de fuga ante una situación en crisis, ya que esto se había visto antes en su largometraje The brothers bloom (2008), y retoma también el género noir que estuvo presente desde su opera prima Brick, en 2005.

Ahora con un ensamble actoral totalmente ganador, es que el cineasta hace en esta película un gran homenaje al género detectivesco, que mantiene por igual al borde del asiento, como desternillar por completo a quienes asistan a Entre navajas y secretos.

Acertadamente, Daniel Craig, quien interpreta a Blanc, se despega por completo de su icónico personaje James Bond, para ahora presentar a un agente privado chusco, burlón e incluso con un sentido despistado, pero que logra hilvanar los cabos sueltos de la incertidumbre alrededor de la muerte de Thrombey.

¿Lo hizo el mayordomo? Bien podríamos apelar a este gesto que es parte del imaginario de ese tipo de narrativas, pero es mejor adentrarse a la ficción y vivir el enmarañado caso, lucubrar en torno a los motivos que pudieran tener los Thrombey para el probable asesinato del octogenario y dejarse llevar por este drama que renueva la carrera de Johnson en Hollywood.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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